NO eres “apoliticx”

LA NUERA DE LA POLÍTICA

Elefante invitada: Regina Carrillo R. Valenzuela

En días recientes he tenido la oportunidad de conversar con una diversidad inmensa de personas sobre la situación social actual y el futuro aún incierto que nos depara en 2018.

Desde adultos y adultas jóvenes hasta personas de la tercera edad, me he topado con respuestas del estilo: “Soy apolítico” (refiriéndose a que no milita en partido político alguno), “No sé de cuál distrito soy, pero prefiero no saberlo, porque no me interesa la política…”, “¡Ni vale la pena hacer algo!”. Seré justa: son más las respuestas entusiastas, optimistas e interesadas, pero hoy quiero dedicarle unas líneas a los “neutrales”, a los “apolíticos”, a los que “no se meten”.

Nos han hecho creer (y cómodamente hemos comprado ese discurso) que la política es de “los políticos”, entendiendo por esto a funcionarios públicos miembros de los gastados partidos de siempre, los diputados y diputadas y las personas que ocupan alcaldías, gubernaturas y la mismísima presidencia del país. El propio senador Javier Lozano le respondió en un desafortunado tuit a Gael García que se dedicara a la actuación y no se metiera en asuntos que no eran de su incumbencia, cuando el actor le increpó por la ley de seguridad interior.

Nos han hecho creer que es deseable evitar hablar con nuestra familia, vecinas y vecinos, amistades, compañeras y compañeros de trabajo sobre política porque es de mala educación, sólo crea desacuerdos, tensiones y conflictos. Nos han hecho creer también que los desacuerdos, las tensiones y los conflictos son negativos y peligrosos en vez de concebirlos como oportunidades para gestar nuevas alternativas, escucharnos, aprender y organizarnos, así que en lugar de aprender mejores formas de debatir (que no pelear), optamos por no tocar estos temas y disfrutar de la cena mientras una ley que da al ejercito un poder casi divino es aprobada.

También nos han hecho creer que la política es sucia, que corrompe y pudre y que únicamente la gente deleznable participa de ella (claro, los ejemplos sobran), que a los ciudadanos y ciudadanas de a pie nos toca únicamente “hacer bien nuestra chamba y ya. No se puede hacer más”. Muchas de las personas con las que conversé y que se auto adscribían como “apolíticos”, lo expresaban incluso con cierto aire de orgullo y satisfacción. Lamento decepcionarles, pero: TODO ES POLÍTICO.

¿Todo, así…todo? Todo.

A mis alumnas y alumnos les atormento diciéndoles que hasta la manera en que nos lavamos los dientes muestra una postura política: ¿Cierro la llave mientras me cepillo?, ¿dejo el agua correr todo el rato que tengo el cepillo en la boca?, ¿me causa ansiedad pensar en el agua que se desperdicia?

Los conceptos más amplios de política no se enfocan únicamente en lo concerniente a los Estados (los organismos de gobierno y sus funcionarios o ejecutores), sino en la ciudadanía y la toma de decisiones sobre los asuntos que tienen que ver con el bienestar y mejorar la convivencia humana común (ejemplo: “No desperdicio el agua cuando me lavo los dientes porque es de todos y cuidarla me beneficia a mí y los demás”).

“Evito comprar en grandes almacenes y prefiero comprar en las tienditas locales y a artesanos” es político. “Soy vegana/o porque le hago un bien al planeta” es político. “Uso bicicleta para transportarme y me interesa que los automovilistas entiendan que la calle es de todas y todos” es político. “Amo mi cuerpo y decido sobre él en una sociedad que me dice que lo odie y lo modifique en función de sus estándares” es político. “No uso popote” es político. Pero ojo, que las posturas contrarias y alternativas a los ejemplos aquí mencionados también son posturas políticas.

“Oye, pero a mí me da equis TODO”

Algunos autores dirían que la neutralidad absoluta no existe y que hasta ese “Prefiero no meterme, no tengo postura”, es una postura. Creo que la política la hacemos todas y todos cada día de nuestra vida en nuestras acciones y también en nuestras omisiones. ¿Por qué entonces dejarla en manos de un grupo tan limitado de personas que, además, han demostrado no siempre velar por los intereses comunes y sí por los intereses individuales?, ¿por qué si no nos gusta cómo están haciendo su trabajo, pagado de nuestros impuestos, seguimos dándoles el permiso?, ¿qué sucedería si intencionamos, dirigimos nuestros pequeños y personales actos políticos cotidianos y los organizamos con los pequeños y personales actos políticos de los otros?, ¿qué sucedería si abandonamos la desesperanza del “no hay nada que hacer”, tan cómoda para nosotros y tan conveniente para ellos?

MAFALDA

No podemos escapar de ella. Está en nosotras y nosotros, en nuestro cuerpo, en nuestras preferencias, en nuestro trabajo, en nuestra forma de vestir, lo que publicamos en redes sociales, en la manera en la que criamos a nuestras hijas e hijos y hasta en la decisión de no tener descendencia; en nuestra manera de amar, en nuestra forma de mirar la vida y a la humanidad. Hoy más que nunca, creo que no hay vocación más personal y necesaria que la política construida por las y los ciudadanos comunes y corrientes.

¿Empezamos ya?

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Un pensamiento en “NO eres “apoliticx”

  1. Tienes razón todo es política, por ejemplo tu manía con el lenguaje inclusivo, hace notar tus ideologías. Las personas tienen derecho a ser neutrales si así lo deciden, no tienen porque hablar de lo que no les gusta, todo es política pero tienen la libertad de no hacerlo.

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