EL SHOW MÁS GRANDE ES LA VIDA

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Todos los días se abre nuevamente ese telón al que llamamos “Vida”. Y el misterio de no poder saber a ciencia cierta lo que ocurrirá, incluso aunque esté planeado, es lo que dota de emoción y adrenalina a este guion llamado “Existencia”. Desde que vi la película The Greatest Showman no he podido dejar de pensar en ello. En sí no me pareció una obra maestra de la cinematografía, pero tiene varias secuencias y situaciones con significados que van más allá de lo aparente.

El tratamiento para el tema de los sueños me pareció muy bello, aunque me da roña el cliché de “ser llamado loco” que tanto se repite en la canción Million Dreams, la connotación de otros versos me llevaron a pensar que el mundo al que se refiere Barnum en su niñez es aquel que buscamos construir a través de lo que somos interiormente. Únicamente en la oscuridad de lo que tenemos dentro, y a la que muy pocas personas tienen acceso, donde los sueños anidan esperando al momento en el que uno decida despertarlos diciéndoles: “Muchachos, ya es hora”. Barnum no tenía hogar, así que se construyó uno utilizando como cimientos sus más ingenuas, pero apasionantes, ilusiones.

También es verdad que, ¿a quién no han llamado loco por ser uno mismo, por mostrarse cómo es? Y lo que se puede aprender del protagonista quedaría resumido en: Vale. Madres. Compondré una frase con la que me topé el otro día en Twitter: “Donde y con quien puedas ser tú mismo, ahí es”. Ten millones de sueños, aunque sea probable que solo puedas lograr unos pocos. “El sueño es que el sueño no termine”.

Partiendo del complejo de chico pobre que ofrece la historia del “Showman”, todo el discurso meloso de la película se centrará en esa cuestión de autenticidad y de asumir lo que eres; esto me pareció un poco Glee pero, no por ello, menos cautivador. Estamos rodeados de contenidos comunicativos en donde los raros e incomprendidos son el perfecto gancho mercadológico porque: TODOS somos raros e incomprendidos. TODOS nos hemos sentido alguna vez inadecuados, rotos o que no nos hallamos en la vida. ¿Saben cuál es nuestro problema a diferencia de los cirqueros de la película? Nos da miedo ser vulnerables. Nos asusta asumir que, en muchas ocasiones, disfrutar la vida consiste en no resistirnos a lo que somos realmente y dejar de buscar en aquello que quiere cambiarnos para encajar. Las apariencias no engañan a nadie, solo nos ridiculizan a nosotros mismos. Terminamos siendo el verdadero bufón de la historia, nuestra historia. Y la vida, esa maldita/bendita obra de teatro a la que estamos condenados/invitados a interpretarnos está tan llena de cosas maravillosas que perder el tiempo persiguiendo lo equivocado suena bastante tarado.

La trama, verdaderamente, se concentra en Barnum y su impresionante ascenso al éxito gracias a su sueño: el entretenimiento . Sin embargo, en el camino se va perdiendo cegado por la fama, el dinero y la avaricia. Lecciones básicas y no muy relacionadas con nuestra realidad porque, viéndolo de manera frívola, el personaje logra establecer su circo con base a una mentira y fraude. No es mi intención ser hater, pero el hecho de que su sueño haya terminado calcinado es a lo que llamo karma.

Aunado a lo negativo, ¿no les parece que Zac Efron se enamora muy rápido? Aunque algo es cierto, ¿quién no lo haría? Es Zendaya, por favor. A pesar de esto, me pareció interesante el dilema clasista que tiene que afrontar Phillip (Efron) respecto a una relación nada bien vista y con inconvenientes sociales, económicos e incluso familiares. Dos mundos distintos. Créanme, en la vida real esto es mucho más complicado. Al final, es el circo, símbolo de inclusión, lo que les permite estar juntos. Interpreto esto como una metáfora de un mundo en el que todos podemos ser nosotros mismos y relacionarnos con quien queramos sin que la opinión pública interfiera en nuestras decisiones, e incluso, nuestros sentimientos.

The Greatest Showman tiene un enorme elenco, excelente soundtrack y, pese a todo, un trasfondo mucho más profundo de lo que puede observarse en pantalla. Porque la travesía de sueños, ilusión y esperanza del buen P.T. Barnum se resume en los últimos segundos de la cinta, haciéndonos ver que si bien la vida no es un musical (aunque a veces quisiéramos poder bailar free-style en la calle sin ser juzgados), siempre será el momento que hemos estado esperando, buscando incansablemente en nuestra propia oscuridad, sin poder ignorar que hay algo dentro que no podemos negar. Lo que nos hace ser nosotros mismos, contra lo que no podemos luchar, lo que nos impide querer morir, el magnífico espectáculo que representa poder cumplir nuestros más patéticos, extravagantes o monumentales sueños diarios.

Barnum obtuvo la respuesta, tan solo observando a sus hijas bailar ballet durante un festival, porque todo lo que queremos realmente y el más hondo anhelo de nuestro corazón es la plenitud. Ese es el sueño:

It’s everything you ever want

It’s everything you ever need

And it’s here right in front of you

 

El show más grande de todos, es la vida misma.

 

Gallo Molina

Nos leemos en Twitter: @gallo_molina

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