365 ELEFANTES

Hace más o menos un año, me topé con este link scrolleando (no sé si este verbo esté bien conjugado) en mi Facebook:

http://www.perrosverdes.xyz/2016/02/16/letrarrea/

Un escrito de Mauricio Juanes sobre el uso innecesario de algunas letras. A pesar del inminente cáncer ocular que buscaba desarrollarse en mi retina ante tanta barbarie ortográfica, amé la redacción. Muy imaginativa, y aunque la idea del texto llamó mi atención, lo que más me intrigó del asunto fue: ¿Mauricio escribe?

Poco tiempo después, Juanes (Ricardo, no Mauricio, mucho menos el cantante) me contó que su hermano (Mauricio) había comenzado un blog con amigos y amigas con la siguiente dinámica: eran 7, cada uno escribía un día a la semana distinto, textos con un mínimo de 300 palabras y la persona que no escribiera en su día sería sancionada con castigos desde depilarse una pierna hasta bañarse en una tina con agua helada y hielo. A Juanes le inspiró la propuesta y me dijo “Tenemos que hacerlo” (o algo así, no me acuerdo).

Siempre he amado escribir. Tuve un blog sobre el FC Barcelona durante algún tiempo, he publicado algunos artículos de opinión en el diario y siempre me ha gustado leer lo que otros piensan o sus maneras de ver la vida. Así que acepté.

Éramos dos, faltaban cinco. Iniciamos una búsqueda de futuros blogueros fijándonos principalmente en la diversidad. El punto era que pensáramos diferente, y por lo tanto, escribiéramos diferente. Invitamos a David, obviamente era necesario tener a alguien que supiera que pedo con las letras, eso nos aseguraba visitas y digo, estudió eso, ¿ya sabes? Después no recuerdo el orden, solo con David nos bastaba pero aja, hay más días en la semana y pues ni modo… no se crean. Invitamos a Laura porque hipster. Posteriormente Cultura Colectiva nos daría la razón. Mariana porque jamás habíamos visto que escribiera algo, lo misterioso atrae. Monse porque defensora incansable de los derechos humanos, poeta y cantante. Y Javo, pues, porque nos rechazaron otros abogados.

Listo el dream team, solo nos faltaba el nombre. Pasamos de “De todo un poco” (nunca le dejen a Juanes la responsabilidad de elegir el nombre de algo, ni de su hijo) al mejor nombre de todos, claro, tenía que ser propuesto por el literato, “El elefante en la sala”. La famosa expresión daba por entendido que hablaríamos de temas escabrosos, de nuestra propia vida muchas veces oculta, de aquello que todos piensan pero nadie se atreve a decirlo, es decir, elefantes.

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Nuestro primer logo.

 

Hace exactamente un año, Javo publicaba el primer elefante de la historia. Y pues, aquí seguimos. Creo que ninguno de nosotros creyó que viviría tanto tiempo, pero realmente le agarramos amor a esto, y la gente también. Escribir es un ejercicio excesivamente bello. Hay cosas que solo podemos expresar a través de la escritura, no solamente sentimientos o anécdotas sino también ideas que son producto de nuestra imaginación, como el texto de Mauricio sobre las letras que mencioné al principio. Eso es lo que creo que a veces no entendemos, que escribir no siempre tiene que tener sentido o tiene que ver con la realidad. El viernes, una elefanta invitada redactó un cuento-paralelismo sobre Yucatán de una manera magistral y Juanes hace unos meses explicó con maestría el gasolinazo. Pero eso sí, como menciona David en uno de sus post, escribir siempre tiene una intención, si no, ¿para qué escribir?

Escribir ha tenido un precio. No todos los comentarios han sido positivos, ni nuestras entradas bien recibidas. Como anécdota, en una ocasión, un individuo comentó en un post de David toda una carta astral augurándole fatalidades en el futuro por sus preferencias sexuales. Otros nos han usado como arma para justificar su intolerancia frente a otras maneras de concebir la religión o la espiritualidad. Y no se trata de creernos mártires, porque no lo somos, pero algo me ha quedado muy claro, escribir es de valientes. Eso no significa que quien no escribe es cobarde, pero quien sí, es porque se siente firme en el ojo del huracán que es Internet. Este medio nos ha hecho las cosas más fáciles y más difíciles al mismo tiempo. Es decir, está muy chingón que nos lean en todos estos países:

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¿Quién chingados nos leyó en Cabo Verde?

 

Pero también significa que nos lee todo tipo de gente. Algunas más gratas que otras.

A pesar de las contingencias, que bueno que exista el Elefante. Me parece que le ha dado a una pequeña comunidad de lectores y cibernautas de Mérida una apertura que en muchas de nuestras instituciones es inexistente. Ha abierto las puertas a un sano diálogo, tanto en persona como en comentarios (no todos son malos) y eso genera un respeto ante las ideas del otro, que no siempre son iguales a las nuestras. Con la campaña de “elefantes invitados”, muchos pudieron escribir lo que pensaban por primera vez y tuvieron un foro para para hacerlo público. Incluso, así como nosotros nos inspiramos en los Perros Verdes, otros se inspiraron en el Elefante y crearon Entre Sie7e. Esto se contagia, porque la comunicación y el intercambio de ideas es sumamente humano y sobre todo, necesario.

Pero, la que considero la más grande aportación de este blog, es que nos ha dado contenidos editoriales diferentes, ha fomentado el hábito de la lectura, y que más gente lea gracias a esto es la mayor satisfacción.

¿Por qué lo recomendaría? Porque nunca había caído en la cuenta de lo que representa viajar solo y aventurarse de manera completamente independiente hasta que no leí las anécdotas triperas de Javo en Canadá y Europa. Jamás habría comprendido con tanta facilidad temas de política y derechos humanos si Juanes no compartiera sus conocimientos cada miércoles. No hubiera descubierto que no tenemos que ir a Borges, Benedetti o Vargas Llosa para leer literatura rica en estilo y redacción de no ser por Monse. Me habrían hecho falta las publicaciones de Mariana para confrontar mis propios valores o civismo a través de su sencilla visión de la realidad meridana. Entendí mucho del sentimentalismo femenino gracias a Laura, entre muchas otras cuestiones de la vida como la amistad, el amor, el dejar ir, el crecer, el tiempo. Y sería el doble de ignorante si David no diera cátedra cada viernes en asuntos LGBT o feminismo desde su propia vivencia, sus textos se saborean con facilidad.

Bendito elefante, porque leerlos nos ha vuelto una sociedad más auténtica, abierta, real, humana, comunicativa, solidaria, conciliadora, valiente.

Algunos nos leen en el metro camino a casa, otros en la universidad o la escuela durante alguna clase no muy entretenida. Hay quien nos disfruta con café, otros con cerveza. Hay quienes nos usan de break durante el estudio, o como distracción ante los tiempos difíciles. Estudiantes nos citan para sus tareas, y yo en lo personal nos he utilizado para dar clases. Hay quien como yo nos lee antes de dormir, después de un día cansado, y se queda pensativo, feliz, consolado, confrontado o simplemente se duerme en el segundo párrafo.

No nos importa que nos usen como somnífero. Al fin y al cabo, también es de ustedes.

Gracias. Totales.

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