Nuestros silencios se componen de vacíos

Lo dije hace tiempo y lo repito: nuestros silencios se componen de vacíos y miedos del alma, esos que no nos permiten encontrar ni el valor ni las palabras.

La semana pasada justamente hablé de eso con alguien que tiene la habilidad de quererme hacer salir corriendo de mi zona de confort para vivir la vida. A veces nuestras emociones, situaciones y el vivir se salen de nuestras manos. Vamos por la vida tratando de no ahogarnos con estrés, frustraciones y miedos.

En lo personal tengo varios espacios especialmente reservados en mi mente para los pensamientos que me gusta “bloquear”, las ideas que no permito entrar.

Muchas veces en el blog hemos hablado del overthinking… a mí me pasa lo opuesto. Yo tengo la bendición/maldición de “apagarme”. Cuando un pensamiento me carcome el alma o me taladra la cabeza es más fácil para mí pararlo apenas quiere resurgir, suena casi como a un súper poder ¿no? ¿Saben cual es el problema? El momento en el que ya te sientes más cómoda, más segura, cuando crees que el pensamiento ya no va a volver, en ese momento llega y no hay forma de hacer que se vaya.

It is both a blessing and a curse to feel everything so deeply. – David Jones 

Hace meses que había algo que me daba vueltas en la cabeza, sabía que necesitaba silencio interior y exterior para volver a encontrarme, pero la verdad siempre hay algo que es más importante. El trabajo, la escuela, los pendientes, la fiesta, los amigos, la familia… cualquier cosa es un buen pretexto. Hace algún tiempo un amigo me dijo: ocúpate no sólo de lo urgente si no también de lo importante. El silencio de nuestra alma puede parecer algo que podemos dejar pasar, con lo que no es necesario vivir pero no es hasta cuando no lo tenemos que poco a poco se vuelve urgente recuperarlo.

Hace tres semanas me di la oportunidad de hacer silencio… no saben que duro fue darme la oportunidad de hacerlo, en especial cuando tienes miedo de lo que vas a encontrar. Viví un viaje de redescubrimiento y encontré en mi silencio cosas que había dejado pendiente, un espejo a lo que soy, lo bueno y lo malo. Encontré mucho en mi silencio, pero en un principio fueron solo preguntas… ¿Cómo llegue aquí? ¿Esto es lo que siempre quise para mí? ¿Ahora cómo le hago para volver al inicio? ¿Y si lo vuelvo a intentar y vuelvo a fallar? ¿Alguien puede soportar que me vuelva a equivocar? ¿Por qué siempre es a las personas que más quieres a las que más lastimas? ¿Quién soy yo para jugar a que si o no?

Las preguntas, los miedos y frustraciones que tenía dentro me arrojaron frente a un muro, me dejaron en el suelo y no sabía como le iba a hacer para levantarme. Afortunadamente poco a poco las respuestas también fueron llegando, había pasado tanto tiempo tratando de encontrar cómo hacerlo sola que olvidé que no tenía que hacerlo sola.

Me parece importante aclarar que yo me considero dentro del grupo de personas que en la vida ha sido bendecida con una cantidad ridícula de buenos amigos, de esos que la gente cuenta con los dedos, a mí no me alcanzan las manos. Esas bellas personas que han presenciado mis alegrías, mis tristezas y no se cansan de sacarme adelante.

De cualquier manera, dentro de las respuestas que encontré era que se me olvidó que no estaba sola. Que tenía a mi familia, mis amigos y a Él, que estaba ahí para mí, el único que jamás te deja solo y que cuando confías de corazón, las cosas buenas llegan por añadidura y la fuerza para afrontar las no tan buenas no te hace falta. A veces hace falta aporrearnos con un muro y no tener a donde huir para afrontarnos con nosotros mismos, pero la verdad es que lo vale, no hay paz más grande que la que viene del interior.

Yo pude haber tenido dos caminos, en el que evitando hacer silencio siempre, ese en el que te la puedes pasar viendo series para no pensar, en el que te encierras en tus redes sociales para no sentirte sola, en el que no recordar nada del día anterior es mejor que recordarlo.

Sin embargo, hay otro camino en el que prefiero estar, uno en el que los silencios ya no dan miedo, que pensar no es una actividad de alto riesgo, que mi celular sólo sirve para comunicarme, no como salvavidas, el camino en el que todos los días, no importa si son buenos o malos, los disfruto tanto que no quiero olvidarlos.

Hace unas semanas invité a una persona muy especial a ir a escuchar una plática  que iba a dar, lamentablemente ni siquiera había comenzando cuando la persona me dijo “No puedo, perdón. Lo intenté  pero no es para mí”… Mi respuesta estuvo a punto de ser: ¿a qué le tienes tanto miedo? ¿Crees encontrar algo que te lastime más de lo que vives ahora?… Sin embargo recordé que todos tenemos nuestros procesos y que definitivamente no todos están abiertos a sentir emociones que muevan cosas en su interior.

Me rompió el corazón, pero a veces hay que aprender a dejar ir… Los tiempos de Dios son perfectos y no siempre estamos listos para darnos cuenta de que a veces no vivimos si no que nos conformamos con existir.

 

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