Epistolario con Nelly Josefina (parte 2)

30 de noviembre 2017

Querido David:
Matutina y muy funesta, de mañana, mi compu escribe.
¿Ya volvió? ¿Te escribió? Harvard, I mean. Extraño la inmediatez del whatsapp. Seguramente habrán ya pasado muchas cosas dignas de contarse que quizá ya hayas olvidado. Espero que este correo te encuentre bien y que ahora tengas mucho que contar, noticias prontas de Harvard.
Qué miedo lo de tu cable, qué bueno que no le pasó nada a la computadora (para este tipo de mensaje ya no se siente tan efectiva la relación epistolar, de alguna manera escribir sin esperar una respuesta inmediata también se ha convertido en una charla conmigo misma, este ejercicio me hace releerme)
Vi la foto con Tatiana, creo que en los últimos dos meses tú y yo la hemos visto el mismo número de veces, aunque las dos vivamos en la misma ciudad y trabajemos en la misma escuela. Eso es ser adulto, no tener tiempo para ver a las personas que quieres (o tal vez solo soy yo y el eterno cansando con el que he vivido este semestre)
Al pensar en la mesa sobre Elena Garro lo primero que se me ocurrió fue hablar de la paranoia o más bien, el gaslighting (me aterra) y de la violencia que viven sus personajes, pero no sé, quizá es too much para un espacio que debería ser una invitación a la lectura. Voy a estar en la mesa con Lucía, nuestro primer performance madre-hija, me emociona mucho. Soy una cursi.
Sigue bailando. Me hace feliz imaginarte feliz al bailar.
Aquí hay frío, yo sé que no es frío de verdad, pero ya sabes, soy yucateca y todo debajo de los 25 grados es heladez. El clima me pone improductiva, tomo largas siestas que en realidad no quiero. ¿Te he contado que no me gusta dormir en la tarde? Cuando despierto y está oscuro me da miedo, hasta ahora. No sé por qué. El invierno es la estación preferida del perro negro que se llama Depresión (aunque aún sea otoño).
Ésta es una reflexión breve a propósito de nada: El otro día me sentí en paz, completamente, con respecto a todo. No feliz, no extática, sino tranquila. Creo que es la primera vez que no siento que tengo que demostrarle algo a alguien ¿Esto es crecer? No sé. A lo mejor se me quita al rato. Te quiero. 
Sigamos con el cadáver:  “Cuando pongo mi mano en tu sexo ¿es por mí por quién doblan las campanas?”  
Epistolarmente tuya,
Nelly.

11 de diciembre 2017

Adorada Nelly:

Tu correo me sale como “NeLLy JoSeFinA”… así que voy a intuir que alguna vez, cuando lo creaste, tuviste el trauma con el uso de mayúsculas/minúsculas DE MODA. 

Harvard se fue. Supongo (no supongo, lo sé…) que en persona debe ser más fácil contarte. Ya sabes: con mis ademanes y mis dramas en vivo y a todo color. Por lo pronto, te cuento que nos vimos en su departamento hace una semana y media y ahí todo terminó. Me dijo que no estaba listo para estar “con alguien”. Argumentó que estaba pasando por una etapa súper fuerte de su vida, que incluía su ruptura reciente (con el ex-novio), la boda de su hermana, el cambio repentino de trabajo, entre otras cosas que no le permiten iniciar algo por el momento.

Yo, después de tres semanas, quitar hice mi traje de encantador y le dije: “Estás hablando de tu etapa como si no tuvieras el control sobre ella”.

En fin, esa misma noche me dijo “TE QUIERO MUCHO DAVID” y también “NO PUEDO CREER QUE TENGA A ALGUIEN TAN PADRE COMO TÚ FRENTE A MÍ Y NO ESTÉ LISTO” y yo me puse mi traje de perra y le dije: YO TAMPOCO. Y luego me relajé, lo intenté seducir para unos besos (si ya no había romance, pues había que aprovechar) y… no se dejó. PUES ME PUSE MI CHAMARRA Y ME LARGUÉ.

Me dolió… sí. Pero ya había pensado en todas las posibilidades antes de ir a verlo. Entonces me sentí auto-protegido, como si “otro” David estuviera cuidándome, evaluando lo que pasaba y preparando el colchón para la caída. ¿Pues no es eso lo que hacen estas experiencias? En vez de “hacernos más fuertes por no matarnos”, producen un botiquín de emergencia para estas situaciones. Uno va aprendiendo por dónde va el juego, comprende qué síntomas diagnosticar y se anticipa a preparar la receta. En conclusión: me receté no volver a contestarle (me escribió después) y todo ha salido bien, hasta el momento. Hay que encontrar a personas que estén a la altura de nuestras competencias emocionales. Así de huevos.

A diferencia de lo que me dices, pienso que ser adulto es aprender a valorar los tiempos de calidad que pasamos con las personas que queremos.

Cuando leí tu correo, hace muchos días… (soy pésimo epistolario) googleé “gasligthing” y me dio mucho miedo. Estaría padrísimo que escribieras un artículo al respecto. Yo te ayudo. Activaste mi David académico (me da miedo que ese sea mi único David). Bueno, también está el David bailarín, que ha mejorado mucho. Me libera, me ejercita, me hace bien. A veces lloro de la emoción y otras veces por causa del dolor, pero voy bien.

¿Tú cómo vas? ¿Qué tal el cierre del semestre en la escuela? Siento -porque me has contado y por lo que he percibido que no me has contado- que estuvo cabrón este año en general. Ojalá que el frío de ahora, que es más fuerte que el de hace unas semanas, no esté jugando en tu contra. Cuéntame. Espérame. Cúlpame por tardar.

¡AH! Me hice un arete.
Te quiero mucho,
David.
P.D. Sigamos con el cadáver:  “Cuando pongo mi mano en tu sexo ¿a quién traiciono, Nachita?”   😉
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