René Brito – Si no dijo “no”, es porque sí quería, ¿no?

No. Me considero feminista. Sin embargo, hay muchas cosas que aún me cuesta entender. Es por eso que cuestiono, de forma pública, el entorno en el que me encuentro, con el afán de poder hacerme consciente del mismo y, sobre todo, entenderlo. El siguiente texto es una invitación a todos nosotros, tanto hombres como mujeres, a cuestionarnos, confrontarnos, y romper los paradigmas que, a lo largo de la historia, culturas y vida diaria, nos han dictado una determinada forma de ver las cosas.

Después de un 2017 escandaloso para Hollywood, especialmente en el tema de acoso sexual, surge un movimiento llamado #TimesUp, el cual urge a alzar la voz en relación a casos de abuso y acoso sexual, con el fin (esperemos) de terminar con éstos. Hace unos días, el comediante Aziz Ansari (quién utilizó un pin del movimiento y se vistió de negro durante los Golden Globes como apoyo al movimiento), fue acusado de abuso sexual a través de un artículo del portal babe.net, publicado después de que una mujer, de pseudónimo “Grace”, les enviara una carta.

En la carta, Grace, de 22 años entonces, relata el desafortunado desarrollo de una cita con Ansari (de 34). La carta parece atacar a Ansari desde el principio, haciendo mención de que durante la cita tomaron vino tinto, pese a que ella hubiera preferido el blanco, y ni siquiera pudo expresarlo. Después de pedir “apresuradamente” la cuenta, fueron al departamento de Ansari, en donde inician (según el relato, de forma apresurada) la interacción sexual. A lo largo de la carta, Grace menciona lo incómoda que se sentía mientras fajaron, lo incómodo que fue haber tenido sexo oral y cómo, pese a las “señales” que Grace parecía dar, el comediante seguía insistiendo en que llegaran al acto de penetración. A lo largo del relato, el mismo patrón se repite: un Ansari “caliente” e insistente y una Grace incómoda pero callada. La noche termina con Ansari pidiendo un Uber para que Grace regrese a su casa, sin haber consumado el acto sexual per se, y haciendo sentir a Grace como mierda, totalmente abusada, y bañada en lágrimas.

La acusación enseguida generó todo tipo de reacciones, tanto a favor de Grace como en contra de ella. Sin embargo, me crucé con un artículo en específico, el cual, enunciaba (de forma muy acertada para muchos), como no podemos juzgar y acusar a Ansari por “no saber leer mentes” (https://www.nytimes.com/2018/01/15/opinion/aziz-ansari-babe-sexual-harassment.html).

Es ahí donde me detengo, y a mis 23 años, hombre, heterosexual, de clase media-alta (esencialmente en la cúpula de los privilegios dentro del país mexicano), opino: tiene razón, Grace pudo haberlo evitado desde un principio. Pudo simplemente haber dicho “no, no quiero”. Si se sentía incómoda, se pudo haber levantado e ido desde el primer segundo. No tuvo que haberse tomado el vino tinto. No tuvo que haberlo acompañado a su departamento. No tuvo que haberlo besado. No tuvo que haberle hecho sexo oral. Pudo haberse detenido y dicho “no”. Debió establecer un límite dentro del cual estuviera cómoda y, una vez fuera de él, detenerse. Eso es lo que yo (dentro de la cúpula de privilegios en la cual, afortunadamente, vivo) hubiera hecho. Es tan fácil como eso.

Si bien es cierto que “se pudo haber levantado, haber dicho que no, haber llamado un Uber, y haberse marchado”, y el hecho de no haberlo hecho y haber sido poco clara constituye un error y representa parte de la responsabilidad, la realidad (actual) es otra, y existen muchísimos factores que pueden influir, y detener, a una mujer al momento de alzar la voz.

Comenzando con el miedo, la inseguridad. Grace se encontraba con Aziz Ansari, comediante famoso, exitoso, 10 años mayor que ella. Con mucho mayor poder que ella (en casi, si no es que en todo sentido). Se encontraba en su departamento, (una vez más, el ambiente de Aziz). “¿Y si me saca de su departamento y me quedo sola en la calle?” “¿Si me agrede verbalmente? ¿Físicamente?” “¿Si no me hace caso y me obliga, por la fuerza, a continuar?” El continuo deseo de aprobación, “¿Qué va a pensar de mí?” “¿Qué soy una calienta-huevos?” “¿Qué van a pensar de mí si no aproveché la oportunidad de estar con alguien así de famoso?” El shock, “Pero, si él es feminista, ¿por qué está haciendo esto?” “¿Qué está pasando?” Etcétera, etcétera, etcétera…

Y cambiándome a los zapatos de Aziz, si no me dicen que no, ¿cómo voy a saber que no quiere? ¿Si me sigue besando, si se dejó hacer sexo oral, y si me lo practicó a mí? Si estuviera incómoda, no lo hubiera hecho, cómo voy a saber que no quiere si no me dice, “no puedo leer mentes”. Entonces surgió una pregunta (realmente, varias, muchas) esencial (es), para poder entender la relevancia que tiene este caso y por qué llama tanto la atención: ¿hasta dónde somos responsables cada uno de entender y percibir (leer) las intenciones de la otra persona en una interacción ya sea sexual o no? ¿Hasta dónde somos responsables, también, de establecer un “no” explícito? ¿En qué momento un potencial abuso deja de ser responsabilidad de una parte y empieza a recaer en la otra?

Todos los que hemos tenido algún encuentro sexual de algún tipo sabemos que es evidente cuando una persona está de acuerdo y dispuesta a seguir con el avance sexual, a cuando una persona se encuentra indispuesta. Existen señales sugestivas y recíprocas, y señales evasivas, negativas. Y existe la llamada “calentura”, que no te deja pensar claro en el momento y hace que te dejes llevar por tus instintos. Pero también existe la “razón” y el “sentido común”, lo cual nos distingue como seres humanos, y nos hace dominar dichos instintos. Ello nos hace identificar las señales que alguien más nos está dando, sobre todo en una interacción íntima.

Lamentablemente, vivimos sociedad / cultura (alarmantemente de forma casi global), en donde se nos ha enseñado que, como hombres, no pasa nada si nos dejamos llevar por la calentura. Nos podemos refugiar en nuestra testosterona, como excusa, para omitir las señales que nuestra pareja nos pueda dar sobre lo consensual que se esté dando determinado acto (sea sexual o no). Y no podemos culparnos (al 100%) por eso. Es el entorno en el que hemos crecido, es lo que hemos aprendido, es lo que nos rodea. Muchos de nosotros, probablemente, hemos cometido el error de Ansari. O el error de Grace. Hemos fallado al comunicar claramente a nuestra pareja, ya sea estable o casual, lo que realmente queremos. Hemos asumido la postura de la persona de en frente, de forma poco consciente. No nos hemos esforzado por dejar todas las cartas sobre la mesa, o preocupado por leer aquellas que pudieran ser más difíciles de entender.

Es entonces cuando, una vez más, me pregunto: ¿hasta dónde somos responsables de identificar las intenciones y comodidad del otro y hasta dónde somos responsables de decir, o haber dicho, si estábamos de acuerdo o no? Hasta el momento en que seamos conscientes. Es nuestro deber desarrollar, a través de la educación y entrenamiento (principalmente como sociedad), primero, un sentido de percepción más atento y más consciente de nuestra contraparte. Y después, un sentido de empatía con la otra persona. Debemos ser capaces de percibir y diferenciar un “sí” de un “no”, identificar cuál es cuál, y respetar la decisión y sentir de quién se encuentre en frente. También debemos esforzarnos por lograr entender estas decisiones, por más trabajo o “incomodidad” que nos cueste.

De igual forma, y así como debemos desarrollar nuestra percepción, empatía y entendimiento, también debemos entrenar nuestra claridad al decir y expresar nuestras decisiones y pareceres, especialmente si estos involucran nuestra sexualidad e integridad, tanto física como mental. Esta claridad, sumada a un esfuerzo correcto en nuestra empatía y percepción del otro, son ingredientes esenciales en la construcción de una cultura sexual sana.

Una cultura sexual donde cualquier persona, sea del género y preferencia sexual que sea, tenga la libertad y seguridad de expresarse y decir “sí” y “no”, cuando se sienta cómodo o incómodo. Donde el consentimiento se haga evidente, ya sea de forma explícita verbal, o de acuerdo al comportamiento de cada parte. Dónde la presión social o situacional no nos obligue a nada. Donde no nos avergoncemos de establecer nuestros límites, decirlos claramente.

Es nuestra tarea, como hombres, como mujeres, como heterosexuales, homosexuales, o bisexuales. Y sí, es un reto, y uno grande, pero el primer paso está en hacernos conscientes. Está en perder el miedo y confrontarnos a nosotros mismos.

De la Real Academia Española:

  • Concientizar
  1. Am. concienciar.
  • Concienciar

De conciencia.

  1. tr. Hacer que alguien sea consciente de algo.
  2. prnl. Adquirir conciencia de algo.

 

  • Conciencia

Del lat. conscientĭa, y este calco del griego συνείδησις syneídēsis.

  1. f. Conocimiento del bien y del mal que permite a la persona enjuiciarmoralmente la realidad y los actos, especialmente los propios.

 

René Brito Peniche.

Católico. Piagetano. Marista.
rene.brito.peniche@gmail.com

 

P.D. Gracias a todos aquellos que respondieron a mi publicación en busca de opiniones al respecto, sus opiniones y argumentos me ayudan a confrontarme y, por ende, enriquecer mi criterio. Lqm.

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Un pensamiento en “René Brito – Si no dijo “no”, es porque sí quería, ¿no?

  1. Veamos. Tú escribes:

    “Si se sentía incómoda, se pudo haber levantado e ido desde el primer segundo. No tuvo que haberse tomado el vino tinto. No tuvo que haberlo acompañado a su departamento. No tuvo que haberlo besado. No tuvo que haberle hecho sexo oral. Pudo haberse detenido y dicho “no”. Debió establecer un límite dentro del cual estuviera cómoda y, una vez fuera de él, detenerse. Eso es lo que yo (dentro de la cúpula de privilegios en la cual, afortunadamente, vivo) hubiera hecho. Es tan fácil como eso.”

    Claro. Parece obvio. Es culpa de ella. Sólo que… no, no es culpa de ella. Te diré por qué: Aquí tú cometes el mismo equívoco que usan los acosadores y misóginos para justificar sus acciones (no digo que tú lo hagas en la vida real, sólo lo escribes). Quiero decir, para el acosador, violador, isógino, feminicida ella es responsable porque la única razón (piensan ellos) por la que una mujer iría a tu casa es para que te la cojas. Pero, ¿sabes que no es así? ¿Sabes que una mujer puede cenar contigo y eso no la obliga a aceptar que te la lleves a la cama? ¿Sabes que ella puede aceptar ir a tu casa después de cenar sin que eso signifique que ella esté obligadá a coger contigo? ¿Sabes que en tu casa ella puede aceptar besarte sin que eso signifique que tenga que coger contigo ni tú debas sentirte traicionado si ella no quiere coger porque ella no te debe nada, mucho menos su cuerpo? ¿Sabes que una mujer puede aceptar dar (o recibir) sexo oral sin que ello implique que después tenga que venir un coito? ¿Debió establecer un límit? ¿Ella? ¿La responsabilidad es sólo de ella? ¿Cómo estableces un límite con un vato que te quiere violar?

    Ahora:

    “Y cambiándome a los zapatos de Aziz, si no me dicen que no, ¿cómo voy a saber que no quiere? ¿Si me sigue besando, si se dejó hacer sexo oral, y si me lo practicó a mí? Si estuviera incómoda, no lo hubiera hecho, cómo voy a saber que no quiere si no me dice, ‘no puedo leer mentes’.”

    ¿Cómo vas a saber si una mujer está a gusto contigo? ¿Cómo vas a saber si se siente incómoda? ¡Nada más fácil! Se lo preguntas. “Oye, Penrenganita, ¿te sientes cómoda con esto? ¿Quieres que sigamos? ¿Me detengo?” Tú mismo lo dijiste, hay muchas razones por las que una mujer no te dirá que te detengas, el miedo entre ellas, pero si en realidad no pretendes asustarla ni usar tu privilegio de hombre heterosexual blanco de clase media-alta para forzar las cosas, se lo debes preguntar. Si no lo preguntas estás dando por heco que tu percepción o tu deseo son más importantes, es decir que tú estás decidiendo por ella, del mismo modo que el comediante decidió que su cita debía beber cierta clase de vino.

    Continúas:

    “Todos los que hemos tenido algún encuentro sexual de algún tipo sabemos que es evidente cuando una persona está de acuerdo y dispuesta a seguir con el avance sexual, a cuando una persona se encuentra indispuesta. Existen señales sugestivas y recíprocas, y señales evasivas, negativas.”

    Falso. No siemrpe es evidente el acuerdo o desacuerdo. Incuso cuando parece muy evidente, ¿no podríamos estar confundiendo las cosas? ¿Por qué no preguntarlo? La única razón por la que no le preguntarías a alguien su opinión es porque en realidad no te importa su opinión, sólo la tuya… o tu placer.

    Con esto:

    “Y existe la llamada “calentura”, que no te deja pensar claro en el momento y hace que te dejes llevar por tus instintos.”

    me parece que quieres justificar un abuso sexual, no hacerte responsable de tus actos. “Perdón, no la violé yo sino mi calentura. No son un sacerdote pedófilo, es que estoy enfermo, no controlo mis acciones. Es la genética, no podemos controlar nuestras ganas de chingar a los demás”. En realidad, el ser humano no tiene instintos, tiene pulsiones, que son un remanente instintual, sí, pero atravesado por la cultura. El ser humano cuando tiene necesidad de comer, no se deja dominar por el instinto, no salta sobre el primer ser vivo que ve a devorarlo. No, se espera, va a casa, lo despluma, lo mete al agua, le pone especias, lo acompaña con un pan y un vino. Nada en la naturaleza hace lo mismo. Debemos dejar de buscar justificaciones biologisistas a nuestros actos de culerez.

    Casi tú mismo lo admites:

    “Nos podemos refugiar en nuestra testosterona, como excusa, para omitir las señales que nuestra pareja nos pueda dar sobre lo consensual que se esté dando determinado acto (sea sexual o no). Y no podemos culparnos (al 100%) por eso. ”

    Casi, porque aunque lo dices, también dices que no es nuestra culpa, pero sí lo es. Todo acto que tú hagas contra otra persona, es tu culpa, no le pases la responsabilidad a nadie, ni siquiera a una abstracción como “fue la sociedad”.

    Rematas:

    “Muchos de nosotros, probablemente, hemos cometido el error de Ansari. O el error de Grace.”

    El del acosador/violador/feminicida no es un error, no se equivocó, hizo justo lo que quería hacer. Y es demasiado injusto que responsabilices a la víctima, porque el “error” no fue de Grace, ¿cuál fue su error? ¿No saber leer mentes? ¿No saber que en el fondo este feminista no era diferente a casi todos los hombres?

    “Una cultura sexual donde cualquier persona, sea del género y preferencia sexual que sea, tenga la libertad y seguridad de expresarse y decir “sí” y “no”, cuando se sienta cómodo o incómodo.”

    No. Sí, claro, en un mundo perfecto la persona que se siente incómoda debería ser capaz de decirlo sin temer cualqueir represalia, pero la responsabilidad no es de la víctima, es del victimario. No le toca a la persona incómoda decir: “me siento incómoda”, le toca al otro preguntalo. Para como están las cosas, nos toca a los hombres crear un espacio de seguridad auténtica, dándoles todas las facilidades que necesiten ellas, las mujeres, para que se sientan y se sepan libres de tomar cualquier decisión que quieran, y con la seguridad de que si su decosión no es la que esperábamos, de todos modos van a llegar a sus casas sanas y salvas. En otras palabras: dejar de violar, acosar, matar, humillar.

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