A favor de nuevas liturgias

Mi primera contribución a este sitio web llevó por título “Soy gay y soy católico, una reflexión desde la teología queer” y estuvo motivada por una ponencia sobre este campo de estudios religiosos en el marco de un congreso de literatura.

Vuelvo a escribir, este viernes, desde una sacudida a mi espiritualidad. El día de hoy concluyó el Primer Congreso de Teología Feminista (clic para ver el programa), que se llevó a cabo en la Universidad Iberoamericana, campus Ciudad de México. A pesar de que, entre la maestría, la tesis y con la FILEY en puerta, sólo pude asistir a un par de eventos del Congreso, Mabel anduvo por allí y, si se anima, la tendremos de invitada en esta Sala muy pronto, para contarnos sus propias conclusiones. Diré, antes que nada, que la teología feminista no busca, como única meta, que existan mujeres con ordenación sacerdotal tal como los hombres. Ello implicaría únicamente poner a las mujeres a imitar el modelo hasta ahora perpetuado (de castidad, jerarquía y normatividad) y, pues, eso no está tan padre, ¿o sí?

2015_03_entrevista_gebara1_reproducaoLa conferencia magistral con la que cerró el Congreso, estuvo a cargo de Ivone Gebara (Sao Paulo, 1944), religiosa, teóloga y filósofa brasileña, cuya línea de investigación es el ecofeminismo. Esto es, en palabras de Mary Mellor, “un movimiento que ve una conexión entre la explotación y la degradación del mundo natural y la subordinación y la opresión de las mujeres. El ecofeminismo une elementos del feminismo y del ecologismo, pero ofrece a la vez un desafío para ambos. Del movimiento verde toma su preocupación por el impacto de las actividades humanas en el mundo inanimado y del feminismo toma la visión de género de la humanidad”. En su intervención, Gebara habló de los retos que ha significado el ser feminista al interior de una iglesia como la católica, cuyas jerarquías oprimen a los cuerpos (de mujeres y hombres por igual); y de ser humana al interior de un mundo violento, cuyos poderes nos obligan a ser opresores de los demás. Quiero destacar, aparte de lo anterior, otras ideas que movieron mi corazón
el día de hoy.

“¿Cuál es el dios de las mujeres?” preguntó alguien del público, a lo que Gebara respondió que no hay un dios para cada sexo y cada quien tiene su propio dios, no respaldando la idea de un dios “a la medida” sino defendiendo que incluso en las ideas de dios ex
iste la diversidad y que esta debe ser respetada y motivada. Dios hombre, dios señor, diosa mujer, dios trans, dios queer, dios viejito, dios niño, dios negro, dios variable, dios de todos y de todas, dios tierra, dios madre, padre y tío, dios amor. Gebara mencionó que la teología tiene menos que ver con el conocimiento de un ser superior y más en común con
el entendimiento del cosmos, del mundo que nos rodea, que es divino porque no lo inventamos y es un regalo porque nos lo hemos encontrado. Pero sobre todo porque de aquí nos vamos, pero ello se queda. 
Lejana a esta postura, la Iglesia católica actual, se erige como una institución que ha sustituido el “infierno” por la “ley natural” como enunciación violenta y positivista para controlar la diversidad de los cuerpos y de sus formas de encontrar a dios.

“la crítica de un sistema injusto implica una crítica de sus ideas de Dios” (Elizabeth Johnson)

La parte que más me emocionó, fue la declaración que Gebara hizo a favor de experimentar, de manera lúdica, con nuevas liturgias. Frente a la poca creatividad que los cristianos tenemos para establecer espacios alternos de encuentro espiritual, con el otro, con nosotros mismos, con nuestros círculos sociales, Gebara invitó a hacer liturgias diferentes. Para probar, para experimentar nuevas formas del amor de Dios en el cuerpo y entre los cuerpos. Celebrar la Eucaristía con modelos alternos, con formas distintas. Compartir el alimento con una persona en situación de calle puede ser, incluso, más eucarístico, que hacer una fila para comulgar en una parroquia elitista.

¿Por qué no inventar nuevas formas de perdón, en vez de seguir alargando la lista de pecados? ¿Por qué no crear salmos nuevos? Vamos a escribir y cantar otras canciones que no digan tanto “señor, señor” y expresen más felicidad por la vida. ¿Por qué no aventurar nuevas tentativas de cantos, de oraciones, de ritos? ¿Por qué no abrirse a otras posibilidades de confesión y de bautismo? Hagamos conciertos, viajes, retiros, fiestas, todo para celebrar que la esperanza no ha muerto. Concertemos mesas de diálogo en donde han habido desencuentros parroquiales. Retomemos el contacto con los y las que nos han acompañado en esos momentos de dios.

Salmos como tweets. Un salmo que diga “la gracia de mi dios es la sonrisa de mi hermano”; un salmo que diga “que te alaben, madre, todos los pueblos”; un salmo que diga “si me dejo guiar por el amor, nada me faltará”

Aclaro: no se trata de rechazar todas las formas y ritos de la Iglesia, sino de atrevernos a jugar con ellas, entendiendo el juego no como algo burlón sino como la capacidad lúdica de mover una ivoneque otra tuerca para ver como funcionan, con otros contextos, otros procesos y otras palabras, los mismos mensajes. Experimentemos novísimas formas de practicar a Dios, menos adheridas al terreno de la moral y más cercanas al territorio de la ética, que nos convoca, no a ser buenas personas, sino a reexaminar nuestra relación con el otro, cuya alteridad me constituye y en cuya identidad dios se me revela. Hay que des-sacralizar la liturgia, devolverla a los senderos mundanos de la calle, las redes virtuales, las relaciones afectivas, sin que ello implique una desvalorización de las prácticas. Hay que experimentar formas diferentes de vivir a dios. Aceptar que dios se interpreta siempre con el cuerpo, pero no siempre (y las menos de las veces) con el recato y el pudor. Cuando nos late el corazón, cuando lloramos de regocijo o de arrepentimiento, cuando abrazamos, cuando besamos, cuando usamos la voz para apaciguar la tristeza del otro. En fin, dios se experimenta con el cuerpo porque siempre implica una experiencia de alteridad. 

Las palabras de Gebara, el día de hoy, me hicieron pensar en que dios es un laberinto por el que da gusto perderse. Un laberinto de encuentros y desencuentros. De momentos de sentirse más cerca o más lejos de su presencia. Y hay que atreverse a nuevos hilos de Ariadna para atravesar la gracia, la presencia y la comunidad de dios.

Ciudad de México a 3 de marzo 2017

 

David Loría.

 

 

 

 

 

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Un pensamiento en “A favor de nuevas liturgias

  1. Que bárbaro David, me encantó que compartieras el contenido de este interesantísimo congreso. Coincido con Gebara en muchas cosas. Salirse de la caja siempre ayuda a comprender mejor. Me quedo abrazada a tu idea de Dios, un laberinto en el que da gusto perderse.
    ¡Gracias!

    Me gusta

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