No tengo amigos

Una vez más dios y la vida volvieron a darme una bofetada para enderezar mi camino.

Cada día que pasa creo más firmemente que las cosas y las personas llegan a tu vida por algo. Es cuestión de estar pendiente de quién es ese “alguien” que te conviene tener cerca. Yo no tengo amigos, yo tengo hermanos y hermanas.

Hace algunos años empecé a sentir la reducción de mi círculo de amistades y probablemente haya sido por mi culpa. Siempre me he considerado una mala amiga, no soy del tipo que te habla para desahogarse, que te manda un mensaje para ver cómo has estado, que se da cuenta que ya llevamos tiempo sin vernos y que urge un café para ponernos al día. Una amistad se cultiva, y si quieres que esta dure hay que regalarla de vez en cuando, si no se marchita con el tiempo.

Hace unos días vivía algo extraño y me di cuenta que la falta de riego no siempre es la culpable de que la gente se aleje. A veces simplemente cambiamos y dejamos de congeniar con aquellos seres con los que antes convivíamos tanto. Los chistes de antes no significan lo mismo, los defectos que antes ignorábamos ahora se acrecientan y molestan. El constante disfrute con una persona nos acostumbra a su presencia. A primera instancia ningún problema o incomodidad se presenta. Pero al dejar de verse por tiempos prolongados, las cosas cambian. Te desintoxicas de su presencia y volverse a ver prácticamente es un encuentro nuevo.

Cualquiera de las razones que sea por la cual nos alejamos de alguien. El tiempo entre visitas será siempre el juez principal para decidir si una amistad se queda o se va. Existen personas con las que no importa dónde ni cuantas veces nos veamos, pareciera que la amistad se puso en pausa y al volvernos a ver se reanuda justo donde quedamos. Eso sí, nada es igual.

Para que una amistad dure siempre debe evolucionar junto con las personas. Siempre seremos los dos niños de kinder que alguna vez hacíamos bromas, pero la vida nos presenta situaciones que afrontar y junto con ellas cambiamos nosotros. Quien merece estar ahí es testigo y junto a ti da esos pasos. Al final cada uno en su mundo y diferencias pero en sintonía con el otro.

Siempre habrán soldados caídos que no por que ya no estén significa que serán un mal recuerdo. Otros que no merecían haber llegado tan lejos y unos cuantos más que desearíamos nunca se hubieran marchado. Al final están los que merecen estar porque han luchado por su puesto. Porque con acciones han demostrado estar en las buenas y en las malas. Están porque los quiero.

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