Tenemos que hablar de cómo escribes

Debo confesar que junio ha sido un mes muy bonito y que estoy contento por haber podido dedicarlo a lo que más me gusta: compartir espacios de clase, estudiar en comunidad, aprender enseñando. Uno de los contextos más propicios para este tipo de actividades ha sido el curso de escritura que imparto los miércoles. En vista de ello, quisiera expresar dos consideraciones y cuatro consejos breves para escribir “mejor”.

En primer lugar, me gusta decir que el acto de escribir no requiere de tantas APTITUDES como de ACTITUDES. A varias personas el solo hecho de pensar en crear un texto les aturde con una flojera inconmensurable, mientras que a otras les aterra no ser lo suficientemente “buenos” como para ser leídos. La actitud con la que enfrentamos la redacción es de suma importancia, pues de ella dependerá, en gran medida, la legibilidad del texto: qué tan bien esté escrito e incluso qué tanto “se deje leer”. 

En segundo lugar, me gusta pensar que no hay una receta para la escritura. Eso pienso: no hay UNA receta para escribir. Es verdad que existen manuales y metodologías especializadas para redactar “correctamente” pero, tal como sucede con la elaboración de los mejores platillos, los procedimientos deben adecuarse a tu personalidad, a tus ritmos y a tu creatividad. Después de conocer y poner en práctica los métodos de rigor, es momento de armar tu propia metodología, la que te funcione más y mejor. La que te permita tener una actitud más positiva a la hora de estar frente a la página en blanco.

A continuación, cuatro consejos breves en los que aplica el dicho de “ni están todos los que son, ni son todos los que están”:

  1. Recomiendo que, antes de escribir, consigas un pedazo de papel (sirven las servilletas moqueadas, las notas del Oxxo, las últimas hojas de libretas viejas que seguro tienen pendejadas y/o frases de amor) para realizar un pequeño esquema de cómo visualizas el texto. Anota todo lo que se te ocurra respecto al tema: recuerda que no es momento de juzgar las ideas. Alguna ocurrencia podría detonar un texto bien chingón. O no. 
  2. Cuando escribas, no le tengas miedo a la combinación entre lo público y lo privado: las personas somos curiosas. El hecho de expresar cómo se relacionan nuestras vivencias o nuestros gustos con el tema que abordaremos puede ser una buena estrategia para involucrar al lector. Así mismo, puede ser provechoso agregar la imagen de un joven sensual a fin de captar la atención del receptor. Dicen que en escala de grises funciona mejor.
  3. Procura que los párrafos de tu texto hablen del mismo tema y que conserven un tamaño parecido. Los tres párrafos que anteceden a esta lista tienen de 3 a 4 oraciones que se relacionan entre sí. Si no estuviera escribiendo en un blog, que requiere de una lectura más ágil, procuraría que se conformaran por hasta 6 oraciones conectadas.
  4. Por último, haz una pequeña lista de conectores lógicos y ejercítalos. Ya que domines los primeros, puedes hacer más grande tu listado. En este texto he marcado con azul las frases conectoras. Vigila que cuando utilices herramientas como “por un lado”, “por una parte” o “en primer lugar”, estén seguidos de “por otro lado”, “por otra parte” o “en segundo-tercer-cuarto lugar”. 

Nos seguimos leyendo,

Mérida, Yucatán a 29 de junio 2017.

David Loría Araujo.

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