VIVE Y DEJA… ¿DE PENSAR?

El tema de las misiones y actividades de Semana Santa ya es cosa del pasado, como los besos en la boca, el parchis y el gallinazo (gracias a dios).

Peeeeero, hay algo que nunca pasará de moda y de lo que es muy necesario dialogar: el pensamiento.

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Aquí, en su blog y maquinaria del mame predilecta, nos encantan dos cosas. La primera es poner sobre la mesa aquellos elefantes (temas) de los que nadie quiere hablar por incomodidad. La segunda, dar nuestra opinión o análisis sobre temas que otros sacaron a la luz pero que son relevantes en nuestro entorno social.

Quiero aclarar que, como menciono en la primera cuestión del párrafo de arriba, mi única intención es poner sobre la mesa (de esta sala) algo que he observado. No pretendo tener la razón, imponer mis ideas ni descalificar las de otros. Tampoco pretendo generalizar, incluso aunque para fines prácticos abarque a todo un grupo de personas (si no te viene el saco no te lo pongas papi/mami). Para que luego no salgan con (léase con voz de chairo): “Maldito ególatra, impositor de ideas, déjanos ser”. (“Impositor” está apropósito mal utilizada en la oración anterior).

Aclaro también que no daré mi opinión respecto al tema de las misiones y actividades de Semana Santa, porque ya la di y ya pasó de moda.

Primero, el contexto. Este año en particular, el tren del mame decidió cargarse el tema antes mencionado, lo cual generó varias posturas o bandos. Por un lado tenemos a los misioneros, que lógicamente defendieron su actividad apostólica. Por otro tuvimos a los “críticos” que expresaron una opinión, valga la redundancia, crítica al respecto. Otros, pocos dentro de lo que yo percibí, fueron detractores o “haters” de dichas actividades.

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Vamos aclarando algunas cosillas:

-Ser crítico no es lo mismo que ser detractor

Criticar es examinar y juzgar según nuestras propias experiencias, observaciones o bagaje cultural. Eso fue exactamente lo que hizo mi compañera poetiza hipster Laura Bates con su texto “Prostitución apostólica”, por mencionar un contenido. En ningún momento mencionó “No se vayan de misiones”, así como muchos críticos tampoco lo hicieron con sus diferentes análisis. Otra cosa es que tú como lector misionero (o no) te hubieras tomado alguna crítica como un categórico “LO QUE HACES ESTÁ MAL”. Si ese fue tu caso tienes problemas de comprensión lectora.

-¿Ser misionero? Sí, pero con conciencia

Repito, nadie que haya ofrecido una crítica bien argumentada del asunto se habría atrevido a sentenciar que toda actividad apostólica durante la Semana Santa es mala o que no debería de llevarse a cabo. El problema es cuando uno lee una crítica y se siente automáticamente atacado por ella. Es curioso, ya que no me tope con ningún misionero que argumentara algo que no fuera “Vive y deja vivir”, “Pinches haters, dejen ser” (refiriéndose a los críticos), o tweets como:

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Bajo esos comentarios, ¿criticar está mal? Entonces tal vez deberíamos de dejar de criticar al gobierno, a las empresas, a Trump… A PEÑA NIETOOOO. ¿No? ¿O las actividades de Semana Santa son intocables? El problema radica en el poco discernimiento entre un crítico y un hater.

¿A qué voy con la falta de argumentos? A que la mayoría de críticas que leí al respecto estaban bastante bien fundamentadas a comparación de los comentarios o tweets como los citados arriba. Muchas de las opiniones vienen de personas que no solo han vivido la experiencia con anterioridad (me incluyo), sino que también han leído libros, artículos o han platicado con expertos sobre el tema (también me incluyo) lo que los ha llevado a tener una visión más amplia de las cosas y, de nuevo, una opinión crítica y fundamentada del asunto. Lo único que se busca con ello es enriquecer el diálogo. Abrir un debate no es sinónimo de pelea, tener una opinión contraria a la de la mayoría no es sinónimo de hate.

Por lo que, si vamos a llevar a cabo un proyecto, llámese misiones, apostolado o voluntariado, estaría padre estar informados, tener conciencia de lo que haremos y, sobre todo, ser críticos con nuestras propias acciones y maneras de pensar.

-Se vale la crítica, pero con respeto

Es cierto, no toda crítica se realiza de buena fe. En muchas ocasiones la soberbia destruye la aportación pacífica al asunto y el diálogo se transforma en competencia para determinar quién tiene la razón. No se trata de eso sino de aportar lo que pensamos para que cada uno pueda discernir en su propio proceso. ¿Quieres saber diferenciar a un hater de un crítico? El hater no argumenta, ataca.

-Desmitificando el “Vive y deja vivir”

Definitivamente estoy de acuerdo con esta frase. Como sociedad deberíamos de permitir que las personas realicen todo aquello que las ayude a su desarrollo y plenitud, pero esto no es mutuamente excluyente con el pensamiento y la reflexión. (Una buena amiga me comentó que es muuuuy curioso como muchas de las personas que utilizan la frase están súper de acuerdo cuando se trata de no criticar, menospreciar o anular actividades apostólicas pero cuando se trata de los derechos de ciertas minorías ahí no aplica… ) (Amiga, tú sabes quién eres).

No podemos pasarnos la vida tapándonos los ojos, la boca y los oídos diciendo “No me hagas pensar. No me critiques. No me cuestiones. Lalalalalalala no te oigo soy de palo”. Sería ridículo y hablaría de una falta de inteligencia cañona.

Con esto no estoy diciendo que entonces toooodos los misioneros que no argumentaron nada sean personas poco inteligentes (eso sí sería mame, pa’ que vean). Lo que digo es que, al no entrarle al debate, prefirieron quedarse en la comodidad de pensar que… o mejor dicho, no pensar. Lo cual es perfectamente válido, pero no hay crecimiento. Antes de sentirse juzgados o atacados por la crítica, estaría padre que se detuvieran un momento a pensar: ¿por qué esta persona esta opinando tal o cual cosa? ¿Desde qué perspectiva lo dice? ¿Qué tiene que ver conmigo o con lo que yo hago? ¿Qué de provechoso puedo sacar de lo que dice?

Si dejan a un lado por un momento la actitud de “No me cuestiones” se darán cuenta de que la mayoría de críticas tenían la intención de hacer pensar y replantear muchas de nuestras prácticas para mejorar y que sean aún más enriquecedoras. Es tan incorrecto decir “No te vayas de misiones porque está mal” como “Las misiones no tienen ningún defecto y son perfectas”.

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Para finalizar, dos cositas:

1- Si no te gustan los debates que se generan en las redes sociales o que critiquen lo que haces (aunque sea con buena intención) te recomiendo dejar de seguir a la persona, aunque considero que estarías perdiendo la oportunidad de ampliar tu visión a otros puntos de vista y no quedarte únicamente con la tuya, que sea como sea, siempre será limitada. (También puedes dejar de “seguir” en Facebook para no ver las publicaciones de dicha persona peros seguirán siendo amigos. ¡Una maravilla!).

2- Para que luego no digan que se critica sin proponer, yo les propongo:

A todos los que participen en actividades religiosas durante la Semana Santa en comunidades rurales les recomendaría leer sobre monseñor Óscar Romero (arzobispo salvadoreño) o Samuel Ruiz (obispo defensor de los derechos de los pueblos indígenas en Chiapas). También recomiendo un libro llamado San Pueblo sobre espiritualidad campesina.

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A los que les gusta generar debate o crítica por redes sociales les recomendaría hacerlo siempre desde la intención de ayudar o promover el diálogo. Siempre desde el respeto, hasta para la señora del post del paliacate.

A los haters que declararon “Pinches faroles que se van de misiones a presumir, mejor no se vayan” o “Pinches criticones, dejen ser a la gente” les diría que tienen todo el derecho a decir lo que quieran, nada más cuiden su hígado y el de los demás.

 

En conclusión, sí, vivamos y dejemos vivir, pero nunca sin pensar, reflexionar, dialogar u opinar. No demos las cosas por sentado solo porque “siempre ha sido así”. Innovemos desde nuestra propia autocrítica, el respeto al otro y la comunicación para enriquecernos.

 

Gallo Molina

Nos leemos en Twitter: @gallo_molina

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Un pensamiento en “VIVE Y DEJA… ¿DE PENSAR?

  1. Pingback: ¡Mi paradigma, idiota! – EL ELEFANTE EN LA SALA

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