Una persona no basta: redes de apoyo

(Segunda de dos partes)

Para mis amigas…hermanas.

Gran parte de las reflexiones presentadas en este texto son fruto de conversaciones con mis amigas cercanas y mis conclusiones son gracias a todas sus ideas.

La semana pasada escribí la primera parte de este texto, en la cual expuse un reciente descubrimiento (para mí, probablemente el mundo ya lo sabía): que una persona no basta. Hablaba específicamente de una pareja y de la idea de que algunas de las cosas más importantes de nuestra vida podrían no ser compartidas con la pareja sentimental y eso no tiene por qué ser algo grave.

El día de hoy quisiera continuar con la idea de “una persona no basta” para hablar de las “redes de apoyo”. Una “red de apoyo” es aquella persona o personas que nos ayudan a sentir más livianas las cargas emocionales. Son esas personas con las cuales podemos contar cuando tenemos un problema, cuando pasamos por un momento difícil. Básicamente los amigos y las amigas con quien descargamos nuestras dificultades y que hacen la vida más llevadera.

Con esta idea “una persona no basta”, inclusive nosotros mismos no nos somos suficientes para cargar con todo el peso del mundo. Necesitamos de esas personas que nos apoyan y de ahí que existan tantos grupos como Alcohólicos Anónimos, donde las personas pueden sentirse comprendidas y escuchadas.

Aunque tengamos muchas redes sociales, los amigos del fútbol, los del dominó, las del cafecito, las del gym, del trabajo, etc. No necesariamente significa que en ellos y ellas tenemos una red de apoyo. Porque no a cualquier persona le podemos contar nuestras intimidades, no con cualquiera podemos platicar de nuestras preocupaciones y lo más importante es que no cualquier amigo o amiga va a reaccionar de la manera que más necesitamos y ayudarnos en un momento difícil de la vida. Algunas personas, y a veces con la mejor intención, solo agravan el problema.

Nos podemos topar con varias reacciones desde la persona que no sabe cómo lidiar contigo cuando estás teniendo un colapso emocional  (se paraliza y te dice “ya no llores”); aquella que se lo platicará a todos tus conocidos con la “intención de ayudarte”; la que no sabe qué decir y la persona que te hace sentir como bicho raro tachando de impensable por lo que estás pasando. Así es, no cualquiera puede formar parte de tu red de apoyo.

Pero existen esas personas que con un audio de whatsapp, desde México o Alemania pueden hacerte sentir que la vida vale la pena vivirla. Que con una palabra de aliento, con un consejo o con sólo estar ahí y escucharte generan alivio y gracias a ellas vuelves a respirar, sientes que puedes salir adelante, que el sol volverá a salir y que las cosas van a estar bien.

Tristemente, y sin ningún dato científico que me respalde, (excepto mis experiencias personales) creo que es más fácil para las mujeres lograr estas redes de apoyo. Al menos en lugares donde todavía existen estas ideas de que “llorar es de niñas” o “tienes que ser el hombre de la casa”. Muchas de nosotras estamos acostumbradas a platicar con lujo de detalle a nuestras amigas todo por lo que pasamos, y en el camino revelar las cosas más vergonzosas, llorar amargamente y exponer lo más íntimo de nuestro ser. No es tan fácil para muchos hombres, estas relaciones de amistad pocas veces ahondan en problemas y preocupaciones. Con ideas de no poder llorar, ser fuertes y que el sentimentalismo es sinónimo de debilidad, muchos hombres se quedan con pocas o ninguna persona con quien hablar de sus problemas. Y la pareja no siempre es suficiente.

Esto es curioso, para mí sería un signo de fortaleza el mostrar nuestros sentimientos como un libro abierto. Considero que se requiere de mucho valor para admitir cuando la estamos pasando mal, que se necesita más coraje al pedir ayuda que al tratar de demostrar que podemos nosotros solos. Si la norma es guardar todo adentro,  creo que la valentía estaría en ir contra esa norma y ser fuertes al no temer mostrarnos en nuestros momentos más vulnerables.

Creo que a veces para algunas personas es tan ajeno hablar de sus sentimientos que ni siquiera los reconocen cuando surgen o saben cómo llamarles. Es fácil compartir las alegrías, pero no es tan fácil compartir las penas.

La realidad es que necesitamos de los demás: para salir adelante, para ser resilientes, para hablar y ser escuchados, para compartir una pena, para sentir que alguien se preocupa y pasa por lo mismo.

La buena noticia es que aunque no hayamos crecido con la costumbre de hablar y compartir lo que nos pasa, estas redes de apoyo se pueden buscar y construir. Sólo se necesita de uno que rompa el silencio, que se atreva a descubrir la maravilla que son las penas compartidas y aunque a veces no cualquiera puede ser este apoyo, existen muchos amigos y amigas que tendrán la palabra de aliento precisa.

 

Martha Preve Ayora

Nueva York a 2 de abril de 2018

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