Malos Perdedores

Por Hiram Octavio Piña Torres.

Trasladémonos a aquellos días en los que éramos niños y jugábamos fútbol, videojuegos –me sale lo millenial–, stop, etc., pues bien, siempre existía aquel que al finalizar el juego y habiendo perdido se enojaba, descalificaba y decía que todos eran unos tramposos, pataleaba y lloraba; pero bueno, éramos niños y “no pasa nada”, “ya se le pasará el coraje” decían los padres. No obstante, sí pasó algo, aquel conjunto de niños llegaron a adultos –al menos en lo fisiológico– y se convirtieron en ciudadanos.

El motivo que me llevó a escribir estas líneas ha sido el ver el nivel de ridiculez al que hemos llegado los mexicanos cuando de admitir que nuestras posiciones ideológicas no han logrado prevalecer sobre otras. Y me refiero tanto a la clase política y ciudadanía, a los cuales les basta utilizar calificativos cuyo alcance no logran comprender para descalificar a cuanto se le enfrenta, algo que no podemos permitirnos en una democracia liberal como a la que aspiramos. Ajá.

Durante los últimos años sin importar colores, en que hubiera parecido haberse logrado la consolidación de la democracia, los partidos y ciudadanos han recurrido a la práctica de acusar una vez transcurrido el proceso electoral fraudes, incompetencia de las autoridades electorales, comisión de delitos por quien venció el día de la jornada de votación, entre otras tantas acusaciones que sólo acaban por menoscabar la reputación del sistema que ellos mismos han creado. Resulta increíble que el mismo creador sea quien quiera destruir a su Frankenstein, bueno, no tanto ¿cierto?

 

 

FRAUDE

Si bien cuando uno decide participar en algo se supondría que es sabedor de las reglas, pareciera que ni siquiera los casi 50 mil millones de pesos destinados a los partidos en los últimos once años han alcanzado para pagar un abogado que les explique al menos lo que es el principio de legalidad o cómo funciona el sistema The First Past the Post. ¿Por qué lo digo?, pues porque elección tras elección todos los partidos le piden al árbitro electoral que haga cosas que no tiene permitido o cosas que no corresponden a nuestro sistema electoral.

Ejemplos sobran, el más emblemático: aquel personaje de izquierda que no supo plantear su inconformidad en 2006[1] y ha venido acusando a las instituciones y a los ciudadanos que participan de ser una bola de corruptos cada que se le niega el triunfo. Pero bueno, qué opinarían de un partido que gana una elección por 25mil votos un año y lo considera una elección donde el “pueblo” se expresó, y al año siguiente que pierde por 30mil, dice que se trató de una elección de Estado y va con el Secretario General de la OEA a denunciar que se transgredió la democracia; pero qué decir de otro partido que decidió impugnar los resultados de una elección que perdió por casi 10%. No piensen mal, me refiero a los de azul y a los tricolores.

El problema no es que decidan acudir ante la autoridad para inconformarse sino los argumentos que presentan, a casi veinte días de celebradas las últimas elecciones en nuestro país,  no me sorprendería que nuevamente se repitiera la historia de malos planteamientos, falta de pruebas y señalamientos en contra de la autoridad electoral.

Pero la culpa también es de esta última, como dice el refrán “no basta poner el huevo, hay que cacarearlo”, o mejor dicho, no basta con que actúe sino con que exponga los motivos de su razonamiento. ¿Otros culpables? La ciudadanía misma que no lee y deja de informarse, que se deja llevar por aquello que quiere escuchar y leer, y no por los hechos aunque indiquen lo contrario.

Quizás soy un necio por seguir con un tema que a muchos les resulta ocioso, pero tal vez ayude en algo a combatir la nula cultura política existente. Creo en un modelo de democracia donde aquello en que no creo, pueda imponerse en el debate, y viceversa. Siguiendo a Sartori, y estirando la liga: cuidado con los enemigos de la democracia.

 

[1] Sobre el tema véase Orozco Henríquez, J.J., “Judicialización de los procesos electorales”, en México: Democracia y sociedad. Más allá de la reforma electoral, México, 2013

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