Sara Esquivel – Más que 23

Más que 23 años, cumplo un año de quererme bien. Y eso amigos, es tener otra vida. Que a pesar de haber tardado en tomar la decisión, siempre es mejor hacerlo, no importa el momento. Y es que así se me iba el tiempo, creando expectativas y esperando desilusiones, de todos, hasta de mí misma, hasta que decides detenerte, por ti y por tu bien.

Un garabato no muy legible pero en mi propia letra, tatuado cerca de mi corazón. “Amor propio”, un auto regalo de cumpleaños que me sirve como recordatorio de algo que olvidaba mantener. Qué mejor que se haya puesto tan de moda, pues no debería de ser tendencia si no requisito de nuestra propia esencia, ya que cada quien es y se quiere como mejor le convenga. Y que quede claro que no estoy diciendo que tatuarse es la solución, lleva tiempo, pero es cosa de conocerse a sí mismo para saber qué nos hace despertar.

A mí la constancia me falla bastante y tenerlo para siempre, visible y cerca de mi corazón me ha hecho darme cuenta más de un par de veces que me estaba descarrilando, que no me amaba a mi misma como debía.

Es el primer aniversario cumpliéndome la promesa que más trabajo me ha costado mantener. Este año cumplo 365 días de quererme diferente, un año de aprender a apreciar tanto a mi alma como mi cuerpo, en el que no todas las cosas me han salido bien pero aprendes a ver el lado bueno, un año en el que te aceptas siendo el desastre que eres con intención de mejorarte.

Fue un año en el que creí en mí misma hasta lograr que alguien más me admire aunque sea un poquito. Fue un año que ya empezaba sola y dolía. Que estuve con alguien y aunque no duró, dolió menos porque ya sabía lo que era y merecía. Que estoy sola y sí que ha sido un buen año.

Lo mejor de todo fue darse cuenta y empezar a cambiar, porque fue el año que decides hacer dieta “aunque estés muy flaca”, hacer ejercicio aunque “tengas buen cuerpo”, cambiar tu alimentación aunque “sea una tortura no comer carne diario” pero es que ahora ser saludable también se siente bien.

Para mí, fue el año en el que ya está bien si mis papás están juntos, o separados, ya está. son ellos, no yo, y así como eso, día con día vas aceptando que hay muchas otras cosas fuera de tu control y está bien.

Si te das la oportunidad, cuando te aprecias a ti mismo es cuando te das cuenta de lo que realmente te apasiona, que no necesitas hacer lo que todo mundo hace o cree que está bien hacer. Fue el año en el que descubrí que el silencio no es del todo incómodo, si no hasta mejor. En el que ya te tomas tiempo para ti mismo; un fin sin salir, una playa sin gente, un libro de autoayuda, una colección de artesanías (uno o varios, pero tu lo decides).

Es el año donde creas nuevas amistades de maneras poco usuales, en el que te vuelves tan honesta que tal vez empiezas a pensar que no es bueno andar derrochando información de esa manera, pero en lo personal me di cuenta de que, aún así, no importa, porque aprecio ser lo más transparente posible y que tal vez vale más la pena que se sepan los peores aspectos de tu vida que tener una bonita carta de presentación, porque siento que tu alma habla fuerte y claro cuando aceptas tus errores completamente de frente.

Para mí, fue el año en el que crecer significó crear dudas en mi vida por la simple curiosidad de ver cómo lo resolveré ahora, son cosas que ya había hecho antes pero tal vez no me había tomado tan en serio. En fin, ha sido un tiempo ameno, uno de los mejores años de mi vida, en el que soy más yo, aunque aún quede mucho por hacer.

 

Sara Esquivel

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