El amor acaba… (por un ratito)

(Un hip hip hurra porque ya tenemos dominio y en poquito más, logo nuevo)

No puedo evitar suspirar mientras mi mente intenta consolarme con el eco de la voz de Natalia Lafourcade cantando  “…el amor acaba”.

Las palabras, como disco rayado, suenan y retumban en mi cabeza, mis oídos. Me quedo quieta esperando sentir el golpecito de dolor, pero ciertamente el amor acaba. Acabó, y consigo llevó aquel dolor.

Me gusta mentirme sobre el momento en que supe que donde hubo fuego, las cenizas en cajita de cristal puse y dejé en la repisa de recuerdos. Como a la mayoría, no me gustó el proceso, sólo el destino final.

Y aunque el viento se llevó algunas memorias, no le permití llevarse todo lo aprendido.

Cuando el amor acaba uno piensa en esos errores que cometió y jura no volver a enamorarse o repetir tal o cual acción. Sin embargo, varias cosas suceden cuando asimilamos la situación: Vamos a seguir cometiendo errores y también a enamorarnos.

Sí, hasta tú, chicx corazón de piedra.

El amor se trata de intentar y no pensar en el fracaso. Aquí y en China, al prójimo o a tu compañerx de vida. Porque cuando pensamos que todo va a salir mal y que nada tiene caso, probablemente vaya a ser así: Ley de la atracción, predisposición, karma, mala suerte – el nombre que elijas-.

¿Y si aún estás enamoradx? Sanar también significa intentar y echarle ganas: Nunca es buena idea ser arqueólogo en el amor. Excavar y desenterrar fósiles que ya no tienen historia es como una lata de atún caducada o un auto sin motor, puedes intentar comerlo o empujarlo para que encienda pero su tiempo de vida y servicio ha pasado a mejor vida, a otra. Y tú, tú sigues en la misma sin posibilidades de cambiar en donde estás más sí cómo estás.

Mira hacia adentro y a tu alrededor, lo vivido jamás volverá. Podrá ser el mismo león pintado y las piezas idénticas del rompecabezas pero el resultado aun así no será como la primera vez o quizás, ni siquiera habrá un resultado.

El amor acaba sólo un ratito. Con tantos miles de millones de seres en el mundo, cuando te toca, ni aunque te quites. Enamorarse se vuelve juego de azar: Todos quieren, temen y terminan jugando.

Mientras el amor acaba, oscurece, dormimos sin querer que llegue mañana y el día, el día no se molesta en arribar hasta que queramos estar listos. Me tomó tiempo convencerme de que únicamente amanece cuando dejamos de pensar que necesitamos viajar al pasado o  buscar a Cúpido, y que sólo hace falta despertarnos en nuestro presente y a lo que nos rodea dispuestos a experimentar, errar, reír y pasarla muy, pero muy bien.

-Monse

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