La vida a través de un lente

Una de mis mejores amigas -que podría decir que es prácticamente mi hermana por elección- ama las fotos, de hecho si no fuera por que de vez en cuando ella me obliga a que nos tomemos fotos, no tendría evidencia gráfica de nuestra amistad. Ella documenta nuestras memorias mientras yo de manera distraída le tomo fotos a lugares, a los detalles que captan mi atención, a la arquitectura, a encuadres que me gustaría documentar para luego analizar.

Entiendo que a mucha gente le gusta más documentar cosas como sus memorias, pero creo que nos hemos excedido. No todo es tan trascendental como para fotografiarlo.

No pretendo decir que soy una gran fotógrafa ni gran conocedora de esta rama artística, simplemente creo que cuando todo se vuelve especial todo deja de serlo.

Me siento agradecida de haber crecido en una de las últimas generaciones que no dieron sus primeros pasos para lograr llegar a una pantalla, no me gustan los límites y menos los autoimpuestos, y por más que en muchos sentidos la evolución tecnológica abrió puertas, también cerró otras.

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Las personas ya no experimentan el mundo desde sus ojos, ahora lo experimentan desde los lentes de sus cámaras, hemos dejado de tomarnos instantes para apreciar la belleza por la desesperación de capturarla.

Sé que una foto es para siempre y la memoria tal vez no, pero aun así hay momentos que prefiero vivir que fotografiar. Hay momentos que sé que voy a preferir recordar por la euforia, la emoción, los sonidos o lo que estaba sintiendo a pesar de que no recuerde con exactitud como se veía todo mi alrededor.

No necesito recordarlo todo, a veces solo se recuerda lo más importante y eso es suficiente para mí.

Ahora que lo pienso, tal vez esa es la diferencia, es probable que por eso no lo comprenda ni comparta la opinión popular, porque cuando yo tomo una foto es para mí, no para los demás, pero en estos días en los que el autoestima ya no debería de incluir el “auto” porque la necesidad de aprobación es más importante que nuestra propia concepción de nuestra persona, nuestros recuerdos han dejado de ser nuestros, han pasado a ser material de consumo y marketing.

Con todo respeto, por el amor de Dios… dejen de promocionarse mediante sus redes sociales, si se supone que estas son el reflejo de nuestras vidas, entonces ¿por qué dedicar tanto esfuerzo en lograr que nuestros perfiles sean perfectos?, es bastante ingenuo no sospechar que tal vez esas vidas que desde afuera se ven tan perfectas no puedan ser sólo un conjunto de fotografías y momentos cuidadosamente fabricados para el “consumo”. Ya sé que en teoría somos lo que publicamos, pero que vacía tienen que ser nuestras vidas para tener que ir por ellas montando escenarios y forzando situaciones para tener “contenido” que publicar.

Disculpen por el inevitable tono frustrado, pero me preocupa que el mundo se esté dejando de concebir desde los ojos del alma y ahora se perciba sólo desde los ojos de un lente.

Definitivamente las fotos se desvanecen mucho después que los recuerdos … pero la vida que se fue mientras nosotros perdíamos el tiempo buscando desde qué ángulo se veía mejor, no regresa.

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