EEEEEEEEHHHH LEFANTE

Toda mi vida me han llamado puto. Crecí siendo blanco de esa ofensa junto a todos mis compañeros de escuela en invariables ocasiones. A veces como último (y único) recurso ofensivo en discusiones sin sentido, otras como fiel discriminación ante demostraciones de debilidad o “falta de masculinidad”. La realidad es que jamás me lo tomé como un insulto homofóbico, probablemente porque no soy gay, pero cuando creces y adquieres más conciencia de la realidad humana, la cosa cambia.

Ante el ultimátum de la FIFA a la Federación Mexicana de Futbol debido al grito profanado cada vez que el portero rival despeja el balón durante partidos del Tricolor, y como acérrimo seguidor de este bello deporte, me veo en la necesidad de tocar el tema.

Por un lado, y desde mi cercanía al fanatismo futbolero que me acompaña así como a muchas personas de mi círculo social, en primera instancia no me parece que el grito tenga una intención homofóbica, es decir, no se le está queriendo decir al portero rival homosexual, como tampoco en su momento, durante los ratos de “bullying” con los amigos, se me quería etiquetar de lo mismo. Es simplemente una especie de jerga motivacional para la afición, la cual busca hacerse sentir en el estadio, “pesar” en el ambiente por decirlo de alguna manera.

Sin embargo, eso no justifica que el concepto de la palabra utilizada no cambie a pesar de la intención y que para muchas personas incluyendo, por qué no, a fanáticos homosexuales, les cause malestar o se sientan ofendidos ante el acto. A fin de cuentas, la palabra ha permutado notoriamente en una designación peyorativa de la persona gay como mencioné anteriormente, en especial durante situaciones que aparentan poca masculinidad.

En mi opinión como aficionado del futbol por un lado y amigo/familiar de personas pertenecientes a la comunidad LGBT por el otro, creo que no tengo ningún reparo en censurar el grito para mi persona si ello puede fortalecer un poco más la lucha de igualdad emprendida por ellos. Si bien la FIFA se encuentra en una situación delicada ante los conflictos gubernamentales de Rusia (sede del próximo mundial) con las personas homosexuales y eso podría ser el mayor motivo por el cual ha decidido tomar medidas tan drásticas como detener encuentros, impedir la clasificación de México o restarle puntos, me parece que es una ocasión idónea para quitarnos un muy mal hábito: el creer que la cultura popular está por encima de los valores humanos.

Dejar de gritar puto con el fin de salvaguardar la dignidad de una minoría que ya de todas formas tiene muchísimas luchas todos los días por vivir en un país machista es colocar un pequeñísimo grano de arena en la consecución de una mejor sociedad. Y de paso, nos libramos de sanciones ejemplares por parte del organismo deportivo.

Mejorar al deporte se logra mejorando la deportividad. Una carencia total en nuestro contexto futbolístico, no solo por el famoso grito, sino por cuestiones lamentables como chiflar durante el himno nacional de ciertos rivales, arrojar a la cancha botellas u otros objetos y las incontables broncas en estadios. Si amamos el futbol, por favor demostremos que estamos a su altura.

Y si de gritos y arengas para levantar el ánimo de nuestros seleccionados se trata, nada mejor, repito, nada mejor que cantar el Cielito Lindo a todo pulmón.

 

Gallo Molina

Nos leemos en Twitter: @gallo_molina

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