Survivor: outed as transgender

Voy a salir de otro clóset: soy muy fan, desde hace mucho tiempo, del reality show estadounidense Survivor.

Aquél en el que un grupo de aproximadamente 20 personas compiten por ganar 1 millón de dólares por permanecer 39 días en una paradisíaca pero desierta isla. He visto muchas de sus temporadas, estado al borde del grito en sus eliminaciones, e incluso he ideado juegos para mis amigos con base en las pruebas físicas o de destreza mental del programa. El complot, las alianzas y las traiciones son la base del show, pero este miércoles, mientras veía el sexto episodio de la temporada 34, me sorprendí más que otras veces. En el Tribal Council (proceso en el que se vota al eliminado al final del capítulo) el concursante Jeff Varner reveló, frente a millones de televidentes, que su compañero Zeke Smith era un hombre transgénero. Después de una serie de disculpas y justificaciones, Varner fue eliminado del programa. 

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A muchas personas -más a quienes dirigen las productoras televisivas- les gustan los reality shows hasta que se vuelven verdaderamente reales. No obstante, la cadena gringa CBS decidió transmitir el episodio entero, sin editar la forma en que Varner saca a Smith deliberadamente del armario. En una entrevista posterior, Zeke dijo que no había revelado a la producción su identidad porque no quería ser mercantilizado como El participante transgender de Survivor. Simplemente quería competir, como todos los demás. Y que en ese momento lo único que quería era huir, correr lo más rápido posible. ¿Qué tipo de entorno estamos construyendo como sociedad para que una persona trans, gay, queer, intersex se vea impulsada por la necesidad de escapar? ¿Es nuestra sociedad una cárcel más grande que el clóset? Aunque me gustaría pensar que no, casos como el de Chechenia, donde ya existen campos de detención y tortura para personas homosexuales (aquí una noticia de El mundo) hacen tambalear mis esperanzas. En menor medida, las condiciones en México son todavía agresivas. Como he dicho antes en otros Elefantes, son muchos y muchas los que permanecen en el secreto para evitar lágrimas, justificaciones, sentimientos de culpa, explicaciones innecesarias e incluso, la destitución de un apoyo económico por parte de sus padres.

Ver el episodio me hizo pensar en las veces en que las personas nos tomamos la licencia para sacar a alguien del armario, ya sea para poner en duda algún aspecto de su sexualidad, sin realmente saber a ciencia cierta, o para exponer una verdad que se nos ha confiado o de la que nos hemos enterado. De ello quiero hablar en este Elefante de viernes.

Sé de muchos casos de este tipo, al menos en Mérida. Confieso que mi lengua larga ha sido parte de algunos de ellos y pido perdón con mucha vergüenza si en algún momento expuse información que no me correspondía. Asumo mis contradicciones y mis metidas de pata. Conozco, muy de cerca, dos casos que puedo citar: Una persona a la cual siempre consideré gay decidió experimentar una relación con una mujer; y una persona siempre considerada como hétero, ahora tiene prácticas bisexuales. En el primer caso, las críticas no se hicieron esperar: ¿cómo va a ser? ¡No te quieras engañar! ¡Si tú eres gay!, y en el segundo parecía necesaria una rueda de prensa o un post en instagram con un caption revelador, para que la persona se definiera, para que ya lo dijera, como si la información sobre la gente a quien decidimos tocar y/o amar tuviera que ser de dominio público.

¡Las identidades sexuales no son permanentes, no son de piedra, sino totalmente modificables! ¡Parece que necesitamos poner todo en cajoncitos  y que nada se salga del marco para poder entenderlo! ¡Ser gay, hétero, lesbiana o trans forma parte de nuestra identidad, pero ello no se impone de manera absoluta sobre todo lo demás que somos, hacemos o sentimos!

Siempre cambiamos, siempre estamos deviniendo otros y otras. Y ello requiere, de nosotros y nosotras, una disposición para acoger al Otro en la situación de cambio por la que esté pasando. La empatía se escribe en el aquí y el ahora del encuentro con el Otro. 

Hay que decirlo muy claramente: develar la identidad sexogenérica o la orientación del deseo sin el consentimiento de la persona implicada es un acto de violencia, un atentado en contra de la privacidad y una falta de respeto, sin importar el grado de certeza que el informante posea sobre el tema. Lo que una persona decida ocultar, quedará bajo la agencia única y exclusiva de sí mismo. Así sean los poemas que escribe en una libreta secreta, el tipo de pornografía o de golosinas que consume o el tipo de personas con quienes comparte la almohada. Si alguien nos confía tal información, no es necesario decir “esto queda entre nosotros”. Es preciso que aprendamos a asumir tal confidencialidad. El mundo está en tal extimidad (lo contrario a la intimidad según algunos teóricos de la cultura) por cada uno de los individuos que dice: “sólo a esta persona se lo contaré y ya”. Pero esa frase, lo sabemos, tiene grandes efectos secundarios.

Existen casos en los que, en una pareja homosexual, uno de los/las integrantes quiere mantener oculta la relación para no definirse frente a sus familiares, amigos o compañeros de trabajo/escuela, mientras que a el otro u otra le da lo mismo e incluso preferiría vivir en plena libertad. BEEN THERE, DONE THAT. Y, aunque generalmente represente un problema, debemos aprender a respetar las decisiones del otro. Y claro, evaluar si queremos seguir en relación con una persona que nos “esconde”, porque tampoco está bien ‘dejarnos’. El clóset es personal, y creo que está bien que dichas relaciones terminen si alguno de los dos integrantes no está dispuesto, en todo su derecho, a ceder, porque a largo plazo el clóset puede ser tanto muy cómodo para uno, como muy doloroso para el otro.

Coming-out-of-the-closet-random-34315023-477-3953Mucha gente asume que, por ser gay, puedo identificar fácilmente a otras personas homosexuales. No es así, en lo más mínimo. No tenemos un olor particular o un zumbido imperceptible para los y las hétero. Lo que sucede, para explicar tal tendencia, es que nos damos cuenta de algunas actitudes por las que hemos pasado. No tenemos un tipo particular de inteligencia, aunque me guste jugar a que mi gaydar (entiéndase radar gay) está muy bien calificado (o al menos decir que es mejor que el de Clay Jensen en 13 Reasosn Why). Si bien podemos leer la atracción en el cuerpo, o darnos cuenta de cuando una persona no cumple con los roles asignados como reglas para su sexo/género, no sucede así con la preferencia sexual o con la identidad trans. No son tan fáciles de determinar, y cualquier intento por establecer un patrón de medida para ello implicará prejuicios y estereotipos y, por consiguiente, una discriminación. El “se nota” generalmente denota más del que juzga que del evaluado.

Defiendo el derecho al clóset, así como defiendo el derecho a la declaración y a la vida libre de ataduras. Me encantaría que vivamos en una sociedad en la que cada vez más personas alienten a otras a vivir en autenticidad, pero las cosas no pueden forzarse. Sobrevivir en una sociedad como la nuestra implica trabajar en comunidad por valorar nuestras diferencias, pero también por respetar los tiempos, circunstancias y esfuerzos de las demás personas.

David Loría Araujo

Ciudad de México a 21 de abril 2017.

 

 

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