“NO EXISTE EL AMOR” PARTE II

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Hace un año, para estas fechas, escribí un texto titulado “NO EXISTE EL AMOR” en el cual exponía el por qué tanta gente realmente cree esa frase y la menciona con un dejo de despecho cada que puede. En esa ocasión les di la razón. No sin antes exponer mis argumentos.

Hoy, a 365 días de esa etapa, en la cual no estaba nada capacitado para realmente creer que el amor no existiera, confirmo lo escrito con anterioridad. La idea que se nos ha impuesto sobre el amor es falsa, esa que precisamente se nutre de nuestros suspiros para vender flores, bestsellers y rotundos éxitos cinematográficos.

En dicha ocasión, comenzaba aclarando en mi texto lo que NO era el amor:

NO ES ATRACCIÓN: si lo fuera y modificas algo en ti, ¿te dejaré de amar?

NO ES APEGO: si es así entonces no puedo amar si tú no estás, dependo de ti.

NO ES DEPENDENCIA: “no puedo vivir sin ti”, “eres mi razón de vivir”… que triste poner tu felicidad en las manos de otra persona y no en las tuyas.

NO ES EL REMEDIO PARA NUESTRA SOLEDAD: la soledad es ilusoria, nunca estamos absolutamente solos.

NO ES DESEO: si así pasara, ¿qué sucedería si no tengo ganas de verte un día?

NO ES UNA RELACIÓN: limitarlo a besos, abrazos y demás muestras de afecto sería reducirlo a lo más nimio.

Sin embargo, a pesar de que en ese entonces tenía una idea bastante clara de lo que no era el amor, tampoco contaba con una sobre lo que sí es. Al menos no hasta los últimos días del 2017 y primeros del 2018. Gracias a lo vivido durante esas fechas en una experiencia espiritual, por primera vez en mi vida entendí lo que significa amar.

Les explico. Desde hace algún tiempo andaba cargando con varias heridas, rencores, dudas y un egocentrismo bastante pesado. Entonces, a través de un ejercicio de la mente, tuve que imaginarme a cada persona que alguna vez me había hecho daño y yo hubiera dañado. Cuando me imaginaba a este individuo o individua frente a mí, que podía ser alguien que había visto un día antes o incluso hace años, le decía a la cara: “Te amo”. Le pedía perdón por lo que pude haber hecho para lastimarlo/la o aceptaba su perdón en caso de que él/ella me hubiera dañado. Resaltaba todas sus virtudes y recordaba ocasiones en las que habían hecho algo sobresaliente. Para terminar, le deseaba todo lo mejor de la vida y me proponía hacer algo para mejorar su existencia.

Es tan cabrón hacer a un lado el ego y ver al otro con amor que por eso no se me hace raro que nuestras relaciones sentimentales sean tan complicadas. Porque el amor no es llenarnos de expectativas sobre lo que concebimos como “felicidad” sino pararnos frente a la existencia del otro y despojarnos de toda idea, prejuicio o herida pasada para desear o contribuir a su plenitud.

Ahí, después de años de haber hablado y exhortado a tanta gente al respecto, experimenté el amor, ese que sí existe siempre y cuando no tengamos miedo a ser vulnerables.

Al final, igual que en mi texto de hace un año, reafirmo que sí, existe el amor, pero no el que buscamos con tanta ansiedad para llenar espacios en nuestras redes sociales, dejar de vivir “domingos de vacío” o utilizarlo para darnos lástima y explicar nuestra soledad.

Enamorémonos del amor más simple y auténtico. Seguramente, alguien se enamorará de nosotros con la misma pasión, entrega y alegría.

 

Gallo Molina

Nos leemos en Twitter: @gallo_molina

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