Hay que vivir

Esta semana podría ser un fragmento de un libro de Lemony Snicket. Todo mal.

No está divertido sentirse ajeno, sentir que todo lo que haces está mal y que tu esfuerzo nunca va a ser suficiente sin importar cuánto sea. No está divertido vivir inmersos en una vida hipócrita dentro de círculos viciosos de los cuales ya ni nos inmutamos porque es parte de nuestra idiosincrasia.

Es horrible que sea tan difícil aprender a identificar a la gente valiosa que está presente en nuestra vida, de las personas que están cuando te va bien pero apenas hay algún inconveniente o crisis, se van.

Hoy alguien me dijo “Eso te pasa porque vives es una sociedad de estándares o expectativas. La gente espera cosas buenas de ti, en cambio de mí y mis amigos nadie espera nada, por eso no se sorprenden de mi mediocridad o falta de ganas ni tampoco se sorprenden cuando pasan barbaridades, nos ven como nefastos así que nadie se espera nada más que eso” e incluso si pasan cosas buenas nadie las reconoce porque “no van a durar” o “mínimo, ya era hora”. Una vez que decidiste romper el estándar, nunca puedes volver a entrar, estás marcado por siempre igual que si tuvieras una letra A roja en el pecho.

En esta ciudad a todos les gusta vivir cómodos en su burbuja de “todos se portan bien”, no hay mayor satisfacción que saber esconder bien sus trapos sucios. Gana el que los esconde mejor.

Hay burbujas que están hechas para ser reventadas y a mí me encantaría poder ir por la vida reventando la burbuja de “perfección” en la que les gusta vivir. No es sano tratar de vivir bajo los estándares de todo el mundo excepto los tuyos. No es sano seguir poniendo estándares irreales a nuestras relaciones, a nuestros amigos ni a nosotros mismos. Simplemente hay que vivir, de la mejor manera que podamos.

No sé en qué momento cierto grupo de personas se adjudicó la autoridad moral para venir y juzgar la vida de otros. Supongo que ha pasado desde el inicio de las civilizaciones: los judíos apedreaban a las prostitutas, los puritanos quemaban a las brujas y hoy en día basta con mandar un WhatsApp, un screenshot o una nota de voz para destruir a alguien.

Vivimos en un círculo vicioso del cual nos culpo a todos. Tal vez es culpa de las revistas de élite que sólo hacen énfasis en el dinero y los estereotipos de lo que esto conlleva, o es culpa de los grupos hipócritas que se dedican a predicar cosas que no tienen interés en intentar seguir, o es culpa de las personas que mandan a sus hijos a escuelas para que ahí los eduquen y ellos no tengan que hacerlo o simplemente es culpa de las personas falsas que viven reprimidas y resentidas porque nunca tuvieron el valor de aceptar que no todo es perfecto y no tiene por que serlo. Personas que no aceptan que parte de nuestra humanidad es de vez en cuando cometer errores porque así se aprende.

No sé de quién es la culpa de que nuestra sociedad esté tan podrida, sólo sé que de vez en cuando mi ciudad me hace sentir asqueada de la malicia y crueldad con la que nos juzgamos el uno al otro.

Laura Bates

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