De por qué Valeria Luiselli parece no haber leído a Judith Butler

El pasado lunes 13 de febrero la escritora Valeria Luiselli (Ciudad de México, 1983), quien reside en Nueva York y se desempeña como profesora en la Universidad de Columbia, publicó, en la columna que mantiene semanalmente en El País, un texto titulado “Nuevo feminismo”.

La autora de obras de gran factura como la novela Los ingrávidos (2011) demostró, a través de este texto, que probablemente no ha leído –o al menos no lo ha hecho con el ojo crítico con el que escribe los ensayos de Papeles falsos (2010)– la teoría de Judith Butler con respecto a la multiplicidad de los feminismos que, articulados en un continuum entre la teoría académica y el activismo político, persiguen metas igual de válidas e incuestionables que los otros.

No quiero aquí desacreditar ni minimizar la opinión de Luiselli, ni mucho menos asumir que cualquier persona que enuncie la palabra feminismo deba haber leído a la Butler como tarea escolar.

Los tres párrafos de Luiselli en el diario español han cobrado una feroz polémica en los últimos días, que ha tenido secuelas como ataques vía Twitter a la autora (@ValeriaLuiselli) (tachada como privilegiada o despectiva e incluso, señalada por subirse al tren de la superficialidad mediática y de los temas-controversia) o artículos de otros escritores y académicos que buscan desacreditarla, situación parecida a la que ocurrió en 2015 con el artículo “Contra el alarde de ser mujer” de Orfa Alarcón, donde esta expresaba que no volvería a presentarse en un evento “de género”, debido a que no buscaba que su obra fuera celebrada sólo por el hecho de “ser” mujer. El texto de Luiselli es más corto que el de Alarcón y no hace sino una crítica a la especie de burbuja anacrónica por la que atraviesa el mundo contemporáneo: “andamos atorados en una especie de déja vu sociopolítico” (párr. 1), menciona la autora. Y aunque tiene razón en que muchos procesos políticos –sobre todo en materia de fronteras nacionales, gobierno y democracia– parecen estar saltando hacia atrás, Luiselli refiere específicamente a un estancamiento de las luchas feministas. Aclaro que ello no me parece del todo incorrecto, creo que es altamente frustrante saber que se sigue luchando por las mismos objetivos de hace veinte años sin lograr los avances que se soñaron. Tangencialmente, Luiselli también critica al concepto de interseccionalidad, adjetivándolo peyorativamente como ochentero, a las marchas por los derechos reproductivos, y hasta a su sobrina, que pasa el día en la biblioteca leyendo a Rosa Parks porque “quiere descolonizarse”.

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Valeria Luiselli

Uno de los fragmentos a mi juicio más interesantes del texto dice así: “frente a la catastróficamente imbécil realidad actual, todas las mujeres brillantes que conozco han tenido que intercambiar sus ideas por posturas, tenido que remplazar el libre ejercicio del pensamiento por el aburrido derecho a salir a la calle con cartulinas” (s/p). Lo que más despierta la crítica mordaz y el encono de los medios y la viperina lengua de algunos otras y otros escritores(as) mexicanos(as), es el cambio que Luiselli solicitó a El País para el tercer y último párrafo: la oración “Haber tenido que rebobinar al feminismo de la era Sputnik, me produce largos bostezos” decía, en su versión original, “El feminismo actual, simplón y reaccionario, me produce largos bostezos”. Lo que sí conservó el artículo fue “cuando lo oigo venir, me predispongo a una sordera selectiva” (s/p). Ante una crítica-tweet de Tryno Maldonado (@tryno), Luiselli respondió: “No es un texto anti-feminista, sino frustrado con volver a dar batallas que todas creíamos ganadas”

 

No quiero aquí desacreditar ni minimizar la opinión de Luiselli, ni mucho menos asumir que cualquier persona que enuncie la palabra feminismo deba haber leído a Butler como tarea escolar. Ello significaría pensar que los feminismos que provienen de otras tradiciones, culturas y paradigmas epistemológicos no tienen la misma fuerza de verdad, la misma trascendencia o los mismos derechos de agencia social. No obstante, me es preciso señalar que la filósofa norteamericana, en Deshacer el género (2004) y en muchas publicaciones anteriores, ya se había adelantado, sin saberlo, a las quejas de Luiselli sobre lo aburrido de los nuevos feminismos.

Los feminismos son movimientos del pensar, del escribir, del salir a la calle, de decir no.

Lo siento, Luiselli, y sin afán de escarnio ni linchamiento, he de compartirte –y así de estar más de acuerdo con Butler que contigo– que “la teoría es una actividad que no está restringida al ámbito académico” (249), que las agencias de alguien que se concentra en una biblioteca para leer a Hannah Arendt y comprender más la realidad que vive, no deben ser confrontadas con las de quien se esmera en un cartel para salir a la calle a marchar y expresar su disentimiento, buscando asignarle, a alguna de las dos personas, la “verdadera” práctica del feminismo. Dice Butler: “La teoría feminista nunca está del

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Angela Davis, filósofa y política marxista. Así como da clase en California, también sale a defender sus derechos.

todo diferenciada del feminismo como movimiento social. La teoría feminista no tendría contenido si no hubiera movimiento, y el movimiento, en sus varias direcciones y formas, ha estado siempre involucrado en el acto de la teoría” (249). El “libre ejercicio del pensamiento” al que refiere Luiselli no puede ser inmanente, porque corre el riesgo de encerrarse en la torre de marfil del intelectualismo. Tanto las luchas de las WASP que usan gorritos rosados en las quinta avenida, como las de quienes hacen análisis de la poética del VIH en la poesía boricua desde los escritorios de una universidad son diferentes frentes de lucha. ¿Qué ganaríamos si estuviéramos todos y todas avocados a los mismos frentes? Los feminismos son movimientos del pensar, del escribir, del salir a la calle, de decir no. Ninguna de estas acciones tiene más o menos valor, o tiene más “feminismidad” que las demás.

 

“Nadie puede situarse en una perspectiva que le permita una visión global del feminismo” (247) señala Butler, ni ella misma ni Valeria Luiselli. No obstante, debido a que las “mujeres” no comparten una esencia universal, que no están
obligadas ni motivadas por “naturaleza” a apoyar a los movimientos feministas ni a estar de acuerdo con ellos
, y que “el feminismo ha tenido que deshacerse de la suposición de que podemos estar todas de acuerdo sobre algunas cosas” (249), es importante defender el derecho de la escritora mexicana a escribir sobre su disentimiento. Después de todo, “cuestionar un término como feminismo es preguntar cómo funciona, qué inversiones conlleva, qué objetivos consigue, que alteraciones soporta” (256).

 

Ciudad de México, entre el 21 y el 24 de febrero, 2017

David Loría Araujo.

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Un pensamiento en “De por qué Valeria Luiselli parece no haber leído a Judith Butler

  1. la que parece que no tiene un concepto claro del feminismo, es ella. estoy de acuerdo que la interseccionalidad ya había sido analizada en los ochenta especialmente por Lesbianas Feministas de Color; sólo basta leer “This Bridge called my back” editado por Gloria Anzaldúa+ y Cherrie Moraga (1983); “Making Face, Making Soul” editado por Gloria Anzaldua+ (1987); “Sister Outsider” de Audre Lorde* etc., etc. Igualmente en la universidad de Iowa se llevó a cabo, en 1989, una conferencia Nacional organizada por Women Against Racism con la asistencia de más de 1,200 personas llamada “Parallels and Intersections: Racism and other forms of Oppression” donde precisamente se abordaron los temas de la interseccionalidad de las identidades y opresiones.

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