ANÁLISIS RETÓRICO DE “LA CABAÑA”

La Cabaña, libro escrito por William Paul Young, apareció en mi vida en un momento al que yo denominaría “oportuno”.

Fue durante una época en la que varios de mis paradigmas, especialmente los religiosos, estaban cambiando. La obra no vino a voltearme el panorama, pero sí ayudó a reforzar muchas ideas nuevas que habían comenzado a crecer en mi interior respecto a la imagen que tenía (y que ahora tengo muchísimo más afianzada) de Dios.

En este texto tengo la intención de dedicarle unas letras a la película, ya que me parece logró transmitir mucho mejor el sentimentalismo y propósito que tiene originalmente el libro (podría decir que por primera vez me gustó más la película que el libro, generalmente suele ser al revés). Si no la han visto y planean hacerlo inserto aquí la advertencia: CONTIENE SPOILERS.

Una vez aclarado esto, me remito a comenzar el análisis.

Normalmente para mí, analizar una película significa desmenuzarla en varios aspectos como lo son el guion, fotografía, actuaciones, efectos especiales, trama, ritmo, etc. Pero en esta ocasión no pretendo analizar los elementos cinematográficos, ya que, en pocas palabras, es una película “equis”. Sin embargo, el contenido me parece digno de un elefante. Aclaro, no es nada que posiblemente no hayamos pensado antes, pero la virtud de la película es mostrarlo de manera gráfica y fresca. Como diría Jesús, “vino nuevo en odres nuevos”.

La trama, en muy pocas palabras, aborda el proceso de duelo y posterior depresión por parte de Mack, un padre de familia que vive el secuestro y asesinato de la más pequeña de sus tres hijos (Missy) durante un campamento familiar. Después del horroroso evento, Mack termina “peleado” con Dios, culpándolo a él y a sí mismo de lo sucedido. Cuando ha decidido sacar a Dios de su vida, llega una misteriosa nota a su buzón invitándolo a ir a la Cabaña en la cual se halló la ropa ensangrentada de su hija, último vestigio de su existencia.  Como podrán imaginar, Mack acepta la invitación.

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Una vez que llega a la Cabaña, se encuentra con tres personajes: Papá, Jesús y Sarayú (Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo respectivamente).

Me pareció sumamente grata la manera de representar a esta Santísima Trinidad: de forma humana. Y no solo eso, sino también rompiendo con ciertos moldes o estereotipos bastante usados. El exponer a Dios Padre o Papá como una mujer cuarentona, gorda (sin el afán de ser peyorativo) y afroamericana, de esas que suelen liderar en los coros de góspel e interpretada en la película por Octavia Spencer, me pareció genial. No solamente por la cuestión del género sino por la vivacidad del personaje que nos remite a un dios alegre, maternal, que disfruta de la vida.

Jesús es, literalmente, un hombre árabe (rasgos como la nariz, pelo, color de piel) de unos treinta años, no el individuo occidental de ojos azules que generalmente nos presentan muchas imágenes. Por increíble que parezca, a pesar de conocer geográficamente el territorio en el que vivió el Jesús histórico, nunca me lo había imaginado con estas características físicas de la región. Se presenta amigable, dinámico, apasionado. Me encantó verlo más como un joven idealista que como una especie de maestro zen.

Y Sarayú es una mujer joven asiática, delgada y con expresión jovial.  Dedicada al trabajo de jardinería, experta en botánica y sumamente sensible. Hablará del caos al referirse a su jardín, haciendo una analogía perfecta de la diminuta visión que tenemos de nosotros mismos, pero cómo Dios nos mira desde otra óptica (cuando el jardín-caos es visto desde arriba, se percibe la perfecta simetría que lo compone).

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Las facetas de un dios (Papá) que baila, canta, escucha música desde un reproductor mp3 y hace chistes me parecieron, incluso en pleno 2017, novedosas. La maternidad que refleja con Mack al expresarle su preocupación, su atención y su paciencia son sendas expresiones de una madre con su hijo, lo cual sin duda mueve bastante el paradigma del dios-hombre al que normalmente somos remitidos debido a la historia y a un bagaje machista en nuestra Iglesia. Ver a dios en una mujer, con vestidos llamativos y representado a más de una minoría, crea en la película una atmósfera distinta, lo cual me parece es una de las claves para desprendernos poco a poco de ideas tan arraigadas como las de un dios lejano y en nada parecido a lo humano.

El dios que plantea La Cabaña es un acompañante de la vida. No quiere prisioneros sino personas que se relacionen mutuamente con él/ella. Invita a Mack a ayudarle en la cocina. Amasan el pan, elemento simbólico de toda la tradición e historia judía, y mientras tanto (era lógico) el protagonista cuestiona duramente a Papá por la muerte de Missy. En medio de la molestia, Mack soltará la frase:

-Tienes la mala costumbre de darle la espalda a los que se supone que amas (hablando claramente de Jesús).

-El amor siempre deja una huella.

Le contesta Papá enseñándole los estigmas de sus muñecas.

Interpreto en este diálogo la idea de un dios que no es inmune al dolor humano, sino que lo sufre como cualquier padre/madre, como si fuéramos su propia carne.

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Mi escena favorita de la película es la cena, en la que los cuatro personajes (Mack y la trinidad) comparten la mesa. Comen, beben y platican sobre la vida del invitado preguntándole por su esposa, hijos, el trabajo. Es un pasaje que a mí me hubiera gustado vivir.

Durante el mismo, y ante el escepticismo de Mack respecto a la omnisciencia de dios, plantea el cuestionamiento de que no importa lo que diga, ellos (la trinidad) ya saben de lo que hablará. La respuesta por parte de Sarayú me pareció enternecedora: “Elegimos escuchar todo lo que tienes que decir como si fuera la primera vez. Nos encanta conocer a tus hijos a través de ti”.

Si bien Dios ya tiene una noción bastante profunda de nuestras vidas, eso no le impide querer escucharlo desde nuestra visión. Precisamente contarle sobre nosotros es a lo que llamamos orar.

El estereotipo del “dios castigador”, aquel que se enoja de manera iracunda y busca vigilar, enjuiciar y sentenciar a los seres humanos también es expuesto en la cinta. La visión de Papá es distinta:

-Y tú, ¿no te enojas? -pregunta Mack-

-¡Claro! Como cualquier padre.

No se inhibe el hecho de que incluso dios, cuya naturaleza es el amor, se enoje, frustre o se ponga triste, pero siempre desde la perspectiva de un padre-madre, es decir, desde ese amor innato. El concepto de un dios que “trabaja por nuestra vida” se introduce en la historia casi a manera de plegaria, no por parte del mortal sino por parte del ser superior que parece aclamar “déjame ser parte de tu vida”.

Sin duda uno de los momentos más significativos de la película y en el cual cobra sentido la invitación de Dios a la Cabaña es la intervención de una versión humana de la Sabiduría, la cual cuestiona duramente a Mack sobre los juicios que como personas comunes y corrientes tenemos ante ciertos estereotipos de la sociedad. Por ejemplo, ¿merecen el infierno los traficantes de drogas, los homicidas, secuestradores, violadores y criminales? Mack contesta que sí, y la Sabiduría le muestra el contexto de una de estas personas, su padre, el cual lo golpeaba cuando era niño, así como él había sido golpeado también en su infancia. Ante la falta de conocimiento del pasado y lo cual desencadena el pecado en estas personas, la película nos arroja a la silla de jueces, dictaminadores de quien merece la salvación y quien no. Mack es puesto a prueba en este sentido enfrentándose a una disyuntiva en la cual ningún padre quiere estar: tener que elegir entre los dos hijos que le quedan, enviando a uno al infierno y a otro al cielo. Su amor paternal no le permite elegir, y para mí esta ejemplificación es la manera perfecta de ponernos en el lugar de Dios a la hora de adjudicarle un papel de juez imparcial al que se le hace de lo más fácil condenar a unos y salvar a otros. Todos y todas somos sus hijos e hijas, él no puede elegir nuestro destino, pero si hemos de elegir el pecado, la falta de amor y de ser amados, obtendremos en él (pecado) nuestro propio castigo.

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Se alcanza el clímax ante una de las enseñanzas que predicó Jesús: “ama a tus enemigos”. Dios pide el perdón del asesino de Missy y Mack arranca en cólera. No puedo imaginarme un reto tan grande de confianza en Dios como el poder realmente dejar el odio, la ira y frustración para mirar con amor a quien te quitó lo que más amabas en el mundo. El momento está enmarcado por la recuperación del cuerpo de Missy en una cueva y por la transformación de Papá de la mujer afroamericana a un anciano con características de nativo americano. “Para lo que haremos hoy necesitarás de un padre” le dice Papá a Mack mientras este lo mira extrañado ante el cambio de forma. En este último fragmento del guion se retrata algo sumamente preciado de nuestro Dios Todopoderoso: se adapta a nosotros y lo que necesitamos en cada momento. No es estático. Nos acompaña según nuestro propio proceso sin el afán de ser invasivo. Espera ser invitado. Y no nos la pone fácil, porque si bien es empático en nuestros momentos de mayor sufrimiento, no puede permitir que el dolor ocupe toda nuestra visión de la vida, y que por ello olvidemos que somos muy amados.

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La travesía de Mack por la Cabaña termina con el funeral de Missy en un ataúd hecho por el mismo Jesús (carpintero/artesano) 010-the-shackenterrado en el jardín que cuida Sarayú (el aliento de la vida). Antes de que Mack decida regresar a su cotidianidad, se dirige a ellos tres diciendo: “Cuando vuelva a casa quiero tenerlos en mi vida”. Me parece que en esa frase se engloba la intencionalidad de la película en cuanto a nuestro papel como cristianos: tener una relación con Dios padre-madre, hijo y espíritu, involucrarlos en cada aspecto de nuestras vidas y encontrarlos en los otros y otras, que también sus hijos y eso nos hace hermanos, en la naturaleza, en nuestras pasiones y sentimientos. Hacerlos parte significa que no nos toca ser los jueces, sino perdonar aunque parezca imposible, sentirnos amados, tener la noción de que le apasionamos muchísimo y sobre todo que, ojo, Dios con todo lo que es y su infinito poder, extensión y superioridad, quiere ser parte de nuestra fragilidad humana.

 

Gallo Molina

Nos leemos en Twitter: @gallo_molina 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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2 pensamientos en “ANÁLISIS RETÓRICO DE “LA CABAÑA”

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