CARTA A MI 2017

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Normalmente las cartas comienzan con un caluroso y formal “estimado”, sin embargo, la realidad es que no sé si te estimo, 2017.

En general, fuiste un cabrón, para lo bueno y malo. Creo que mucho más para lo bueno, pero ya sabes, soy dramático. Ahora que lo pienso, no empezaste nada mal. Un dato importante en mi vida es que el 31 de diciembre me odia y yo a el. Es mutuo. Es un hecho. Siempre pasa, la fecha más importante del año, en la que supuestamente debes de pasártela increíble suele resultar una terrible decepción. Pero no esta vez. No te esmeraste, pero al menos me echaste la mano. Gracias (?)

Finiquitaste mi último semestre de universidad. Me hiciste renunciar a un empleo para emprender otro, lo cual no terminó muy bien pero aprendí que cuando uno no se dedica a lo que le apasiona las cosas simplemente se convierten en una monotonía absurda. Lograste que entrara a terapia psicológica, lo cual suena súper drástico ya que no tengo ningún problema emocional, pero la verdad es que ha sido sumamente reconfortante. La salud mental es igual de importante que la salud física. Vivan los psicólogo/as.

Convertiste en realidad ese sueño tan ñoño pero tan importante que era el poder ser maestro. Pararme frente a un grupo de jóvenes y hablarles de la realidad, nuestro país, del mundo y de lo jodido que está pero, al mismo tiempo, generar diálogo, pensamiento y reflexión para crecer. Qué padre es transmitir conocimiento e imaginación. Y qué padre es cumplir tus mini sueños.

También fuiste el año de memorables elefantes; gracias a ti escribí sobre lo que en verdad debería de ser nuestro concepto de amor utilizando una analogía de Star Wars; redacté bastante sobre cine (La La Land, Los Oscares, La Cabaña, Coco, Spider-Man); por fin pude expresar mi método personal para erradicar una práctica que me persigue desde siempre y que a veces es un infierno: el overthinking. Y aunque hubieron varias semanas de sequía creativa, los mejores elefantes llegaron al final: acerca de cómo soy, los sueños, poetas, el dolor y de quién podría ser cool enamorarse.

Has sido el año en el que más kilómetros de viaje he recorrido. Tu mejor carta para defenderte siempre será el hecho de que me hiciste regresar a la Sierra Tarahumara, a ese punto neurálgico que transformó mi vida para siempre, y qué bien me hizo volver. La montaña, el bosque, el silencio, la gente, caminar… pensar, ser, sentir, existir, encontrar sentido, volver a caminar, compartir, vivir en toda la extensión de la palabra. Me pusiste a prueba con aquella caminata de 5 horas en la noche. Pero solo era otro obstáculo a superar en el año. Me hizo más fuerte, tanto en las piernas como en espíritu.

Conocí otro país al lado de mis mejores amigos. Creo que pocas cosas en la vida son tan invaluables como emprender viajes con las personas que más quieres. Me he reído más que nunca; he visto paisajes que no se pueden explicar con palabras; bebí, comí, aprendí, me culturicé, disfruté, descubrí playas escondidas, caminé en la selva, me bañé en unas aguas termales, en fin, viví.

Fuiste un año musicalmente importante. Abundante en conciertos, a los que veo como vitaminas para el alma. Entendí que, si tuviera que vivir solo en una isla desierta, podría sobrellevar la experiencia tan solo con mi música. De Caloncho hasta los Foo Fighters, la sensación de estar en un festival musical es de las más chingonas que hay. Por cierto, acabo de recordar que hace una semana vi por segunda vez a Fito Páez en vivo, gratis, en mi ciudad. Ok, te luciste en este rubro, 2017.

Por fin pude escribir sobre muchísimas cosas que amo y que me pagaran por ello: Game of Thrones, Gustavo Cerati, Edward Hopper, reseñas de películas, series, viajes… Eres el año de mi renacimiento artístico, eres la vocecilla que me dijo al oído: “naciste para escribir”. Al mismo tiempo, fuiste el año de mi más profunda crisis existencial sobre lo que quiero hacer con mi vida, hacia dónde me dirijo, cómo lograré todo aquello que quiero, y que aún sigo buscando.

Has sido un año de hacer cosas por primera vez: manejar un velero, emborracharme en otro; impartir un taller literario, tomar otro; organizar una fiesta, asistir a otras. También de seguir haciendo las mismas cosas todos los días, como la obligada taza de café por la mañana (para estos momentos debo de ser más cafeína que persona).

En general, fuiste un año de profundo crecimiento. Cambié al ron por el whisky, y a la euforia por melancolía. Nos diste a todos grandes y pequeñas tragedias, terremotos y huracanes. En lo personal, me pusiste en la cima y me llevaste al abismo con la misma facilidad. Provocaste lo peor y lo mejor de mí. Me obligaste a contactar con la más incómoda verdad y al mismo tiempo dar el paso de madurez más grande que hay: aceptar que una persona es más feliz sin ti. Al filo de la soledad, me empujaste a tener que abrazarla y quererla, o sea, amarme a mí mismo. A cantar una y otra vez “Don’t Look Back in Anger” para comprender que los demás también merecen ser felices a costa de lo que nosotros sentimos.

Demostraste que no todas las personas merecen nuestra atención. Que no todos son nuestros verdaderos amigos. Pero también me diste a muchos nuevos. Gracias a ti caí en la cuenta de que a veces es necesario hacer locuras y olvidar los cálculos porque es la única manera de realmente vivir (#pedosdeserpoeta). Así como a saber ser paciente porque, en ocasiones, esperar por más de una hora solo en un café, mientras el americano se enfría, trae consigo Gratas sorpresas. Fortuitos encuentros. Conversaciones legendarias.

Pero sobre todo 2017, te quiero decir que no me arrepiento de haberte vivido, de cada letra que escribí, de cada canción que canté, de cada muestra de cariño que di. Porque al final, en tus últimos suspiros, a unos cuantos días de tu inevitable muerte, ambos sabemos que sin ti no sería quien soy hoy. Que aunque las cosas no sean iguales que hace un año todo puede transformarse en algo mucho mejor. Gracias por ser un cabrón en todo sentido (bueno y malo). Por haber hecho que yo también lo sea. Por obligarme a decir todos los días para mis adentros: “eres un chingón”.

Te quiero, 2017.

 

Gallo Molina

Nos leemos en Twitter: @gallo_molina 

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