EL SÍNDROME TJ DETWEILER

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Tal vez siempre estuvimos equivocados y las caricaturas no fueron hechas con el propósito de entretener niños sino como preparación para el futuro. Es decir, están plagadas de sabiduría y ejemplifican situaciones que a la larga todos viviremos. Una de las que más me gustaba de niño era Recreo, la cual narra las anécdotas de un grupo de amigos durante aquellos 30 gloriosos minutos del día conocidos como “receso” o “descanso” en la primaria.

Ayer, conversando con una amiga, salió a colación “Recreo”, específicamente el capítulo titulado: “A Gordy le desagrada TJ”. El cual, como su nombre lo indica, trata sobre este personaje y su inexplicable aversión hacia el wey más popular de la escuela. La trama es simple pero impresionantemente certera: no le puedes caer bien a todo el mundo. Y lo curioso es que la pauta que encarna dicha aseveración, sale a la luz durante los primeros minutos del capítulo cuando el resto de la “pandilla” intenta apaciguar la incesante confusión de TJ ante la opinión de Gordy sobre su persona. Mi amiga, en este caso, intentaba explicarme lo mismo.

Sí, me identifico con TJ en el papel del “chico buena onda”. Aunque supongo que no todos piensan lo mismo. Lo complejo de esto es que el personaje de Recreo tendrá unos escasos diez años y lo atañen este tipo de problemáticas existencialistas. Yo, por otro lado, tengo 26, y aún me siguen causando malestares las mismas cuestiones. Al parecer mi niño de hace 16 años no comprendió del todo esta increíble lección.

Normalmente, y si nuestra autoestima ha sido inflada hasta el cielo, deseamos ser indispensables para los demás. Queremos que nuestros cercanos noten nuestra ausencia, algo así como los amigos de TJ:

Vince: “Miren, el patio no es el mismo cuando castigan a TJ”

Gretchen: “Cierto, en su ausencia tendremos cuatro risas menos por recreo”

TJ es influyente, carismático, líder y seguro de sí mismo. Características que muchos admiran y otros detestan. El incesante ying y yang de las relaciones interpersonales. Lo cual, claramente, le pega. Sin embargo, sus amigos explican que el asunto es más normal de lo que parece: Vince (deportista nato) no le agrada a todo el mundo porque a la gente no le gusta perder; a Gretchen (nerd) la consideran “enfadosamente lista”; a Gus algunos lo ven “raro”; y a Mikey “muy sentimental”. Gretchen remata: “El hecho es TJ que hay más de cinco mil millones de personas en la Tierra y resulta imposible agradarles a todas”. “¡ES QUE YO LE AGRADO A TODO EL MUNDO!” argumenta TJ, y se embarca en una misión por caerle bien a Gordy, incluso hasta el punto de involucrarlos a ambos en una suspensión para mostrarle que es experto en los castigos.

A pesar de lo cool y buena persona que intenta ser TJ para Gordy, cada intención es inútil. Simplemente, y sin razón específica, no-le-cae-bien. Al final del episodio, nuestro protagonista lo acepta y resulta ser que hasta a la temible maestra Finster le agrada, quién lo diría.

En efecto, nuestra paz mental es mucho más importante que pretender que todos nos acepten, quieran o admiren. Especialmente porque nunca vamos a dejar de crecer, y ello implica, inevitablemente, cambiar. Aunque a veces pueda ser para mal, habrá quien nos lo haga saber y entonces discerniremos sobre qué tanto valdrá la pena dejar de ser un poco nosotros mismos para complacer a otros o qué tanto deberemos de ser más nosotros mismos para depurar a quién no le parezca.

De algo estoy seguro, TJ continuó siendo el amo del recreo, al menos hasta la preparatoria. Le pese a quien le pese.

 

Gallo Molina

Nos leemos en Twitter: @gallo_molina

 

 

Contacto: joseantoniomolinavega@gmail.com

 

 

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2 pensamientos en “EL SÍNDROME TJ DETWEILER

  1. Sin afán de ofender, ¿dices que tienes 26 años? O sea, eres un millennial pleno y derecho. ¿Que define a esta generación? Fueron niños sobreprotegidos o consentidos, tuvieron una infancia dentro de una burbuja donde todo era buena onda; sus mamás no dejaban de repetirles lo especiales y maravillosos y únicos que eran. Sus madres hicieron todo lo posible por prolongar sus infancias: lactancia prolongada, pañales después de los 8 ó 10 meses, biberón hasta la primaria, por no decir que no fueron enviados a buscar trabajo hasta completar sus estudios universitarios. Son como niños montessori a la quinta potencia.

    Con esto, ¿te sorprende que alguien de tu edad se sienta espeluznado por no caerle bien a todos?

    Además, sorprende esto que dices: “Normalmente, y si nuestra autoestima es saludable, nos sentimos indispensables para los demás. Queremos que nuestros cercanos noten nuestra ausencia”. Pues, verás, es lo contrario. Cuando tu autoestima es saludable, realmente no te preocupa ser o no indispensable para los demás o si notan o no tu ausencia. Es cuando la autoestima se encuentra por los suelos que esto pasa.

    Repito que esto es sin ganas de ofender, pero me parece que alguien te lo tiene que decir: a juzgar por lo que escribiste aquí, tienes una autoestima bastante maltrecha. Si esto te ofende de algún modo, ten en cuenta que esa burbuja de protección que mencioné antes tiene el efecto de volver muy suceptibles a quienes crecieron dentro de ella. Te lo digo yo que soy psicólogo y trabajo con chavos de 20 a 30 años (ajá, chavos; a los 30 años esta generación todavía son chavos: adolescentes poco aptos para independizarse de sus padres o de unos padres subrogados–como el novio, la novia, los roomies).

    Lee esto: “A pesar de lo cool y buena persona que intenta ser TJ para Gordy, cada intención es inútil. Simplemente, y sin razón específica, no-le-cae-bien”. No, si sí hay una razón por la que Gordy detesta a TJ: TJ es un tipo superficial y no trata bien a las personas porque sea amable por naturaleza, sino porque tiene la intención de agradar, igual que el católico que es bueno porque así logrará irse a cielo, en vez de ser bueno porque desea serlo sinceramente.

    Y rematas tu texto diciendo que TJ, con quen te identificas, sigue siendo el rey. ¿Te das cuenta de lo que dices?

    Estoy seguro de que no soy la única persona a la que no le caes bien, y eso que no te conozco.

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    • Hola. Antes que nada, gracias por comentar, toda crítica es bienvenida. Te paso mis percepciones:

      1- No, no me ofendo, agradezco el feedback y de hecho modifiqué la parte sobre el autoestima ya que no me expliqué correctamente. Te agradezco.

      2-Me parece que generalizas bastante respecto a los millennials. En mi caso, mi mamá nunca me dijo necesariamente que era “lo máximo”. Aunque sí comparto que es un conocimiento bastante certero en muchos casos.

      3-Tu opinión sobre por qué a Gordy no le cae bien TJ no deja de ser una hipótesis. Sin embargo, me agrada tu idea, de hecho no la había pensado, es muy interesante y posiblemente tengas razón en este sentido.

      4- Creo, y puede que me equivoque, que eres algo prejuicioso, ya que mencionas que te caigo mal pero ni siquiera me conoces. Siempre he pensado que no debemos de juzgar a un libro por su portada o, en este caso, a alguien por lo que escribe o publica en redes sociales. Considero que las personas somos mucho más que lo que puede observarse de nosotros en la hipermedia. Eres psicólogo, creo que lo tienes más claro que yo.

      De nuevo te agradezco mucho el que nos leas y comentes al respecto. El diálogo respetuoso, abierto y honesto siempre será de gran ayuda para seguir mejorando.

      ¡Saludos!

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