Y cuando despertó el elefante seguía ahí

You must write. Really.

Este último año fue complicado, muchos cambios y muchas decisiones.

Las personas van y vienen, los proyectos empiezan y terminan, las emociones cambian y nuestros ideales también.

A pesar de eso hay cosas que logran permanecer, cuando esto sucede creo que hay que detenernos a tomar un respiro, mirar atrás y apreciar el camino recorrido.

El elefante en la sala ha sido para mí, y muchos otros, un espacio para compartir, para discutir y en algunas ocasiones hasta para coincidir.

Les comentó que justamente, esa es mi palabra favorita, porque coincidir es al mismo tiempo muy sencillo y muy complejo. Como todas las cosas que son casi perfectas tiene una dualidad y equilibrio que no le permite existir una sin la otra. Si coincidir fuera tan sencillo, no traería tanto gozo cuando se da y si fuera demasiado complejo no sucedería sin que, en muchas ocasiones, lo busquemos.

Durante este año sentí que no lograba coincidir conmigo misma, existía mucha incongruencia y ruido interno, pero era difícil identificar los factores de todo el fondo.

En muchos momentos cuando me veo envuelta en ese tipo de emociones hago pausas y escribo, el problema comienza cuando tenemos miedo a lo que pueda salir de nuestra misma boca, o en este caso, lápiz.

Cuando le tememos a los “sismos” que, buscando en nuestros propios cimientos, se puedan producir en nuestro interior.

Hace unos días Gallo recordó un texto de David en el que hablaba de los sismos internos, siempre me gustó ese texto porque me identifico mucho con él, ahora lo vuelvo a recordar porque me doy cuenta que estos sismos son siempre necesarios. A veces son involuntarios y otros no tanto, pero generalmente llegan cuando menos te lo esperas.

Hoy tuve un nuevo sismo…

Hace varios días que Gallo me manda el mismo mensaje “Escribe. Maldita sea.” Tengan amigos así, es bonito.

A pesar de la presión, no me había sentido con la responsabilidad de hacerlo, sin embargo hoy me cayó de golpe con esas palabras. “You must write, really”.

Escribo, porque tengo la oportunidad de hacerlo. Porque muchas antes de mí no tuvieron esa oportunidad. Tal vez mi voz no sea relevante, pero al menos nadie me dice que no es lo suficiente digna para ser oída.

Por frívolo que suene, hoy Netflix me recordó que hace algunos años el que una mujer escribiera era una idea escandalosa, me recordó que el día de hoy puedo hacerlo y lo maximo que van a decir es “ten cuidado con lo que dices”, a lo cual les respondo “no, gracias”.

Este año me costaba escribir porque sentía que faltaba algo, sentía que los textos no tenían alma, que ni yo podía verme dentro de ellos porque estaban vacíos. Eso pasa cuando uno no escribe con libertad. Eso pasa cuando no se vive con libertad y para eso yo soy mi peor enemiga.

Como que había cosas sin decir y a veces es mejor no decir nada a decir verdades a medias. Para alguien a quien le gusta escribir, no soy muy buena con las palabras.

El elefante para mi, el día de hoy vuelve a ser mi pedacito de espacio de libertad, donde soy yo, lo que que siempre he sido y lo que quiero ser. Gracias Gallo Molina por no dejarme ponerlo atrás, no sería yo.

Gracias chick flicks por, a pesar de ser banales, siempre dejarme ver más allá de mi misma.

Laura Bates.

Mérida, Yucatan a 27 de septiembre de 2018.

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