TRAPPIST-1

Para los que no lo han leído y/o escuchado, el día de hoy, la NASA, en una rueda de prensa anunció el hallazgo de 7 nuevos planetas a “solamente” 40 años luz de la Tierra que podrían ser propicios para la vida.

En el comunicado se detalló que estos planetas tienen condiciones sorprendentemente similares a las de la tierra: un tamaño parecido, probablemente de terreno rocoso y, al menos tres de ellos, ubicados idóneamente para albergar océanos de agua líquida. Por si fuera poco, por la distancia y posición en las que se encuentran en relación de la tierra, son ideales para ser estudiados y poder buscar combinaciones químicas que nos den indicios de actividad biológica, es decir, para buscar vida. En la rueda de prensa también se señaló que esperan, en un plazo de 5 años, haber analizado las atmósferas de los planetas para poder darnos a conocer más detalle sobre las posibilidades de la existencia de vida.

Definitivamente es un hallazgo científico impresionante, y aunque es poco probable que podamos visitarlos*, tan sólo pensar que no estamos tan solos, inevitablemente mueve sentimientos.

La realidad es que si dimensionamos el tamaño y el tiempo del universo, es bastante probable que haya vida y que la tierra no sea el único lugar en donde se produjeron circunstancias propicias para la vida, sin embargo, el hecho que pudiera estar tan sólo a 40 años luz sería un indicativo que la vida es muchísimo, y hago énfasis, muchísimo más común de lo que pensamos. Es más, de haber vida inteligente en estos planetas (lo cual no parece muy probable) podríamos enviarles información que sería recibida en 40 años y en otros 40 años podríamos comenzar a recibir información constante sobre ellos.

Por más que esto nos puede emocionar a muchos, a otros nos hará pensar que, de encontrar vida en el universo, y al parecer tan cercana y tan común, también nos encontraríamos, de pronto, con lo insignificantes que somos, lo poco especiales y pequeños que somos los humanos en el universo, al fin y al cabo, para el universo nuestras vidas tienen menos relevancia que una hormiga para el mundo (a pesar de ser  cierto, quizás yo preferiría ver nuestras vidas como flores o mariposas, que aunque insignificantes le dan un toque de belleza al universo). Al fin y al cabo aunque vivamos o muramos, existamos o nos extingamos, el universo, con toda esa vida y sus maravillas sigue y seguirá ahí.

FINAL ALTERNO UNO

Ante esta posible realidad, podemos adoptar dos posturas: 1.- Tu vida es nada, vale nada y lo que hagas es nada relevante, deprímete; o 2.-Disfruta tu insgnificancia, descubre que tu pequeña existencia es tuya, y tuya nada más, y que sólo está ahí para ti, para que la aproveches y la disfrutes (según lo que eso signifique para ti). No te preocupes por tanto, recuerda: tus problemas son insgnificantes para el universo ¿porqué no habrían de serlo también para ti? Vive tu pequeñez e insignificancia a lo grande.

(Si estás cómodo con esta conclusión no continúes leyendo, la reflexión que sigue a continuación no tiene nada que ver con la anterior. Si deseas continuar leyendo, lee nuevamente el párrafo anterior a FINAL ALTERNO UNO y luego continúa directamente con FINAL ALTERNO DOS).

FINAL ALTERNO DOS

Hablando del comunicado de la NASA, hoy un amigo comentó, “Si se descubre vida en otros planteas se acaban todos los sistemas religiosos”. En cierta forma las religiones (al menos la católica, judía y la musulmana) se han centrado en cómo el universo fue creado y puesto a nuestra disposición y nos han dicho que veamos la belleza de las estrellas y las tengamos como prueba del amor que un ser superior tiene por nosotros (quién diría que ver a esas mismas estrellas también serviría para buscar probar lo contrario). Las religiones nos han contado la historia de la creación y del mundo, de la vida y de qué hay después de ella, de historias del bien y el mal, pero, estas historias, al comenzar a dimensionar la inmensidad del universo y las probabilidades que nosotros no estemos tan solos ni seamos tan especiales ya no parecen tan reales.

No quiero llegar al punto que la ciencia no es compatible con la religión, sino simplemente que muchas veces tenemos concepciones erróneas de la religión. Si nosotros vemos a la religión, no como una fuente de verdad o un conjunto de obligaciones, sino como un medio de constante encuentro con uno mismo, con nuestro entorno y con lo que llamamos Dios; si la vemos como un mecanismo para ser mejores, individual y colectivamente, resulta poco relevante si se descubre vida fuera de la tierra, inteligente o no, a 40 años luz o a la vuelta de la esquina. Las visiones tradicionales de la religiosidad, no solo están peleadas con los avances científicos, sino con la realidad social de nuestro mundo actual. En un mundo cada vez más educado, abierto e interconectado es necesario redescubrir las religiones, recordar y retomar su esencia, de lo contrario están condenadas a desaparecer, con lo bueno y lo malo. Creo que una visión más abierta de las religiones es la única que tiene lugar en el mundo contemporáneo y que debe tener un lugar fundamental en la construcción del mundo futuro, pero esto ya será quizás tema para otro post.

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