Lo que observé en 19 días de viaje

Llevo 19 días viajando…

Visité Dublín, Kerry, Pisa, Cinque Terre, La Spezia, Umag, Rovinj, Roma, Palma de Mallorca, Vienna, Hallstatt, Budapest y Londres. En unas horas tomo un avión a México.

Todos sabemos que viajar es hermoso y es necesario pero pocas veces pensamos en el porqué.

El mundo es enorme, pero estar en un solo lugar por mucho tiempo nos hace olvidarlo. No solo su extensión sino nuestra capacidad de admirarlo, tal vez no puedo hablar por todos pero por lo menos yo sí.

A veces dejamos a un lado el sentido de libertad que nos da una maleta.

Estos días no pude evitar contrastar en mi mente varias situaciones, viajar siempre te hace crecer por lo que les voy a compartir algunas cosas que estoy aprendiendo.

En primer lugar les quiero hablar de mi amiga Tea, ella es un alma libre con uno de los corazones más grandes que he conocido y una de las personas más valientes que he visto, ¿quieren saber porque?

Es debido a que es de las pocas personas de las cuales he escuchado la frase: “no me gusta donde estoy, entonces voy a tomar mis cosas e irme para buscar algo mejor, otra vida que me haga más feliz”. Hay una frase de Scott Fitzgerald que dice:

La valentía de la que hablo no es por tomar la desiciones de probar cosas nuevas sino de dejar atrás las que si conoces porque no te hacen feliz.

Aceptar que la vida que llevamos no nos está llevando a donde queremos ir es una idea que asusta, pero ahí está la clave, en tener el valor y la fuerza de poder admitirlo y hacer algo al respecto.

Estuve con ella sus últimos días en Croacia, ahora ella se mudó a Stockholm. Puede que no esté segura de que pasará, pero esta segura de que hará lo que tenga que hacer para realizarse como individuo.

Tea, tu me recordaste lo grande que es el mundo y lo libres que somos de vivir la vida como queramos hacerlo. Te mando el abrazo más fuerte y te espero pronto en casa.

La segunda historia de la cual les quiero hablar es de mis amigos Sonia y Arturo. Ellos se conocieron en Dublín, y son la prueba humana de que hay personas que dejan huella sin importar el tiempo que se pase con ellas. No es cuestión de cantidad sino de calidad.

Durante varios días tuve la oportunidad de convivir con ambos y verlos juntos, el proceso de como poco a poco se conocían más y trataban (con muy poco éxito quiero añadir) de negar la conexión y química entre ellos.

Al paso de los días todas las personas a su alrededor podíamos ver como cada uno fue cediendo un poco más, dejándose ser, riendo más y callando menos.

Entiendo perfecto el proceso de negación que podemos pasar cuando nos da miedo aceptar que tal vez hay algo más que amistad con una persona, lo he vivido en carne propia. Ese miedo a abrirnos, lastimar y ser lastimados.

Me encantaría poder decir que la historia tuvo un final feliz, pero mentiría. Al término de los días cada uno volvió por su camino, las miradas hablaron y dijeron todo lo que tenían que decir.

Me gusta la idea de pensar que su historia no es que no haya terminado como esperábamos, sino que aún está inconclusa. Espero que estas palabras pongan un granito de arena para invitarlos a dejar a un lado el miedo a ser vulnerables y de sentir (tenía que decirlo aunque me odien un poco, perdón les advertí que los textos de este blog eran incómodos pero llenos de cariño).

Sentir nos hace vivir la vida, de nada sirve ir por ella con cautela si eso no nos permite disfrutarla.

Al final en la vida nos arrepentimos más de las cosas que dejamos de hacer que de las que hacemos.

Vayan, corran, gocen, vivan e incluso rómpanse el corazón pero no dejen de intentarlo por el miedo al dolor. Eso viene incluido en la vida, y no vamos a poder evitarlo, así que porqué no mejor disfrutamos las cosas mientras duren.

Y al final si deciden no intentarlo, o hay más de un corazón roto en el proceso, de cualquier manera no hay nada que unos días en Tulum entre amigos no curen.

Por último les hablaré de mi compañera de viaje, Tefy. Estefania para los cuates, ella se fue a trabajar y estudiar 8 meses, en los 13 años que la conozco nos hemos visto crecer, caer y levantarnos pero lo que Irlanda le regaló fue autonomía y seguridad en sí misma. Aunque me maté por lo que voy a decir, Tefy era de las personas que decía cosas como “¿me acompañas al baño?” Y yo, siendo mala amiga, le respondía “te sigo con la mirada si quieres”.

Ahora sabe que tiene el mundo a sus pies, siempre lo ha tenido. Su capacidad para hacer las cosas no cambió (me llevo con gente bien chingona la verdad) pero ahora tiene la seguridad de tomar la vida y hacerla suya. Estar lejos, estar sola y estar feliz la hizo ver lo capaz que es de hacer cualquier cosa que se proponga. Un aplauso para ella, ahora sabe lo que todos siempre hemos sabido.

Aún queda un día más … no sé que más me encontrare en el camino en estas últimas 24 horas pero en cuanto a lo que ya conocí no podría haber tenido mejores guías ni amigos.

Laura Bates.

8 de abril de 2018. Londres, Inglaterra.

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