LA CRISIS DE LOS 27

(Esta no es una carta de suicidio).

Tiendo a pensar que los 17 años son la peor edad que existe. Ya no tienes 15 como para ir a, valga la redundancia, fiestas de XV años, pero tampoco la suficiente como para entrar a un antro legalmente o comprar alcohol… legalmente. Los 17 apestan. No sabes bien quién eres, nadie entiende tus crisis existenciales, si acudes a terapia psicológica te conviertes automáticamente en el loco de tu salón y si no te va bien en el amor, pues, te quedan las canciones de Pxndx (uff, qué alivio). Algo así fueron mis 17 solo que sin la terapia psicológica que, estoy seguro, hubiera ayudado bastante.

Posteriormente llegan los 18, terminas la preparatoria, llegas a la universidad y las cosas pintan bien porque estás en donde se supone que debes de estar. Estudias como asno hasta que te gradúas y pareciera que te comerás al mundo porque ya posees ese preciado papel que te califica como “bueno para algo”. Todo se ve de maravilla. Lo que no esperas es que, 10 años después de los 17, una nueva crisis asecha…

La crisis de los 27 consiste en dos caminos: o eres un éxito en la vida o no tienes ni puta idea de qué hacer con ella. Ejemplo #1: ya estás casado o casada, trabajas en la empresa familiar lo cual asegura tu futuro para siempre (a menos que la cagues) y andas viajando por el mundo antes de tener hijos (ya planificados, claramente). Ejemplo #2: eres un godín o godina (ya sé que esa palabra no existe) con un empleo que te medio gusta sin posibilidad de ascender y todavía vives con tus papás.

Pero, ¿qué pasa cuando a los 27 has logrado convertirte en una leyenda viviente? Creo que todos y todas, en algún punto de nuestras vidas, nos sentimos lo suficientemente realizados como para percibirnos como rockstar’s. Porque, a fin de cuentas, el éxito no es un concepto estático e inalienable, sino una convicción personal determinada en nuestra historia. Para algunos podría representar vivir un día entero feliz, para otros, tocar en Woodstock.

Janis Joplin murió por una sobredosis de heroína en la cumbre de su carrera musical. Voz bizarra, actitud rebelde y fiel representante de la ola contracultural que sacudió los años 60. Incomprendida e insatisfecha. Jimmy Hendrix, el mejor guitarrista de todos los tiempos, murió por ingesta de pastillas y alcohol, mientras sus legendarios solos de guitarra aún estremecen a quien los escucha. Brian Jones, ex Rolling Stone, murió ahogado en su piscina después de una vida de adicciones y desequilibrios mentales. Jim Morrison, voz privilegiada, ícono juvenil y  frontman de The Doors, murió en una bañera en París. Kurt Cobain se suicidó disparándose en la cabeza con una escopeta mientras Nirvana dominaba ampliamente la música noventera con el discurso en honor al sinsentido de la generación x. Amy Winehouse logró colocar al jazz de nuevo en la mira de la creciente generación millennial, para después morir debido al síndrome de abstinencia.

Morir a los 27 años podría no sonar tan mal para muchos, en especial cuando estás en la cima del mundo. Es decir, ¿qué te queda? ¿Fracasar? Su legado vive gracias a su muerte, lograron inmortalizar su historia bajo sus términos de maneras trágicas y difíciles de olvidar. Ellos y ellas personifican la dualidad de la crisis de los 27: la cúspide y la debacle.

Tengo 27, y me siento en una especie de cima personal. Amo los distintos aspectos de mi existencia y a veces siento que no queda nada más. Pero, ¿por qué querría morir a esta edad? El amor, éxito profesional, independencia… ¿no es esto todo lo que nuestra sociedad actual está buscando?

Definitivamente no está en mis planes morir pronto. Pero he llegado a concluir que la plenitud no es vivir lo suficiente como para apreciar tu existencia hacia el pasado sentado en una mecedora ya retirado. Plenitud para mí es: vivir tus convicciones.

Así que, no será de sobredosis, suicidio o ansiedad. No sé ni el día ni la hora. Pero lo que sé es que, he vivido tan legendariamente como he querido y como la suerte me lo ha permitido que, si muriera hoy… it’s not a big deal, honey. 

 

Gallo Molina

Nos leemos en Twitter: @gallo_molina

 

Contacto: joseantoniomolinavega@gmail.com

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