CUANDO EL AMOR ESTABA DE MODA

Dicen que la nostalgia vende, bajo el falaz (?) argumento de que todo tiempo pasado fue mejor. Las películas, la música, las relaciones sentimentales… Es irónico que, incluso en pleno 2018, muchas de las producciones cinematográficas sean refritos de filmes anteriores o se ambienten en épocas de antaño. Por ejemplo, la última película ganadora al Oscar como la mejor, The Shape of Water, se desenvuelve en los sesentas. ¿Será que el presente es tan poco inspirador, que una historia de amor actual es sumamente aburrida o poco interesante como para escribir una película o canción al respecto? Esto solo podría confirmarlo Marty McFly y, lamentablemente, es un personaje de ficción.

Prosiguiendo, ¿no eran mejores las relaciones sentimentales cuando no existía WhatsApp? Sin tener que pensarle tanto a la respuesta, como si estuvieras desconectando una bomba y tuvieras que elegir entre el cable rojo o azul. Qué puto estrés. O verte en la necesidad de casi escribir un guion para grabar una nota de voz con tal de no equivocarte o que tu voz suene súper tonta. Ni qué decir cuando la persona no responde cómo tú esperas. Es como, “Dude, no es adivina, dale suave”.

No sé, admito que odio WhatsApp. Perfecto medio de comunicación inmediata pero pésimo para realmente conectar con la gente. Tal vez por eso me gusta tanto el café, es tan buen pretexto para hablar cara a cara. ¿Y las dates? ¿Habrán sido mejores sin la posibilidad de compartir historias en Instagram? (No me molesto mencionando a Snapchat porque, aceptémoslo, está muerto). Puede ser. Imagina salir con alguien sin la necesidad de documentar cada segundo como para demostrarle al mundo que alguien se interesó en ti: “MIREN TODOS ALGUIEN ACEPTÓ SALIR CONMIGO”. Ok, tal vez estoy exagerando. Compartir nunca será algo negativo. Pero sí está muy padre el poder hacer algo y que nadie lo sepa. Que sea única y exclusivamente para ti.

¿Cómo era estar en un restaurante sin smartphone o ir al cine y, genuinamente, disfrutar de la película? Comentarla, vivirla, soñar con que tu vida es una serie de fotogramas filmados a la medida de tu imaginación. Tener intacta tu capacidad de asombro. ¿Cómo era tener una date sin la expectativa de lo que pudiera pasar al final de la noche? ¿Seguirá existiendo gente que no crea en los “encuentros” de una noche? Tal vez sí sea posible querer establecer un vínculo que no se reduzca al intercambio físico, que ojo, no tiene absolutamente nada de malo cuando es consensuado, pero que, para ciertas personas, nunca los dejará satisfechos.

Es que ya somos muy fans de la desvinculación. Nos da miedo involucrarnos porque es factible que nos rompan el corazón. Y, amigo, amiga, it’s a fact, te van a partir en mil pedazos. ¿Todavía existirán personas que tomen riesgos? De esas que no calculan el esfuerzo = resultado y que, simplemente, se lanzan a lo desconocido. Que se atreven a averiguar si los sentimientos son genuinos o mera creación de una mercadotecnia que nos hace creer que estar solo es malo.

La caballerosidad ya es un mito. Y no me refiero al tema feminista, sino al simple hecho de tener cortesía con otro ser humano. Aunque, remitiéndome al concepto “caballero”, bueno, tampoco quedan muchos de esos. Porque ser machista  sigue siendo mil veces más fácil. ¿A las mujeres les gustan los cabrones? Lo dudo, pero dominar una retórica de objetivización y meter a la persona a una dinámica de dependencia para justificar el mal trato ya se está volviendo costumbre. Amiga… corrección, brother, date cuenta.

Empiezo a creer que sí, las relaciones a la antigua eran mejores. Dedicar boleros, llevar serenata, tratar a la pareja con respeto, admiración y ternura. Escribir una carta a puño y letra debe de ser mucho más emocionante y valioso que un WhatsApp a las 2 de la mañana. Pedo. Con muy mala ortografía. Y qué tal esas noches que terminaban en la intimidad de un beso en la banca de un parque bajo un cielo estrellado. Simple. Bello. Honesto. El solo hecho de compartir la vida en silencio, dejando que el alma hable a través de la corporalidad. Que los ojos respondan todas las dudas.

(Léase con voz chaira): “Pinche romántico, esas cosas no existen”. Habrá quien lo prefiera, pero la conclusión es que no, no todo tiempo pasado fue mejor. Especialmente porque la misoginia era común y, hasta cierto punto, aceptada. Otra razón es que siempre añoraremos el pasado. Woody Allen lo plantea perfectamente en “Medianoche en París”, cuando el personaje de Owen Wilson desea experimentar el vivir en la que él considera la época dorada de París. Curiosamente, para las personas de dicho momento histórico, los años veinte fueron los verdaderamente dorados. Es decir, en 50 años la gente dirá lo mismo de los dos miles.

¿Entonces? ¿Caballeros de antro? ¿Parejas que son amadas como personas y no como floreros que adornan las fotos de perfil? ¿Romance delicado, sincero, comunicativo? No me suena al 2018. Tal vez sí, todo era mejor antes, cuando el amor estaba de moda.

 

Gallo Molina

Nos leemos en Twitter: @gallo_molina

 

Contacto: joseantoniomolinavega@gmail.com

 

 

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