Cristina Erales – Entre espectadores y jugadores.

Nota 1: Este texto fue redactado el 18 de Enero; pero servirá para hacer énfasis en la facilidad y rapidez con la que nos olvidamos de grandes tragedias.

Tal parece que nuestra sociedad está cada día peor, que nuestro país se convierte en escenario de crímenes aún más atroces, que el mundo presencia la manifestación de conductas humanas impensables.

¿Qué nos está pasando? 

No hablo solamente del suceso trágico ocurrido en Monterrey, de las decenas de muertos y heridos en Quintana Roo por disputas territoriales entre grupos delictivos, de la forma en la que se mofa la clase política de la ciudadanía, con desfalcos exorbitantes, regulaciones absurdas y actuaciones baratas.

Hablo en general, porque un tiroteo perpetrado por un menor de edad se deriva de la falta de atención de unos padres, mientras su hijo necesitaba apoyo psicológico, de la falta de afecto, al buscar aprobación por parte de un grupo de incomprendidos con actitudes alarmantes y una escala de valores completamente distorsionada. Una disputa territorial se deriva de una sed de poder tan enfermiza que la vida humana se vuelve una ficha más en el tablero. La corrupción y el cinismo son reflejo de la opulencia, el egoísmo y la falta de empatía, que los hace capaces de darle la espalda a millones, con tal de complacer los caprichos de unos pocos.

Pongamos las etiquetas que queramos, pero un “asesino”, un “narco”, un “político” es primero un ciudadano, un hermano, un hijo, una persona, cuyo comportamiento se compone por muchos elementos, pero el común denominador es que se forman en la cultura de los Likes, de “El mundo es de los vivos”, “El que no tranza no avanza”, una cultura ególatra, narcisista, egoísta e indiferente. Vemos lo que acontece de una forma tan distante, que pareciera que tendría que pasarle a un conocido, amigo o pariente para ser conscientes y trabajar por ser parte de un cambio.

Los medios electrónicos y las redes sociales nos han dado un sinfín de herramientas, pero también nos han hecho insensibles ante las tragedias. Las noticas duran cuando mucho una semana, se comparten, retwittean, si acaso comentan, pero basta con tan sólo una semana, que aparezca el nuevo meme o la nueva “Lady” para que una tragedia se vuelva intrascendente.

Es fácil dar Like, es cómodo compartir, pero, ¿Realmente es útil?, por mucho que queramos los cambios no se construyen con frases motivacionales en fondos bonitos, tampoco mediante interacciones cibernéticas, los cambios se construyen con acciones. La sociedad no está formada por un grupo aislado a uno mismo, la sociedad somos tus amigos, tu familia, tus maestros, la gente que conoces y la que no, pero sobretodo la sociedad la formamos TÚ y YO.

No basta con señalar culpables, tampoco con cuestionar el porqué de los males, la realidad es que no tenemos la capacidad para controlar las decisiones o acciones de absolutamente nadie más que las propias. Así que antes de quejarte señalando al primer culpable, pregúntate ¿Qué estás haciendo?, porque si burlarte de alguien se ha vuelto algo cotidiano para ti, estás fomentando la discriminación, la violencia y la autodestrucción, si para divertirte necesitas drogarte, eres parte de toda la red de narcotráfico de nuestro país, si te sientes “chingón” porque una autoridad te acepte una “mordida” o por pasar por encima de la ley, felicidades, eres igual de corrupto que las personas a las que criticas.

Nos sentimos analistas, críticos y especialistas, pero todavía no nos sentimos capaces de ser el cambio que añoramos.

Cada día que pasa, cada decisión que tomamos, cada acción que realizamos en mayor o menor proporción tiene repercusiones en nuestro entorno próximo.

Basta de preguntar ¿Qué harán?, preguntemos ¿Qué haré?, dejemos de buscar quién será el valiente y atrevámonos a cambiar, porque a pesar de que suene trillado o cursi, creo firmemente que mucha gente, alrededor del mundo, convencida por alguna causa, realizando acciones pequeñas, es capaz de lograr ese gran cambio que tú, yo y todos añoramos.

“Fede”, los Zetas, Peña, Duarte, Trump, llámenles como quieran; pero ellos no son el verdadero problema, pues como dijo alguna vez Albert Einstein:El mundo no está en peligro por las malas personas, sino por aquellas que permiten la maldad.” El verdadero problema es que hay pocos jugadores y muchos espectadores y a menos que decidamos saltar a la cancha, seguiremos permitiendo que aquellos que ponen nuestro mundo en juego, sigan destruyéndolo.

Nota 2: La próxima vez que vayas a retwittear/compartir algo, mira al espejo y pregúntate, ¿Qué haré al respecto?

-Cristina Erales

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