GALLO Y LA ALEGORÍA DE LA CAVERNA EN EL SIGLO XXI

Hola amigos, como pueden darse cuenta, no morí en mi intento de pasar una semana sin redes sociales.

De hecho, puedo decir que “viví” más, lo cual explicaré en los siguientes párrafos. Aclarando de una buena vez que no las descalifico, satanizo ni los exhorto a abandonarlas, en resumen, este no es un post chairo ni mucho menos. Lo que sí pretendo es traerles buenas nuevas desde fuera de la caverna. ¿Pensaron que por ser el primitivo incomunicado sería yo el que se hubiera aislado al no participar en el ciberespacio? Se equivocan.

Para explicar mi proceso me remitiré a la alegoría de la caverna descrita por Platón, en la cual el filósofo intenta explicar cómo se da el conocimiento por parte de los seres humanos a través de los sentidos y la razón.

“Imagínate a unas personas que habitan una caverna subterránea. Están sentadas de espaldas a la entrada, atadas de pies y manos, de modo que solo pueden mirar hacia la pared de la caverna. Detrás de ellas, hay un muro alto, y por detrás del muro caminan unos seres que se asemejan a las personas. Levantan diversas figuras por encima del borde del muro. Detrás de estas figuras, arde una hoguera, por lo que se dibujan sombras contra la pared de la caverna. Lo único que pueden ver esos moradores de la caverna es, por tanto, ese «teatro de sombras». Han estado sentados en la misma postura desde que nacieron, y creen, por ello, que las sombras son lo único que existe. 

Imagínate ahora que uno de los habitantes de la caverna empieza a preguntarse de dónde vienen todas esas sombras de la pared de la caverna y, al final, consigue soltarse. ¿Qué crees que sucede cuando se vuelve hacia las figuras que son sostenidas por detrás del muro? Evidentemente lo primero que ocurrirá es que la fuerte luz le cegará. También le cegarán las figuras nítidas, ya que, hasta ese momento, solo había visto las sombras de las mismas. Si consiguiera atravesar el muro y el fuego, y salir a la naturaleza, fuera de la caverna, la luz le cegaría aún más. Pero después de haberse restregado los ojos, se habría dado cuenta de la belleza de todo. Por primera vez vería colores y siluetas nítidas. Vería verdaderos animales y flores, de los que las figuras de la caverna solo eran malas copias” (Gaarder, 1991). 

Al final de la historia, el hombre libre se acuerda de sus compañeros y baja a la caverna a contarles que hay un mundo real fuera de ella. No le creen y lo matan. Fin.

El cuento de la caverna representa de una manera muy visual lo que experimenté. La caverna vendría siendo el mundo de las redes sociales, el espacio que ocupan Twitter, Instagram, Snapchat y Facebook (redes sociales que eliminé durante esta semana). El tiempo que pasamos en nuestras timeline según la red en cuestión, o en el caso de Snapchat checando historias, es el tiempo que pasamos dentro de la caverna, observando una “realidad” que si bien no es falsa, es incompleta. Las fotografías, videos, boomerangs (no deberían de existir esas cosas), tweets, comentarios, etc. son tan solo copias de expresiones nuestras. En ocasiones muy realistas y en otras completamente modificadas para nuestro beneficio según el contexto, tiempo y lugar.

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El problema de esta falta de realidad, al igual que la caverna, es que nos somete a un lugar oscuro y limitado, el cual nos vuelve ansiosos. Para explicar la ansiedad la ejemplificaré con estos ejemplos de la vida real:

“No sé qué foto subir ni que filtro poner, pero tengo que subir algo”

“Por favor, borra esa foto, salgo horrible”

“¿Por qué me dijo que no saldría hoy y sube una historia de que sí?”

“Me molesta que tuiteen cosas burlándose de mi equipo”

“¿Por qué tuitea todo lo que hace?”

“Me encabronan sus post en Facebook, son súper retrógradas y machistas”

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“¿Por qué yo no tengo planes nunca y él/ella sale todos los fines de semana?”

“No puedo con esta persona que está en contra del movimiento LGBT”

“Ya me harté de ver sus fotos pero si la/lo elimino me voy a ver muy ardido/a”

“Se ve que estuvo buenísimo y yo aquí en mi casa aburrido/a”

“¿Por qué nadie me dio rt ni like?”

“Odio que se quejen de las fotos que subo o de que tuiteo mucho, ¿por qué dejo que me afecté lo que opinan los demás?”

“Cada vez que publica algo esta persona se cree parido por dios, me caga”

 

Y la lista podría continuar…

Esa es la caverna a la que nos sometemos (voluntariamente, cabe aclarar) cada vez que nos sumergimos de manera demasiado profunda en nuestras redes sociales: la cueva de la ansiedad.

Para mí, esta semana fue como salir de la caverna y descubrir, como lo cuenta la alegoría, el mundo real, aquel en el soy yo y no puedo saber más del exterior excepto si lo descubro por mi mismo sin necesidad de una pantalla. ¿Qué de bueno me trajo esto? Les cuento:

Ventajas de vivir sin redes:

  1. La batería de tu celular dura más.
  2. Prácticamente, los tiempos de ocio se limitan a acostarte 2 minutos a mirar el techo y levantarte a hacer algo porque no tienes con qué entretenerte. Por lo que aprovechas el tiempo de una manera brutal. No necesariamente por voluntad propia sino porque no te queda de otra.
  3. Te limitas a vivir la vida según lo que va ocurriendo en tu realidad, ya que no tienes acceso a la vida de las otras personas. Esto es extremadamente sano, te concentras mucho más en lo que estás haciendo, por lo que resuelves problemas o reflexionas más acerca de lo que haces al no estar comparándote o deseando vivir/hacer lo que otros viven/hacen.
  4. Es efectivo frente a los siguientes pecados capitales: soberbia (evitas comparaciones), envidia (no sabes qué hace el mundo), ira (no te enojas por lo que otros publican), pereza (ver punto #2).
  5. Atacas a la ansiedad eliminándola desde su raíz. No te enteras de lo que sucede, por lo tanto, no lo piensas, no lo sufres, no te enojas.
  6. Arma poderosísima para evitar el overthinking. 

Hasta este momento pareciera que las redes sociales son del demonio, y es que a veces lo son, pero solo por el mal uso que les hemos dado. Así como experimenté todas estas ventajas, también hubieron sus problemas:

Desventajas de vivir sin redes:

  1. Literalmente te aíslas del mundo y no te enteras de lo que sucede. Por ejemplo, no me enteré de lo que pasó en la UNAM hasta que leí el post de Lau el lunes. Twitter es mi mayor fuente de información ya que no leo el periódico impreso, por lo que realmente no sabía qué estaba pasando en México.

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    Sin redes sociales jamás me habría enterado de quién es este señor (Pedro, me pongo de pie, Kumamoto).

  2. Los tiempos de espera se vuelven interminables. Las redes sociales son perfectas para entretenerte cuando tienes que esperar, ya sea el camión, el Uber, al doctor, un trámite, o a una persona. Es cierto, está padre pensar los primeros cinco minutos, pero después te vuelves loco.
  3. No te enteras de acontecimientos importantes sobre las personas que quieres o no puedes compartir los tuyos. A veces es muy sano poder mostrarle al mundo lo que te apasiona o lo que amas.
  4. Pierdes “fueguitos” en Snapchat (esto puede provocar rupturas y enemistades).

 

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En conclusión, sí, volveré a las redes, pero después de estos días lo haré desde otra óptica. Más tranquilo y menos ansioso, sin la necesidad de checar lo que sucede cada dos minutos, sin el auto-castigo que supone verte reflejado en cómo los demás viven sus vidas y siendo más consciente de que la única “historia” por la que vale la pena preocuparme es la mía. Publicando exactamente lo que me dé la regalada gana, les guste o no. Siguiendo únicamente a aquellos/aquellas que no determinen mi humor según sus publicaciones. Intentando escribir menos sobre los demás. Intentando publicar menos, en general. Intentando desprenderme de mi celular el mayor tiempo posible.

Está padre vivir fuera de la caverna, aunque sea unos cuantos días. Súper recomendado.

 

Gallo Molina

Ahora sí, nos leemos en Twitter: @gallo_molina 

 

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