#AVENTURASDECASYCAB (9 días de travesía con una dormilona sociable)

Todos necesitamos un break, nada se compara con la fantasía de irse de viaje y dejar todos tus problemas en pausa, insisto en la palabra “fantasía” porque más tarde comprobé que fue un gran error darle mi cel personal a algunos clientes, pero bueno ese punto no es tan importante…

Dos meses de anticipación con el boleto en mano, una semana antes sin itinerario definido e incluso varias veces a la mera hora cambiando los planes… ¿qué podría salir mal?

Amigos por el mundo.

Nunca he viajado por mi cuenta, lo más lejos que he llegado en un viaje familiar fue a Estados Unidos, nada de intercambios, ni tr
abajar, ni por placer, es por eso que mi círculo de amigos en su mayoría se reduce a solo Mérida. Al comenzar este viaje aprendí que viajar con Alejandrina “la social” Castillo viene con enormes ventajas, una de ellas es que tiene conocidos donde sea, sonará un poco convenenciero pero no hay nada mejor que tener gente de la ciudad que visitas dispuestos a adoptarte y pasearte.

*Por lo que antes de comenzar quiero darles las gracias a todos lo que nos acogieron durante este tiempo (el tío de Ale, Tupa y Luis en México, Carlos en To20170210_140901luca, Wizi en Guanajuato y todos nuestros compañeritos del tour en Querétaro) *

No es de extrañarse que como buena madre que no quiere que su pequeño bebé salga sola a lo desconocido me diera una letanía de consejos antes subirme al avión, así que para hacer más ameno este texto les enlistaré algunos de los más relevantes junto con algunas pequeñas anécdotas que se relacionan. Espero lo disfruten.

Consejo de Mamá: No hables con extraños.

Yo soy sociable, pero ni siquiera habíamos documentado equipaje en Mérida y mi pequeña compañera saltamontes ya estaba platicando con una señora por un problema de maletas, ahí es cuando me cayó el 20, este viaje será interesante.

Uno puede pensar ¿qué tiene de malo ser social? En realidad nada, si no te preocupa, claro, que la gente crea que las estás acosando… (Tres anécdotas que les ilustra todo)

1.- Ese mismo día justo antes de subir al avión dos personas estaban hablando sobre el mismo problema de maletas (las políticas de Volaris respecto al equipaje de mano cambiaron así que tomé sus precauciones antes), situación que casualmente Ale había vivido meses antes, por lo que al oírlo hizo lo que cualquier persona normal hubiese hecho… meterse en la conversación y explicarles el porqué del problema, obvio.

2.- Una de las formas de subir al mirador de Guanajuato (donde se encuentra la estatua del Pípila) es a través del funicular, como sabrán dicha ciudad es caracterizada por sus calles realmente empinadas y angostas por esta razón se nos hizo lógico comprar el boleto redondo, ¿quién en su sano juicio querría bajar caminando? Después de todo, nosotras.

Mientras estábamos descansando, dos personas le preguntaban a otro señor sobre cómo se puede bajar del mirador y de repente sin pensarlo mi linda compañera corre y les dice – disculpen la molestia, escuché que querían bajar y pues nosotras tenemos dos boletos que no usaremos, se los podemos vender si gustan-.

3.- Riéndonos de la situación y de lo acosadora que puede llegar a parecer decidimos ir a tomarnos una foto, cuando justo en ese momento un grupo de personas se acerca y Alejandrina no lo duda, ¡debía hacer su jugada!  – Buenas tardes vimos que quieren tomarse una foto, les parece si les tomamos una y ustedes nos toman después –

Consejo de mama: “Siempre que viajen estén alertas”

No me malinterpreten no me estoy quejando, uno pensaría “que envidia de viajar con dicha persona tan sociable y llena de energía, los trayectos en los camiones, aviones o las pláticas antes de dormir deben ser sumamente profundas y reconfortantes, toda una maravilla”. Pues adivinen, no hay pláticas.

Ni 5 minutos en el camión y esta señorita ya estaba dormida. No importa lo incómodo que sea el lugar, el ruido que hubiera o que el viaje solo sea de una cuadra a otra, inmediatamente Alejandrina entraba e20170211_131440n modo “ahorro de energía”.

Pero no había nada de qué preocuparse para eso me tiene a mí, normalmente estaba nerviosa por el camino. ¿Quién podría dormir pensando que en cualquier momento podrían asaltar el camión? Aunque una cosa es estar despierta viendo el techo y otra es estar alerta de mi entorno. Por lo que entre mis distracciones la única vez que debía estar pendiente nos pasamos la parada, así que en realidad no fui de mucha ayuda.

Consejo de mama “Cuiden sus pertenencias”

Imaginen esta escena: caminando en el centro de San Miguel Allende cada una con 2 mochilas buscando la parada del camión, yo me encontraba preguntando mientras Alejandrina hablaba por teléfono a la terminal debido a que olvidó su termo en el camión. Una vez arriba nos señalan que se paga al bajar por lo que procedimos a sentarnos.

Mi único trabajo era estar pendiente de en qué momento debíamos bajarnos para el mirador. En mi mente pensaba “es un lugar turístico debe haber un letrero”, pasan los minutos y no veía nada, solo hoteles y comercios con el nombre “El mirador”, hasta que le pregunté a una persona – Uy hace 5 minutos que lo pasamos –  en chinga le avise a Ale (quien seguía en el celular), pagué y bajé de volada, pero Ale no lo tenía a la mano, se voltea y me grita– ¿Cab tienes monedas? –  sin pensar asenté mi mochila en el suelo busqué mi cartera, subí y pagué. Mire hacia atrás y por las prisas había dejado todo en la calle, bajé inmediatamente.

Conclusión: sí apareció el termo.

Último consejo: “Y por favor cuídense mucho, no se expongan”

Imaginen esta segunda escena: Carlos, Ale y yo decidimos NO llevar coche al Nevado de Toluca. Mismo pensamiento que antes. “Es un lugar turístico debe de tener transporte directo”, la ida fue relativamente fácil: un camión nos dejó en “Raíces” (una comunidad) y una vez ahí juntamos un grupo de 10 personas para que una camioneta nos llevara y nos esperara. 40 minutos de camino de terracería y 2 horas de subir a pie, tomar fotos, pasear, respirar y morir terriblemente de frío. Una vez de vuelta en Raíces el siguiente paso consistía en esperar que pase el mismo camión que nos dejó ahí. Transcurrieron algunos minutos para que pasara la rutina de siempre… Alejandrina escucha a unas personas decir que los camiones no estaban dando parada porque venían llenos. Nos acercamos a ellos y nos enteramos que estaban esperando a que un señor les confirmara para darles ryde, obviamente nos unimos al grupo. Finalmente aparece una camioneta en la cual (según el señor) entraban 20 personas. Fue toda una aventura, entramos 18 a duras penas. Como detalle final a la historia adivinen qué hizo nuestra hermosa protagonista, después de platicar un rato, así es… ¡dormir!, los patrones se repiten una y otra vez.

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Anécdotas hay para largo, viajar por México no era nuestra primera opción, Trump y nuestra economía mandaron nuestros planes al caño. Sin embargo nuestro país tiene ciudades y lugares preciosos ¿por qué no hacerlo? Pese a una madre temerosa y la inseguridad de algunos lugares decidimos irnos y el día de hoy a una semana después de nuestro retorno nos encontramos sanas y salvas en casa.

Es triste que por miedo a la inseguridad no podamos disfrutar todas las cosas bellas que tenemos, fue mucha la gente que me cuestionó sobre nuestro viaje, – tuvieron suerte- es algo que ya escuché repetidas veces. No voy a negar que todo el tiempo hubo un bichito de estrés dentro de mí debido al entorno desconocido. Ojalá algún día las cosas cambien y podamos demostrar conociendo nuestras tierras lo muy orgullosos que nos sentimos de ser mexicanos.

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