¿Qué hacer después de misiones?

¿Qué hacer después de “irse de misiones”?

No soy experto en “misiones”, en “pascuas” o en visitas durante la Semana Santa, pero sí me encuentro dentro del círculo social que considera indispensable y obligatorio “hacer algo” durante esta semana y como miembro de este círculo considero que estas son algunas de las situaciones que más se repiten. Al final concuerdo con mi amiga elefante Laura con lo que publicó ayer: No puedo saber que hay en el corazón de los demás.

Después de haber roto una rutina por diez años de “labor apostólica” durante la semana santa, al igual que algunos de mis compañeros elefantes, he llegado a algunas conclusiones que me gustaría compartir sobre qué hacer después de haber realizado ciertas actividades en Semana Santa respecto a labores apostólicas.

1.- Publica todas las fotos de tu “misión” o de tu actividad, porque somos libres de hacerlo sin que nos juzguen, pero antes de hacerlo cuestiónate cuál es la finalidad. Considera si deseas continuar con la rutina social para no quedarte atrás de los demás o tal vez simplemente quieres compartir con los demás que vale la pena entregarse a la vida en apostolado.

2.- Comparte con tu familia y amigos tus experiencias y aprendizajes. Al final de todo, la experiencia, ya sea apostólica o meramente social, debió haber trascendido en lo colectivo y en lo personal.

3.- Se congruente. Al asistir a comunidades o actividades a “transmitir la palabra” se debe predicar más con el ejemplo, ya que la gente a “quien se le transmite” un mensaje deja atrás las palabras y se convence con estos (aunque en mi humilde opinión, el trabajo debe consistir más en compartir que en “transmitir”). El ejemplo debe ser permanente, debe ser enfocado a convencer a todas las personas cercanas a nosotros y no solo a los de la comunidad. Participar en estas actividades no es ponerse un “paliacate” en el cuello o la cabeza para como símbolo de bondad o una camisa con la cara de Jesús o María durante una semana y demostrarle a la gente (que no nos conoce) que somos buenas personas. Al final de todo, el objeto de todo esto es convencer a los demás a través de nuestro ejemplo, un mensaje: el mensaje del amor.

4.- Fomenta que tu actividad apostólica sea un ejercicio espiritual y no una rutina. Las “misiones”, las “pascuas” o las visitas a grupos vulnerables no son la pre de la segunda semana de vacaciones, no deben ser la rutina yucateca para hacernos merecedores de echar desmadre la segunda semana. Comparte tu experiencia como un tiempo de compartir un estilo de vida con otras personas de diferentes grupos vulnerables o con tu familia. No hagas de esta digna actividad una rutina, sino un momento de compartir el amor con otros (como en verdad debería ser todo el año).

5.- No hables de los grupos vulnerables como si fueran merecedores de tu lástima o pena. Una parte, del compartir esta experiencia con los demás, es reconocer que a pesar de que vivimos en la misma realidad, todos vivimos situaciones diferentes. Esta experiencia debe servir como un recordatorio a que somos responsables de las situaciones de otros grupos sociales.

 

Javo Castellanos

 

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