MI DERECHO A ABORTAR

Soy una fiel creyente y defensora del derecho que tienen las mujeres, o bien, las parejas[1] para abortar, independientemente de la situación que consideren personalmente suficiente para hacerlo. Sin embargo, mi opinión no es máxima absoluta y es posible encontrar personas y grupos que (a) simplemente no consideran la práctica como un derecho o (b) creen que el aborto debe realizarse bajo condiciones específicas.

Todos aquellos ideales son bienvenidos:  así como las libertades de expresión y pensamiento deben ser respetadas y garantizadas en cualquier sociedad que aspire ser o se ostente como democrática, también la objeción de conciencia, entendida como la posibilidad de rechazar una idea con la que no estás de acuerdo.

Como la interrupción voluntaria del embarazo.

Aunque, te preguntarás: ¿hasta dónde llega mi derecho a la objeción de conciencia, a inconformarme o negarme a ejecutar un acto -como el aborto-?

Como individuo, el límite se haya delineado por el respeto y la tolerancia, sea para manifestar una opinión u oponerse a  la interrupción de un embarazo (propio o el de otra persona). No obstante, una institución de salud o impartición de justicia se encuentra obligada a canalizar con personal capacitado -que no sea objetor de conciencia- a la persona que, conforme a los supuestos establecidos en las leyes, desee realizar una interrupción a su embarazo.

prohibir aborto

Sí, más allá de las creencias y la concepción tradicional del aborto como un inequívoco delito, las mujeres mexicanas podemos abortar si no han pasado más de 12 semanas (ej. Ciudad de México), con base en una mala condición económica y tener al menos 3 hijos (ej. Yucatán), o en razón de haber sido víctimas de una violación sexual (ej. TODO EL PAÍS -NOM 046[2] y Ley General de Víctimas-), como el caso de Marimar.

Marimar tenía 17 años cuando denunció haber sido violada por el jefe de su hermana. Al respecto, el Ministerio Público y el Hospital General de Cuernavaca “Dr. José G. Parres”, lo único que hicieron fue revictimizarla y dilatar su derecho a abortar: nunca le indicaron el procedimiento a seguir para la interrupción del embarazo, le requirieron acreditar su denuncia –aun cuando la NOM 046 que rige a las instituciones de salud, públicas o privadas, en la atención de víctimas de violencia sexual explícitamente señala que no se requerirá prueba alguna- ,y finalmente, el Comité de Bioética del hospital, rechazó su petición a pesar de los deseos de la joven y el desarrollo de una malformación en el producto[3].

De acuerdo al Grupo de Información en Reproducción Elegida (GIRE)[4], la negativa a interrumpir el embarazo de una adolescente en estas circunstancias puede significar un trato inhumano, cruel o degradante. En efecto, las repercusiones para el desarrollo de una mujer no se detienen con ser víctima del delito, pues la angustia, el estigma y el sufrimiento se acrecentan con la denegación del acceso a un aborto, poniendo en riesgo su vida e integridad personal (Relator Especial sobre la tortura y otros tratos o penas crueles, inhumanos o degradantes de la ONU en los informes A/HRC/31/57 o A/HRC/22/53).

Desde casos como del Penal Castro Castro o Rosendo Cantú, la Corte Interamericana ha establecido que la violación sexual es una forma paradigmática de violencia contra la mujer, que deja a la víctima humillada y frente a una situación difícilmente superable, sumida en grave sufrimiento físico, psíquico y moral. En consecuencia, también peligra el derecho a la salud, pues éste no sólo comprende  la ausencia de enfermedades sino un bienestar integral  y óptimo, el cual no puede entenderse garantizado si se insiste en la negativa a proveer un servicio médico accesible, adecuado y de calidad (Observaciones Generales 14 y 22 del Comité de Derechos Económicos, Sociales y Culturales).

Pero el ciclo de violaciones a derechos humanos no para ahí.

Así mismo,  se ha determinado que la falta de información y acceso a un procedimiento médico constituye una vulneración a la vida privada, pues se priva de medios a la persona para ejercer su autonomía , la cual engloba la potestad de decidir sobre el cuerpo o plan de vida, la salud sexual y reproductiva (Corte Interamericana en I.V vs Bolivia o Artavia Murillo vs Costa Rica).

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De tal forma, todo redunda en una continua gama de violencias: sexual, institucional, económica, obstétrica… las cuales no sólo refuerzan la gravedad y el impacto de los hechos sufridos, sino que perpetúan la discriminación contra la mujer con base en estereotipos, creencias y prejuicios que alientan, facilitan y  justifican la transgresión de su derecho a la salud o sus derechos reproductivos y sexuales (Recomendación #35 de la CEDAW), entre otros.

A pesar de todo lo anterior, las batallas de Marimar y el GIRE no fueron en vano: con base en su casonuestro más Alto Tribunal confirmó por primera vez que, la negativa a practicar un aborto a una víctima de violación sexual es una vulneración a sus derechos humanos que debe ser reparada integralmente.

Con este pronunciamiento, ¿podemos esperar que Marimar sea la última víctima de este círculo de violencia, ignorancia e ineptitud?

Cuesta creer que en este país se tenga que acudir a las últimas instancias para exigir derechos que distintas normas contemplan de manera literal o que en otras situaciones, a pesar de llegar hasta ellas, simplemente la justicia parezca haber sufrido una desaparición forzada.

A veces me pregunto, ¿habrá sido una leyenda urbana de 2011 la dichosa capacitación y educación a las autoridades en materia de derechos humanos?

Aun con un panorama  incierto, entre tantas notas llenas de sangre, estas victorias dan aliento para no quedarse calladxs y seguir presionando por el respeto y  garantía de nuestros derechos humanos.

Hoy se ha demostrado, en México sí existe mi derecho a abortar.

 

-Monse.

 

[1] Creo que también puede partir de la decisión mutua de quienes han tenido una relación sexual y no desean tener un hijx.

[2] NOM: Norma Oficial Mexicana

[3] De acuerdo al Comité de Derechos Humanos (KL vs Perú), cuando las malformaciones del feto son severas, éstas pueden causar mayor sufrimiento a una mujer, por lo que negarle un aborto constituye un mal trato, máxime si es menor de edad.

[4] Se han tomado en cuenta datos del Informe “Violencia sin interrupción” GIRE: http://aborto-por-violacion.gire.org.mx/#/casos-litigados-documentados-y-registrados-por-gire

 

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