Una persona no basta

 (Primera de dos partes)

Me sucedió una vez que descubrí que al chico con el que salía no le gusta ir a la playa. ¡Sí leyeron bien! ¡NO LE GUSTA IR A LA PLAYA! La relación no prosperó por varios motivos, pero debo decir que ese fue el inicio del fin, se imaginarán la desilusión que sentí cuando lo oí quejarse de la arena (porque se le quedaba en donde no brilla el sol) y afirmar que la gente sobre valora un atardecer en el mar (este pobre no hizo temporada en Chicxulub).

Para mí, que ir a la playa y ver el mar es casi una religión, fue como escuchar que anda de asesino en su tiempo libre. Y es que siempre he creído que mi pareja ideal sería amante del mar, jugador de cartas cuasi ludópata, cinéfilo y asiduo a bailar en fiestas y posadas.

Platicando con mi querido psicólogo Manuel fue que me di cuenta de que tenía esta idea en la cabeza del “hombre perfecto”, del “príncipe azul”  que cumpliría con todos los requisitos de mi lista y observé que a veces descartaba a una persona o no creía que la relación sería duradera porque, aunque tuviera muchas cualidades, no sabía nada de mi autor favorito.

Descubrí un concepto nuevo para mí: que una persona no basta.

Ni tendría porque bastar. Y es que siempre creí lo opuesto, pero ahora creo que no hay una persona perfecta. Probablemente una pareja no va a cumplir con todos los requisitos que me había imaginado y no por eso no es para mí. Desde luego existen cosas que son inaceptables y ciertas características en alguien que definitivamente no estaría dispuesta a tolerar. Pero algunas cosas que creía “vitales” después de todo… no lo son  (excepto el mar, si no le gusta el mar la relación se cancela).

Ahora pienso que algunas cosas importantes en mi vida que no comparta con esta persona las puedo compartir con alguien más y eso es algo que nunca me había planteado, el que quizá existen gustos, hobbies y actividades que no tendré en común con una pareja (aunque en NY hay de todo, dudo toparme con alguien a quien le guste Chava Flores) y que eso está bien.

De ahí la necesidad de tener personas diversas en mi vida. Y no poner todas las expectativas y esperanzas en una sola. Por eso tengo amigas con las que voy a desayunar y amigas con las que salgo de fiesta; amigos que ven fútbol americano y juegan dominó y otros que disfrutan de la ópera y el ballet. El amigo con el que veo Stranger things y Game of Thrones; amigas que saben mis detalles más íntimos y vergonzosos; la que comparte mi humor negro y sarcástico y el que tiene el mismo gusto musical.

No cualquiera me hace reír a carcajadas y no con cualquiera puedo llorar amargamente. Cada uno es valioso en lo que aporta a mi vida y ninguno tiene por qué tenerlo todo.

Personalmente me ha servido mucho abrirme a la posibilidad de que no existe “la persona ideal” y que a lo largo de mi vida voy a toparme con muchos seres ideales para diferentes cosas. Romper esa burbuja y aceptar lo bello que puede ser tener gustos distintos y opiniones encontradas, la riqueza de aprender del otro y poder apreciar su punto de vista.

Continúa

Martha Preve

Nueva York a 26 de marzo de 2018

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