“SÉ COMO EL SAUCE” – GUÍA PARA EL DOLOR

dolor3

Amigas, amigos, hemos sido engañados. Nos dijeron que la vida consiste en sentirnos empleados de Disney cuyo propósito es estar contentos todo el tiempo, aunque no queramos o podamos estarlo. Nos hicieron creer que la tristeza es mala y, por lo tanto, hay que evitarla a toda costa. Nos han contado que ser sensibles está mal, y que una actitud positiva debe de ser el estatus quo normalizado o de lo contrario no estamos viviendo “cómo se debe”. Amigos, amigas, ¿quién nos hizo tanto daño?

Twitter, el espacio típico para el desahogo existencialista millennial, ha servido como la hoja en blanco perfecta para expresar no solo opiniones o ideas sino también nuestros sentimientos, de los más superficiales a los más densos. Es válido. Las redes sociales existen con el fin de ser plataformas para expresarnos, sea cual sea nuestro sentir. Existen personas lo suficientemente transparentes como para descargar ahí sus pesares más profundos y otros que prefieren aparentar que todo está bien (incluso cuando no). Sea cual sea el caso, generalmente son los transparentes los que más sufren de la incomprensión de otros. Es verdad, tiene que existir un equilibrio en la vida y tampoco está padre leer constantemente tweets casi-suicidas, porque la realidad es que no todo es tan malo como parece. Sin embargo, la contraparte “buena onda” que pretende conocer cada situación ajena, muy en lo personal me irrita con su meloso discurso: “No estés triste”, “Deja de sufrir”, “No deberías de sentirte así”… ¿No debería de sentirme así? ¿Acaso sabes exactamente lo que estoy sintiendo? No, no tienes ni puta idea.

 

La tristeza y el dolor están subestimados, pero son algo sumamente necesario. Me explico respecto al dolor.

 

El problema comienza cuando creemos que no debemos sentirlo. Sin embargo, les tengo una muy mala noticia: es inevitable. La vida en sí es lo más inseguro del mundo, y tratar de evitar el tener experiencias desagradables es tan inútil como querer meter un río a una cubeta. El río, al igual que la vida, debe fluir… esa es su naturaleza (Watts, 1987).

El dolor es tan circunstancial como el placer. No quiero decir con esto que debemos de buscarlo o que dejemos de intentar tener sensaciones placenteras. El placer es bueno, positivo, pero no eterno. Así que, ¿cómo lidiar con un mundo en el que el dolor existe y en muchas ocasiones no podemos evitarlo? Hay que ser como el sauce (ídem).

Cierta corriente de la filosofía china indica que la mejor forma de combatir a una fuerza contraria es cediendo a ella. Como los sauces que, en invierno, tienden a sobrevivir y adaptarse mejor que los pinos. Esto debido a que sus ramas poseen mayor elasticidad. Cuando cae la nieve y se acumula, el sauce simplemente espera a que sea demasiada y caiga por su propio peso, aunque esto doblegue sus ramas demasiado. En cambio el pino las mantiene rígidas. La nieve llega a ser tanta que éstas terminan rompiéndose.

37a6c215dbeaf785a276ab5cd113a3b1

Ante el dolor, funcionamos de la misma manera. Creemos que debemos resistirnos, reusarnos a sentirlo y tratamos de apartarlo. Solo resulta peor. Ante la rigidez que adoptamos terminamos por quebrarnos en mil pedazos. Debemos de ser como el sauce: dejar que el dolor sea, experimentarlo, aceptarlo, y solo así… terminará pasando, de la misma manera en que la nieve cae después de ser demasiada (ídem).

Igual podríamos compararnos con el agua. A pesar de que intentas cortarla, golpearla o atraparla,  siempre mantiene su estado. Simplemente se adapta a la circunstancia. Pero cede ante ella. Frente al dolor hay que ceder, porque es una sensación igual de importante y vital que el placer. No sabríamos qué es una sin la otra. Para que haya placer, tiene que haber cierto grado de dolor (ídem).

Afortunadamente, no hay dolor eterno, como no hay un día lo suficientemente gris que dure para siempre. No es que simplemente de repente deje de existir, es más bien que los sucesos pasan, fluyen, hacen lo que tienen que hacer en nosotros y se van. No es que “el tiempo lo cura todo”, es, mejor dicho, que hacer cosas a través del tiempo nos cambia y cambia nuestro entorno, esos cambios son los que nos sanan. Porque nada es estático, “no nos bañamos dos veces en el mismo río”.

dolor

Llega un punto en el que el mismo cuerpo nos dice: “ya fue suficiente”, y deja de tener sentido el sufrimiento. Tal vez el dolor persista en menor grado, y nos recuerde de vez en cuando aquel suceso que lo provocó en primer lugar. Pero está bien, se acomodará y se volverá parte de nosotros. Uno aprende a vivir con él. Sentir dolor es sencillamente la oportunidad de sabernos vulnerables, y serlo es la única garantía de que realmente estamos vivos.

En The Amazing Spider-Man 2, ante la muerte de Gwen Stacy, Peter Parker decide retirarse de sus labores como superhéroe. Visita la tumba constantemente, como intentando entender que Gwen no volverá. No puede continuar sin ella. Hasta que, cinco meses después, mira el video del speech que su fallecida novia dio el día de su graduación. Habla del tiempo y de que la vida es y siempre será difícil, pero que a pesar de ello vale la pena vivir en la esperanza de que todo puede ser mejor. Peter recobra su motivación gracias a las palabras de Gwen. Se pone la máscara una vez más.

Este ejemplo enmarca perfectamente nuestros procesos humanos. No hay nada peor para ayudar a alguien que decirle: “¡Sé feliz!”, “¡No deberías de sentirte así!”, cuando es exactamente cómo se siente y, en ese instante, necesita sentirse. Dejar ser al dolor y la tristeza no implica rendirse ante ellos en un sentido fatalista, sino en no oponernos a algo que es ínfimamente humano y parte de nuestra naturaleza.

dolor2

Así que, ¿y si dejamos de satanizar a la tristeza y comenzamos a verla como lo que es? Un proceso humano, natural y necesario. Que requiere fluir en la persona hasta que, un día, decida ponerse la máscara del superhéroe que supone ser uno mismo. Y ese día, elija sonreír de nuevo. Como el sauce que conserva sus ramas.

Al final solo algo es seguro: somos mejores que nuestro sufrimiento.

 

Gallo Molina

Nos leemos en Twitter: @gallo_molina

 

 

Bibliografía: Watts, Alan. (1987). La Sabiduría de la Inseguridad. Editorial Kairós: Barcelona.

Anuncios

Un pensamiento en ““SÉ COMO EL SAUCE” – GUÍA PARA EL DOLOR

  1. Pingback: CARTA A MI 2017 – EL ELEFANTE EN LA SALA

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s