Ya no quiero leer las noticias

Nota Aclaratoria: Este post no fue escrito por Ricardo Juanes sino por un/una invitad@, gracias:

 

Ya no quiero leer las noticias. Este es un pensamiento que surge en mí mucho más de lo que me gustaría admitir. Tanto así, que he llegado al punto en el que dejo de seguir en Twitter  a todos los canales de noticias (en cambio sigo a todas las cuentas estilo @BuenasNoticiasMX), borro la aplicación de mi celular de BBC news que notifica al instante lo que pasa en México y el mundo, incluso apago la radio en el tráfico de la mañana y lo cambio por una canción de mi lista “Canciones Felices”. Realmente no sé porque me afecta tanto, y tampoco sé si solo me pasa a mí o le pasa a todo el mundo. Yo lo llamo mi desintoxicamiento, aunque después de un rato me arrepiento y vuelvo a ser parte de la masa de gente que sabe que es lo que está pasando con el mundo. Muchas veces me he preguntado ¿qué tan necesario es saber todo? Y si las personas que no les tocó vivir en este mundo globalizado, en el que te enteras de la desgracia más pequeña del planeta, si esas personas, ¿eran menos, igual, o más felices?

Y es que, ¿quién no querría huir de esto? No está nada divertido levantarse con niños con cáncer siendo estafados, Donald J. Trump de presidente con una nueva “executive order” que cada día nos sorprende menos, gasolinazos, balaceras en escuelas primarias, en fin, un mar de noticias abrumadoras que te hacen sentir chiquita e impotente.

Lo peor de todo esto es que el mundo entero tiene una opinión al respecto, todos tienen algo que decir, es entonces donde desgracias también se vuelven tema de conversación constante en la mesa o en la reunión. Nosotros y nuestro círculo de personas sabemos perfectamente la causa de la desgracia y también su solución.

Leyendo a los elefantes en un artículo sobre la diferencia de las clases sociales y como los que tienen más recursos económicos pueden pagar un área de esparcimiento de calidad, me hizo recordar la respuesta de una niña llamada Julieta, hija de Delfina.

Delfina era una jovencita de 15 años que hace tiempo conocieron mis papás en misiones de Semana Santa. Ella no podía caminar y necesitaba una operación, en ese entonces un grupo de parejas (entre ellos mis papás) hicieron coperacha y le pagaron su operación. Hoy Delfina, después de casi 17 años ya se casó y tiene una hermosa y traviesa hija de cuatro años que se llama Julietita. Delfina contactó a mis papas porque su prótesis ya no funcionaba después de tanto tiempo y ella llevaba casi un año sin caminar, intentando, junto con su esposo, juntar el dinero para poder pagar la operación del cambio de prótesis. Mis papás, con la generosidad que los distingue, operaron a Delfina y la recibieron en mi casa durante su recuperación por un mes junto con su esposo y su hija Julietita. Cuando yo le pregunté a Julietita si estaba feliz en mi casa, ella me respondió “¡SÍ! Muy feliz, porque aquí tengo un parque.”

Llevar a Delfina a mi casa fue el mejor regalo de navidad que me pudieron dar mis papas; en primer lugar, por mostrarme la caridad, que no es dar dinero, sino alojar a una familia de desconocidos en tu mismo techo por un mes entero; y en segundo lugar lo afortunada y bendecida que soy y la responsabilidad tan grande que eso implica. Retomando palabras de Jesús en la biblia “Al que mucho se le da, mucho se le pedirá” o en el idioma geek de Spider-Man “Todo gran poder conlleva una gran responsabilidad, esta es mi virtud y mi maldición”. ¿Y cuál es mi gran poder? Que todo me afecte tan profundo.

Si me voy a angustiar por algo, no es por las desgracias del mundo, me voy a angustiar por lo que en mis posibilidades no hago.

Julietita y el parque no me dejan de dar vueltas en la cabeza. Quiero parques de calidad, que no estén secos, que tengan flores y árboles con sombra. Comentándole esto a mi novio decidí ir con él esta semana a sembrar florecitas. No sé cuánto tiempo van a vivir y tampoco sé si el Ayuntamiento lo prohíbe (una razón más para estar en anonimato), pero lo voy a hacer. Porque puedo.

Anónimo.

“El mundo se cambia por tus acciones, no por tus opiniones.” P.C.

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