Dios a mi manera, un saco que a veces nos queda

Como era de esperarse la religión católica es uno de los temas principales en estos días.

La Semana Santa, así como navidad, siempre serán fechas llamativas para sacar todo tipo de opiniones, documentales o escritos a favor o en contra de esta. Queramos o no, la iglesia está regida por hombres, hombres comunes y corrientes como tú y yo, hombres propensos al escándalo del pecado o de la malversación de bienes o hechos. Una iglesia con un pasado oscuro, con comienzos duros y llenos de intereses , preocupada por mantener su palabra como verdad absoluta y enseñándonos a rechazar todo lo desconocido o catalogar la opinión diferente como mala.

Hoy en la mañana vi un documental sobre los papas, cómo cada uno supuestamente es cuidadosamente elegido buscando ciertas características que se adecúen al contexto de la sociedad.  Hablaron de como el papa Benedicto era un hombre inteligente, un teólogo destacado. Sin embargo durante su pontificando hubieron una serie de sucesos, entre ellos los vaticanleaks y su desapego con la comunidad, los que propiciaron su renuncia. Hasta este punto la iglesia se encontraba en crisis, día a día son menos los creyentes que siguen firmes en su misión, día a día son más las personas que cuestionan los actos, el manejo del dinero y su congruencia ante sus promesas de amor al prójimo.

Entonces llega el Papa Francisco y como estrategia de marketing viene a darnos lo que siempre estuvimos esperando, un cambio, con acciones. Nos demuestra cómo deben ser las cosas, nos muestra una mano abierta , una luz de esperanza y oportunidad para que un nuevo tiempo se aproxime.

Mantengo como dudosa aún mi opinión sobre el tema de este documental y no puedo negar lo acertada que es la elección del Papa Francisco. Admito que me motiva a seguir su ejemplo y nos reafirma en mantener esta esperanza en el proyecto. Sin embargo, me niego a creer que ese hombre  sea el que defina sobre lo que creemos en nuestra fe y la religión. Miro a la sociedad y me pregunto si el verdadero problema es la iglesia o nosotros. Ocurre un suceso e inmediatamente castigamos a un Dios que solo nos enseña a amar y perdonar. En mi opinión, y sin necesidad de ofender a nadie, el problema está aquí. Que buscamos una religión más cómoda, que no nos exija tanto, que esté dispuesta a aceptarme cada que yo tenga ganas o que tenga tiempo de sobra.

Nos alegramos y rechazamos a un Papa que era más culto pero con menos carisma simplemente porque no nos sentíamos identificados. Criticamos a la iglesia  por sus actos, pero no nos criticamos a nosotros que vamos a misa un día después de haber manejado ebrios a casa la noche anterior, que nos quejamos de esta por ser tan retrógrada y conservadora pero no estamos dispuestos a poner de nuestra parte por intentar actuar como verdaderos cristianos, no estamos dispuestos a sacrificar nuestro tiempo, nuestras vacaciones de Semana Santa, nuestros placeres, nos confesamos solo para navidad, no visitamos a los enfermos, no vestimos al desnudo y esta semana ni siquiera participamos en nuestros oficios y ¿así queremos que la iglesia como tal se renueve? La iglesia somos todos, no es un edificio, no es el papa nada más, es toda su comunidad.

Ya sea en tu casa con tu familia, en la cárcel, en un asilo o en una comunidad, donde tú quieras, pero que el verdadero sentido de esta semana no sea sentirte “bien”. Jesús muere, por ti y por mí en la cruz, muere defendiendo un mensaje, muere para regalarnos una esperanza. ¿Nosotros por quién morimos?

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