Mucho ayuda el que no estorba

El día de ayer, domingo 17 de septiembre, acudí a una marcha –del Monumento a la Bandera hasta la Plaza Grande (zócalo) de Mérida, Yucatán– propulsada inicialmente por el ASESINATO de Mara Fernanda en Puebla, pero en realidad por todas las vidas de mujeres que a diario, en este país por el que dijimos celebrar este fin de semana, son violentadas por hombres que consideran que ellas no valen lo mismo y que pueden ejercer un poder sobre sus cuerpos con tal de demostrarlo. Marché, sí, detrás de mis hermanas, pero no “atrás” para proteger o respaldar. Estuve ahí porque no me corresponde protagonizar esta lucha, porque en este acto político ni en el micrófono, ni en la iniciativa de las consignas, ni en la dirección de la ruta, NI EN SUS EFECTOS figuro como representante. Es más, las violencias que se quieren erradicar también son, en gran medida, mi responsabilidad, mi culpa. El hecho de que yo sea consciente del machismo y de las jerarquías sociales que encarno, no quiere decir que por ello dejen de existir o se “borren” por arte de magia de mis performatividades corporales. Está cabrón ejercitar eso diario. Mi necesidad de escribir y expresar mi opinión, EN MUCHOS AMBIENTES es, lo reconozco y no estoy orgulloso de ello, un ejemplo claro de mansplaining. Hoy pudiera mantenerme callado, pero asumo esa contradicción porque sé que muchos compañeros pueden beneficiarse de lo siguiente.

A pesar de que he sentido miedo en el transporte público por un asunto de robo, no he pasado por situaciones más incómodas y más violentas porque mi cuerpo ha sido leído como de hombre, con todos los significados asociados a esa interpretación. Hay que tener en cuenta, por el hecho de haber sido efectos de esta lectura a lo largo de nuestra vida, que existen muchas experiencias de desventaja y de vulnerabilidad por las que no hemos pasado, que existen muchos discursos que repetimos sin darnos cuenta de sus implicaciones violentas y que existen muchas actitudes que, muy a pesar de nuestras buenas intenciones, pueden representar una amenaza para los cuerpos leídos como mujeres. Soy altamente consciente de que este texto nadie me lo está pidiendo, ni quiero demostrar que merezco el diploma feminista, ni busco un agradecimiento porque “ya entendí” o porque “estoy del lado correcto”. PATRAÑAS. 

Habrán, sí, otros espacios para que marches un poco más al frente. Este no es el tuyo/mío y nos ponemos donde nos se indique o mejor no estorbamos. 

¿Qué está pasando con nuestros líderes de opinión, que tienen el falo del micrófono, la pluma o el báculo en la mano? Los periodistas, los locutores de radio, los rectores universitarios, los sacerdotes. En lo que va de una semana, Job César Romero, quien dirige la Universidad Madero (UMAD) en Puebla, declaró a las mujeres culpables de sus desapariciones, por “exceder los límites de la libertad”, como si se les hubiera concedido “chance” de salir un ratito de la jaula. ¿Cómo alguien con este tipo de paradigmas puede llegar a ser la cabeza de una institución educativa? Otro fue Sergio Zurita (conductor en MVS radio), quien dio el Perellazo sintiéndose intitulado para decidir sobre la vestimenta de las mujeres a la hora de ir a buscar a sus hijos a la escuela, pasándose por alto que nadie tiene derecho a creer que tendría validez su opinión sobre las consecuencias de cómo una mujer se viste. ¡Y menos un hombre! Y por último está Jenaro Villamil, a quien un contingente separatista le negó el paso ayer, en la marcha de la Ciudad de México y se quejó frente a una cámara por ser excluido. HAY QUE RESPETAR LOS ESPACIOS. ¡AHORITA NO TE TOCA VILLAMIL!. El establecer un espacio imparcial es un acto político y debe respetarse. ¿Cuántos espacios de privilegio hemos habitado, por siglos, los hombres?

¿Queremos estar en la lucha de las mujeres porque venimos a apoyarlas, a demostrar nuestra aprobación por sus esfuerzos? ¡No necesitan nuestro apoyo, ni que les demostremos ninguna pinche aprobación! Mucho ayuda el que no estorba. Y menos estorba el que se encarga de eliminar de su vocabulario, al menos, la expresión “feminazi”, el sentido peyorativo de la palabra “radicales”, o el uso del adjetivo “viejas” para referirse a las mujeres. Tú no vienes a “apoyar”, ni a “proteger”, ni a “cuidar”, ni a “respaldar” a nadie.  Tu solidaridad se demuestra respetando los espacios. Tu fraternidad con la lucha feminista se demuestra no queriendo invadir el espacio separatista a toda costa. Tu solidaridad con la lucha feminista se demuestra no educando a tus hijos para “proteger” a la mujer o diciéndoles que “todas las mujeres son iguales y que no hay que intentar comprenderlas”. Tu fraternidad con la lucha feminista se expresa no poniendo irónicamente #NiUnoMenos o #LosHombresTambiénValemos para desacreditar. Tu solidaridad con la lucha feminista se demuestra pensando dos veces antes de hablar y culpabilizar a una mujer por habitar horarios nocturnos, por la cantidad de sus tragos o la longitud de la ropa que le vino en gana utilizar.

Quejarte porque no te dejaron participar como a ti se te antojaba es igual o más absurdo e inútil que querer colaborar en la elaboración de un pay de limón y ponerse a pelar zanahorias. Es igual o más absurdo e inútil como que llegues a una boda vestido en traje de baño, no te dejen pasar y hagas tu berrinche en la puerta. ¡Separatistas! ¡Excluyentes! ¡Nazis con los malvestidos que no siguieron los acuerdos! ¿Tu lucha igual cuenta? ¡Nadie lo está negando! Pero es como ponerte a hacer berrinche porque te salió un uñero en medio de un temblor. A ver, ¡Tu uñero es importante y doloroso! Pero, CABRÓN, ¡está temblando! ¡Ahora mismo, no está padre que saques tu dedo gordo y lo muestres! ¡Si no vas a ayudar a que el avión despegue, despeja la pinche pista o no pases debajo del ala!

Con estas minimizaciones y comparaciones “superficiales” no pretendo reducir los eventos ocurridos, sino demostrar lo pueriles que me parecen sus argumentos. Si se solicita que vayas atrás o te mantengas al margen en una protesta política, ¿por qué chingados te urge demostrar, en ese momento, que se te excluye, si ya conoces las condiciones bajo las cuales opera la manifestación? ¡Las estamos matando, carajo! ¿Cuánto nos falta para darnos cuenta y dejar, al menos, de ser tan pendejos con nuestros comentarios?

DLA / 18 de septiembre 2017 / Mérida, Yucatán.

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