Cumplo 25 el 25 (saldos de un año)

Los viernes, así como escribo aquí, también voy a mi cita psicológica.

Desde enero, cada último día de la semana, estoy en punto de las 2:00 PM en el sillón. “¡Estoy bien!” le dije enérgicamente a mi psicóloga cuando me recibió con la pregunta de bienvenida semanal: “¿cómo estás?”. A diferencia de otros viernes, en que he llegado a contarle sobre malestares emocionales, indecisiones profesionales y múltiples crisis de identidad, hoy me limité a contarle las razones de la sonrisa con la que llegué: estoy bien, estoy haciendo lo que quiero, estoy respaldado por gente que nunca me dejará solo, estoy cambiando y abriéndome camino. 

En pocas horas cumplo veinticinco años. No es como que pueda huir de esa edad, porque cumplirlos significa que los estás terminando de vivir. Así pues, he vivido ya un cuarto de siglo y el 26 comienza pronto. El año pasado, día 25 de marzo de 2016, estaba organizando un Vía Crucis en Mérida, sudando, bañado de sol, un poco inestable emocionalmente. Este año, escribo esto a la víspera, tomando vino blanco con Paty, quien acaba de mostrarme un video de fotos que resumen uno o más años de amistad. ¿El saldo de este año? Mucho aprendizaje. Muchos elefantes en la sala que han sido enfrentados, muchos elefantes blancos que han sido demolidos. 

Yo no le tengo miedo a decir lo que pienso. Pero MENOS le temo a escribir lo que siento.

En los últimos 365 días, estuve rodeado de gente hermosa. Personas que me recordaron que, pase lo que pase, siempre estarán ahí (como yo para ellas) y otras nuevas que tocaron fibras profundas, que hasta para mí eran desconocidas. Agradezco (como en los Óscares) a Mabel, por ser incondicional. A Paty, por leerme diario y por recordarme que la amistad es un gran regalo. A Adriana, por ser mi persona favorita y mi complemento fraternal, mi ukelele preferido. A Fernanda, porque nadie me hace sentir tan incondicional. A Felipe, por recordarme que tengo la capacidad de entregarme profundamente.

A Regina y Memo, por ser familia. A mis abuelitos, por estar cada que vuelvo y cada que me voy. A Gallo, Alexia, Diana, Eri, Nelly, Ximena, Karla, Dani, Marvin, Montse, por hacerme sentir en casa. A Luis, Mateo, Cristina, Dulce, Cata, Leo y Karla, por hacerme sentir en casa (también). A Casandra y Tere, por prestarme su casa. A Dominik, por el inolvidable paseo en bicicleta, a Jordan, por hacerme amar el vino blanco; a Mario, porque en escasas seis horas uno puede escribir las historias más bonitas. A David y Lucy, mis papás, porque han sabido encontrar todas las formas (hasta las más raras) de estar orgullosos de mí.

También agradezco a Porthos, el gato de Paty, por fingir ser mi novio todo este año de soltería.

A lo largo y ancho de marzo 2016 a marzo 2017 me he dedicado, principalmente a tres cosas: a escribir, a extrañar y a explicar. A escribir, la tesis sobre todo. Pero también a redactar (aquí, y en otras partes que ustedes aún no conocen) los pasajes de un año complicado. Porque a veces las letras nos entienden más y mejor. Me he re-escrito, a mí mismo, a mi relación con el mundo, a mis certezas, a lo que creía seguro. A extrañar, porque uno no sabe cuánto tiene hasta que está lejos, porque uno no sabe lo extraña que es la vida hasta que dice adiós repetidamente. A explicar (del verbo plicare, los pliegues), porque la realidad está llena de dobleces que hay que descubrir poco a poco, y disfrutar cada desdoblamiento.

¿Cómo se mide un año? pregunta la canción más emblemática de uno de mis musicales favoritos. Hoy, aquí, está un David emocionado por lo que sigue. No está emprendiendo un negocio, no tiene boletos para un viaje al otro lado del planeta, no ha descubierto al próximo a quien llamará “cómplice”, no tiene un trabajo asegurado ni una herencia garantizada. Pero está sonriendo, en primer lugar, porque ya casi se bebe la botella de vino blanco completa; y en segundo lugar, porque cada madrazo ha valido la pena. 25/03/16 a 25/03/17 no fue NADA FÁCIL. Ha sido el año en el que más he llorado, en el que más he querido tirar la toalla, en el que más confundido he quedado. No hay más saldo que estar vivo, sano, entero, y estar haciendo lo que amo: aprender a hacer, cada día, preguntas más precisas y menos ingenuas. Me jacto de decir, que en este momento en particular, soy un David feliz. Y ese David me cae bien, ese David se pone bien pinche guapo. 

Y bueno, para la posteridad, aquí, 24 de marzo de 2017, fui feliz. 

David.

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Un pensamiento en “Cumplo 25 el 25 (saldos de un año)

  1. Qué maravilla leer a alguien, que con una redacción amena, clara y pulcra, se muestra auténticamente ante otros. Seré seguidora de tu blog a partir de hoy.
    Saludos!
    Vero Boeta

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