Rosario no eres tú

Castellanos es, dentro del universo ilustrado de las letras mexicanas, quien mi alma se la ha llevado a lo más remoto del alto cielo y a lo más profundo de las oscuras tinieblas. En conmoción desmedida, y sensibilidad extrema. Para la poetisa tan bendita, dedico los siguientes versos (qué son diálogo entre nosotros):

Diálogo a la fe

Dices que la soledad trazó su paisaje de escombros.
Que la desnudez hostil es su cifra ante el hombre.
No hay vida sin sueño gentil,
¿No es despertar estar viviendo en sueño?

No te explicas por qué
fue indispensable que alguien inventara el reloj
y desde entonces todo se atrasa o adelanta,
la vida se fracciona en horas y en minutos
o se quiebra o se para.
Pues vivimos ahogados en un caos que alimenta,
nutridos de absurda ilusión,
jugamos normas consoladoras de fantasía impulsiva.

Nos dices gritar ¡adelante! por no mirar atrás,
mientras el alma nos susurra una memoria tajante.

Dices que ya no somos románticos
(La inteligencia es una prostituta
que se vende por un poco de brillo
y que ya no sabe ruborizarse.)
Pero ¿no es la chispa en la tiniebla
cuando más alumbra y es más bella?

Y si vivimos donde el verbo no puede hacerse carne,
si dejamos que los muertos entierren a sus muertos,
si es este continente un agonizar,
¿cómo pues apelas a la esperanza?
Te diré, que es la esperanza
eso que ha movido a nuestra generación.
Y así como en tu corazón descansa,
será lo último en morir,
incluso después de Él.

Incluso despúes de nosotros.

Siguiendo el trayecto de tu polvo

¿Es el alma la que crece,
o será tu sustancia la que se mueve y transforma?
Mientras te nombras a ti y a tu sustancia
recuerdas con afán el alba sin sexo.
La edad de la inocencia y el misterio.

Un ebrio cristal que intenta transparencias,
Un florecimiento inagotable,
La búsqueda de la dicha sobrehumana del encuentro.

La gracia amaneciendo sobre el mundo,
el gozo sin motivo de carne que se palpa
olorosa y reciente.

La embriaguez de la sangre,
es joya y estado potencial.

Es saberse desnudo y vulnerable,
Herejía antiquísima y trascendente,
Es cuando esa pura sustancia,
Empieza a conocer al hechizo del alma.

¡Liberate de esa esclavitud voluntaria!
pues es el valor de encontrarse a uno,
Lo que magnifica y domina a la fuerza.

Si el amor es polvo,
su trayecto es ceniza,
¿cómo entonces significar el alba,
cómo sumergirse en la mística del mañana,
cómo decir vida sin el descaro y la mentira?

No es que el amor
en su diegesis caprichosa
se pulverice y esfume.
Renace como el fénix,
más bello y más sublime.

¿No lo sabrás?
Decir que la poesía se alimenta de la muerte,
es cantar que la vida es la que nutre tu pluma,
la que consume tu tinta,
y la que dibuja el trayecto.

 

La sombra que deja el resplandor

¿Inminencia feliz de la palabra?

Sí, la palabra vuela como el pájaro.
Huye lejos.
Sí, una palabra es el sabor
que nuestra lengua tiene de lo eterno.
Sí, por eso hablamos.

La palabra es primavera.

La primavera llega y pasa,
pero así también lo eterno.
¿Sería la palabra magia si se quedara?

No hay que despedirnos,
Pues bien dices,
que la hoja que el otoño desprende de la rama
conoce los caminos de regreso.

El mundo será redondo y perfecto,
pero solo porque huye de lo eterno,
y es cuando miramos la serenidad de las letras,
que las palabras llenan ese infinito vacío.

¿No es lo mismo que lamenta Dido?
Nadie detiene al viento.
Es el dolor lo que nos vuelve eternos.

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