A la luz de la luna

Se oculta el sol y la calma llega, la brisa marina es mi compañera y mi música de fondo, aquella que apacigua los sonidos de un día que se termina.

Una de las ventajas que tenemos de vivir en Mérida es la cercanía de la playa. La facilidad de poder decir “vamos a nadar”, “vamos a comer mariscos”, incluso en la noche ir a caminar al malecón, si la vida te sonríe y tienes el tiempo de escaparte, tal vez irnos un poquito mas lejos.

La idea principal es la misma, relajarse y cambiar de ambiente. Jugar cartas con la familia, ir a la feria un rato o visitar a un amigo que se quede cerca. Con el tiempo, y si la edad lo permite, ir a los antros. Aunque honestamente no es lo mío, recuerdo y creo que es hasta la fecha, que para poder entrar era siempre una odisea, personas achocadas rogándole al cadenero, preocupándote de que todos tus amigos entren, pagar un cover a veces un poco exagerado para los hombres y solo como “a consumo”, pagar un botella y finalmente medio bailar si el espacio o la música lo permiten.

El alcohol es un requisito peligroso, ya que playa y cerveza parecen ser una excelente combinación. Año con año la lucha eterna después de “¿quiénes contribuyen con la cuenta?” Resulta que para divertirse se tiene que beber y conseguir chofer o conductor designado no siempre es algo de lo que nos preocupamos anticipadamente.

Los excesos salen a la luz de la luna, esta juventud tan libre y despreocupada por los límites controlan la noche.

La playa siempre será un lugar hermoso para distraerse y escapar, dependiendo de tu edad y estatus social se determina qué tipo de temporada vives. A veces el trabajo ni siquiera permite que la pises ni 5 minutos.

Seamos conscientes que al final nosotros simplemente somos invitados, nos creemos dueños de la tierra pero la realidad es que solo nos pertenece durante “temporada”, hacemos nuestro desmadre y nos vamos. La consecuencia no la vemos nosotros si no los lugareños. Basura en el mar y en la arena, naturaleza destruida, fogatas furtivas, animales lastimados, fluidos corporales por todos lados y cientos de accidentes.

Espero que con cada año que pase seamos más conscientes de nuestros excesos y que no se pierda el sentido de convivencia familiar, y si se puede un rato con los amigos.

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