AMOR DE LEJOS, ¿AMOR DE…?

Un pedazo de mañana, tarde y noche se roba furtivamente. No tienen muchas opciones, los separan unos miles de kilómetros.

La primera vez que se vieron, sus pies tocaban el mismo suelo. Pese a esto, realmente estando lejos se conocieron y de hecho, aún siguen en ello.

Me quedé mirándolos como si me acabaran de narrar una película de amor escrita por Disney. Para mí hacían falta más que un par de días para siquiera considerar mantener una relación, enamoramiento o “ejercicio”- como ambos le llaman a su situación– a distancia.

Pero ahí estaba ella, demostrándome que la emoción sí podía desbordarse por escuchar la voz de alguien en el teléfono.

Según él, su dinámica-relación funcionaba porque era “como alcohólicos anónimos: un día a la vez”. Apelando al momento, así le hacían para que no se les gastara el interés ni se dejaran vencer por la impaciencia o incertidumbre de no saber cuándo se verían de nuevo.

 

No me lo dijeron, pero ambos sabían que no podían asegurarse la eternidad; que era una posibilidad que cuando pudieran estar cerca, no les alcanzaran las ganas ni el amor o que simplemente, dejaría de haber la oportunidad por los planes y metas de cada quien.

Y estaba bien, lo habían minimizado con tal de disfrutar lo que su “ahora” les podía traer.

Hablar de amor es complicado para la mayoría de las personas. Todas y todos hemos tenido malas y pésimas experiencias, al grado de olvidar que también nos  hemos topado con personas increíbles o que a pesar del desenlace, primero (o en medio) nos enamoramos.

Cuando al tema de “amor y noviazgo/relación íntima sin título”  se le agrega el factor distancia, las probabilidades de éxito, aliento social, aceptación familiar o la propia seguridad… disminuyen DRÁSTICAMENTE.

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La verdad es que no nos gusta el amor que no vemos, incluido en éste estar lejos de las personas que nos agradan. Quizás se deba a la idea comprada –de una forma muy cuadrada– que el amor no vive a base de palabras bonitas sino acciones constantes, tangibles y visibles.

Pero, ¿quién dijo que la distancia elimina automáticamente nuestra capacidad de demostrar y actuar?

El miedo y rechazo a enamorarnos a distancia es muy humano. La dificultad para buscar nuevos significados y  formas que demuestren a alguien que lx queremos requiere de madurez, paciencia y apertura.

Sin embargo, tampoco podemos saber si estamos listxs solo con tener esas cualidades : la disposición y las mismas cualidades se darán cuando conozcamos a alguien que nos lleve a quererlo. Así de simple.

El amor a distancia no tiene que ser más difícil que el que te permites vivir con una persona en tu radio de 50 kilómetros a la redonda. No hay limitaciones para sorprender, experimentar, planear y comunicarse.

Nadie podría desmentir el carácter de tortura que significa extrañar a quien quieres, sobre todo cuando no puedes salir a buscarle con solo abrir la puerta y subir a un auto. Ese es un gran y conocido PERO en la distancia.

Aunque es soportable.

Precisamente cuando descubres que el amor de lejos te enseña que el solo anuncio de una visita puede hacerte sentir como CANTANTE PRINCIPAL EN UN MUSICAL DONDE EL MUNDO TE ACOMPAÑA EUFÓRICO CON UNA COREOGRAFÍA. O en otras palabras, cuando terminas aprendiendo a valorar en otro nivel el tiempo, los esfuerzos y los sacrificios que una persona realiza por ti y viceversa, por construir “algo” desde los cimientos hasta el último piso que les dé.

Por otra parte, las complicaciones para verse no representan el fin del universo. Te verás a ti mismx intentando ahorrar y buscando destinos en un punto intermedio para lxs dos. Sólo procura la reciprocidad, la confianza y la honestidad: no se trata de quién hace más, sino de las aportaciones que alcanzan a dar cada unx. No es una competencia, sino trabajo en equipo.

¿Amor de lejos? Amor de… cualquiera que lo desee. Me gustaría asegurarles que lo odiarán, que será peor que cualquier experiencia que hayan tenido y sin embargo, estaría mintiéndoles. Cada historia depende de sus personajes, y para que surja, primero tienen que aceptar el papel, uno que pueden desarrollar libremente con el segundo personaje principal que elijan.

Cuando fui yo quien aceptó el papel de una historia a distancia, me di cuenta del guion que todo el mundo suele escribir sobre las relaciones a distancia y la posibilidad de descartarlo para empezar uno nuevo… y acompañada de alguien más. Sin duda, teníamos mil excusas para decirnos adiós y preferimos meterlas en un cajón. No podíamos pedir la certeza de conocer que dictaría el día siguiente para nosotros y ello funcionó como una descarga de adrenalina continua, impulsándonos a saber y querer más el uno del otro.

Él dice que con el paso de los días llenamos un reloj de arena. Hasta ahora, la arena no se agota ni parece estar cerca de hacerlo: nos levantamos y nos vamos a dormir pensando en las cosas que nos gustaría hablar y realizar juntos, haciendo funcionar nuestro reloj incesantemente, sin atender al tiempo de las horas, solo al tiempo de nosotros.

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