A mí no me va a pasar

Les cuento una pequeña anécdota de este fin de semana.

Nunca debemos decir “a mí no me va a pasar” porque errar es totalmente humano.

( Y a veces, muy necesario).

Este fin de semana participé en un concurso de índole nacional, sin embargo, para competir a nivel nacional, primeramente debes pasar por etapas regionales. Desde el jueves por la tarde estuve participando en dicho concurso, cuya preparación habíamos empezado, mi equipo y yo, muchos meses atrás.

Es un concurso sobre Técnicas de Litigación Oral, para los que piensen que el término es complejo y muy jurídico, pues es más jurídico que complejo. Dichas técnicas son la manera en la que debes llevar un juicio para poder obtener la información que necesitas y hacerle creer al Juez que tienes la razón. Es un tema interesantísimo, para los abogados. Ya saben, nuestro trabajo consiste en persuadir a los jueces, en demostrarles que tenemos la razón.

El coordinador y organizador de dicho concurso, como cualquier abogado, suele ser un poco alzado y también quiere buscar siempre la razón, pero la vida le ha enseñado una lección.

Resulta ser que este sujeto nos exigió mucho en todo el concurso, a participantes y a asesores. Nos exigió profesionalismo, buena fe, lealtad y casi casi perfeccionismo. Se dio los aires de querer ser perfecto y superior a todos en todo momento, pero la vida tenía algo para él, y de paso para nosotros también.

Al final escogen a los mejores cuatro equipos, esto con base en el puntaje obtenido, y a mi equipo le había ido bien y quedamos entre esos cuatros lugares. Sin embargo, nos había ido tan bien que competíamos por el primer lugar regional.

Hicieron públicos los resultados. Nos dijeron que nos preparemos para competir por el primer puesto, comentaron en redes sociales e incluso se hizo una transmisión en vivo a nivel nacional para publicar nuestra participación y la de otro equipo en redes sociales, invitaron a los demás equipos a la audiencia, escogieron a jueces para calificarnos de diferentes lugares del país, era cosa grande.

A punto de concluir dicha audiencia, el coordinador y organizador la suspendió para dar un mensaje público:

Que siempre no.

Que siempre mi equipo no había tenido tal puntaje como para competir por el primer lugar, si bien estábamos entre los mejores cuatro equipos, no éramos suficientemente buenos para competir por el primer lugar, según ellos.

Por supuesto que sentimos vergüenza, a pesar de no ser nuestro error. Ya nos habían expuesto a nivel nacional como un gran equipo, y luego, que siempre no.

Debemos tomar estas cosas con madurez y resiliencia, sin embargo fue imposible no remontar mi mente a aquellos certámenes como Miss Universo y Los Óscares. Pero en este caso yo estaba del lado que los que creyeron haber ganado y que siempre no.

En ese momento no dejé de pensar en la cantidad de memes que había compartido burlándome de los que erraron en dichos eventos, también de los que no ganaron y creyeron que así lo hicieron y las muchas risas que me dieron.

Sin embargo seguía mi turno.

De la experiencia me he llevado lo mejor: A cualquiera nos puede pasar, errar es de humanos y si bien nosotros no erramos, el soberbio organizador aprendió una lección al reconocer un error tan garrafal en público:

A veces estás arriba, a veces, abajo. Así que no jales al de arriba ni pises al de abajo. Nunca sabes cuando los roles van a cambiar.

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