PORQUE NO ES “SOLO FÚTBOL”

“No-me-gusta-el-fútbol”. Cinco palabras bastan para establecer la mayor distancia e incomprensión posible entre dos seres humanos. Aquel o aquella que ama el juego y se desvive por una playera, así como quien no puede entender por qué tanto alboroto a la hora de patear un balón.

Hay quien puede declarar que el fútbol carece de la elegancia del tenis, la estrategia del Americano o la pasión de los Juegos Olímpicos. Bueno, seguramente es porque no vio jugar a Beckenbauer, las triangulaciones y pases filtrados del Barcelona de Guardiola o un partido de México en la Copa del Mundo.

Y es que el deporte más popular del orbe ha crecido siendo un estigma de sí mismo. Un juego para “varoncitos” y “hombres de verdad”, no apto para “maricones” o “niñas”. Parte de quien no entiende la emoción que genera el fútbol es provocada por una homofobia latente. Tan solo mencionar el famoso grito de “puto” durante los partidos de la Selección Mexicana sería redundante (escribí sobre ello hace un año, puedes leer mi opinión al respecto aquí: https://elefanteenlasalablog.com/2017/06/21/eeeeeeeehhhh-lefante/). Un grito que esconde el machismo pertinente y complejo de poca hombría descarado de una nación.

Qué decir de las cuestiones arbitrales, errores flagrantes que han provocado batallas mediáticas que se salen del guión o conflictos en redes sociales entre quienes se ven beneficiados y quienes sufren de la injusticia. Amistades que se ven truncadas cuando dos potencias clásicas se enfrentan; el violento hooligan, incandescente tiffosi o la provocadora barra argentina, han manchado, incluso de sangre, a un deporte que, por añadidura, enciende pasiones a diestra y siniestra.

También saldrá a la luz el argumento de la trampa, el escándalo, la corrupción, el “tirarse de clavado” para engañar al árbitro y sacar ventaja o el jugador que, al sentir el más leve contacto, se llevará las manos al rostro y caerá al suelo como si hubiera recibido un impacto de bala. La falacia del fair play, un deporte que vivirá en la infamia a costa de quien controla y mueve el dinero. Porque al final, las mejores cosas de la vida siempre se verán afectadas por aquello que mueve al mundo. Y no, lamentablemente no es el balón.

Pero amigo, amiga, te pido que entiendas. Todo deporte es relevante porque conlleva el más grande tesoro que guarda el ser humano en lo profundo de sí: la esperanza. Y el fútbol es perfecto para llevarla al límite de sus consecuencias. Ha significado la salida de un círculo vicioso para muchísimas personas en el mundo, ya sean las drogas, alcoholismo, depresión o falta de total sentido.

Algo de exquisito esconde el patear un balón. Es un placer inexplicable. Y se debe, principalmente a que, jugar al fútbol, representa un mundo de posibilidades. Todo puede pasar cuando hay una pelota de por medio: la finta fantástica, el pase imposible, un tiro imparable o la jugada maestra. Desde el llano hasta la calle de la vecindad, todo lugar contiene la posibilidad de ser cancha, de albergar la alegría y el dinamismo de un juego cuya premisa promete, como mencioné antes, la esperanza: no importa quién sea mejor, el que mete más goles gana.

La historia de David contra Goliat cobra un sentido más ínfimo en un estadio de fútbol. Basta ver el pasado triunfo del siempre perdedor México frente a la imparable Alemania. Las estadísticas no juegan cuando el balón rueda, y el Tri optó por la dichosa esperanza para vencer a ni más ni menos que el campeón mundial, jugándole de tú a tú, haciendo a un lado cualquier diferencia social, económica o política. Por eso es tan bello el fútbol, porque las más grandes distancias culturales se vuelven nada dentro de un juego para el que aplican las mismas reglas sin importar qué lugar de la prueba PISA ocupes.

Para el mexicano, el fútbol representa mucho más que un deporte. Es la esencia misma de una idiosincrasia construida en el fracaso, la conformidad y la desesperanza. Basta mirar la boleta electoral de las próximas elecciones para sentirse abochornado ante la idea de que ninguno de los candidatos nos representa. Que quien dirija al país no convencerá del todo, y las situaciones más graves continuarán sin alivio.

El gol de Hirving Lozano es más que tres puntos o una victoria mundialista. Implica elevar la moral de millones de personas que se levantan todos los días esperando algo mejor. Pero que, tristemente, el gobierno no se los proveerá. El fútbol, de manera inconsciente, revela nuestros más profundos miedos y anhelos, porque ser el mejor en algo es muy poco mexicano.

No justifico en ningún sentido todo lo negativo descrito anteriormente. Pero confío en que el deporte que amo podrá aportar más cosas positivas a este país. Como las ganas de comerse al mundo a base de esfuerzo, dedicación y trabajo. Elevando el autoestima de quien se sienta desalentado ante las mayores dificultades de la vida. Y, sobre todo, el mantener viva la creencia de que nada es imposible.

Cuando veas a un mexicano volverse loco, desviviéndose por su Selección, apasionado hasta la médula por el himno nacional, espero entiendas, amigo, amiga, que es posible que un hecho histórico, aunque sea en un simple juego de pelota, puede cambiarle la vida. Porque no es solo fútbol… es la alegría que nace en la esperanza.

 

Gallo Molina

Nos leemos en Twitter: @gallo_molina

 

Contacto: joseantoniomolinavega@gmail.com

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s