TARAREANDO LA LA LAND

SPOILER ALERT: Si no la has visto y planeas hacerlo no sigas. Si no planeas verla y este texto puede contribuir a que cambies de opinión sigue adelante. Si ya la viste y quieres leer al respecto, bienvenido/a.

 

 

He aprendido a apreciar el cine. Y no, no se trata de ser un crítico calificado, sino de tener ojo crítico, que no es lo mismo. He llegado a la conclusión de que las películas pueden degustarse, catarse como si fueran vino. Disfrutarlas por sus detalles y no tanto por su fama o las expectativas que causan. Al fin y al cabo, es arte. Mi análisis ya no se detiene en un simple “pues, me entretuvo” sino que va más allá de efectos especiales o escenas apantallantes. Ahora me gusta fijarme en el movimiento de la cámara, que en esta película en particular es suave, como si danzara y te llevara por un sucesión perfecta de momentos, evento por evento, como es la vida. Disfruté con la iluminación precisa para enfocar únicamente a un personaje, como si hiciera un solo en concierto, como si el mundo fuera su escenario. Agradecí que no es un musical tal cual, sino que la música y coreografía son elementos que adornan otra gama de matices, escenas y acciones para darle vida a la historia, no la historia dedicada en cuerpo y alma a la música. Todos los elementos cinematográficos que he aprendido a apreciar y disfrutar en las películas se combinan  en lo que denominaría una “joya” del cine.

Es fácil enamorarte de Emma Stone en pantalla. No, no es la actriz que bien podría desfilar por la pasarela de Victoria Secret u obtener papeles de “chica sexy” en otro tipo de películas. Su belleza es extraña pero conmovedora. Su vibra la hace parecer auténtica incluso aunque sabes que está actuando. Su inteligencia y sentido del humor derriten. Me enamoré de ella cuando Peter Parker se enamoró de Gwen Stacy. Andrew Garfield, ¿qué hiciste?

Desde el primer fotograma sabes que La La Land va a ser algo distinto porque sabes que Emma Stone es un espécimen raro (en el buen sentido de la palabra). Y aunque la cinta puede llegar a resultar confusa, “¿son los sesentas o la actualidad?” Bueno, es que ese es el secreto: Son Los Ángeles hoy en día, pero la tónica, la música, el sonido, el vestuario, nos llevan a vivir otra época en pleno 2017. La película añora por sí misma las décadas pasadas, cuando las “citas” eran realmente un big deal (para algunos lo siguen siendo) o ir al cine era un suceso sobrenatural, especial, único. Aquellos días teñidos en sepia, en los que no existían los smartphones, y es curioso, porque aunque los protagonistas de la historia los usan, no representan un detalle importante (incluso útil) cuando Mia deja casi plantado a Sebastian en el cine.

Damien Chazelle (Director) nos narra la historia de dos apasionados por viejas artes: el jazz y el teatro. La película no es una historia de amor entre dos personas, sino del romance de ambos con sus pasiones. Sebastian (Ryan Gosling) es un obseso del jazz dispuesto a salvar un viejo santuario. Se niega a dejar morir aquel antiguo estilo nacido en Nueva Orleans. Mia, una frustrada actriz con problemas de transporte. Lo curioso es que… se odian. Y eso es parte de la magia. Los unen sus continuos fracasos en la búsqueda del triunfo.

Se disfruta que la trama transcurra en la actualidad. Eso provoca que no sea ajena a lo que nosotros, espectadores, vivimos diariamente. Que si bien nuestra vida no es un musical, quisiéramos que así fuese a veces. Incluso, ¿no te pasa que le pones un soundtrack a tu día? En Begin Againlo plantean así: “Esto es lo que me encanta de la música, que una de las escenas más banales de repente tiene muchísimo significado”.

Si bien amé prácticamente todo de esta película, lo que más amé fue el final. Es simple: el chico no se queda con la chica.

(Gracias a Dios) no es la gastada fórmula del “vivieron felices para siempre”. No. La La Land, que lleva lo cursi hasta en el nombre, no es empalagosa ni predecible, es real. He ahí la ironía. Y lo agradezco porque la vida no es un maldito cuento de hadas en el que todo sale bien. La vida son percances en la carretera, despidos, ausencias, decepciones, malas audiciones, besos interrumpidos… Pero también es el hecho de que puedas llorar con un piano, que encuentres al amor de tu vida en una fiesta, que bailes en una colina de Los Ángeles con un extraño y que al final (como ocurre en la película, aunque en la vida no hay un momento específico para esto) cumplas tus sueños.

Ese es el magnífico punto que logra esta obra de arte cinematográfico. Arruinar la típica historia de amor para decirnos a todos: el romance es parte de la vida, no su fin último. Te casas con lo que te apasiona, lo que te hace levantarte de la cama todos los días. Y sí, a veces puede ser otro ser humano.

El círculo final es perfecto: Mia, quien se ha convertido en una actriz de talla internacional, termina sin querer visitando el bar de Sebastian, y cuando este la mira, termina imaginando el ya famoso “What if”, solo para regresar a la realidad como si hubiera pensado en ello años aunque solo fue un instante, simplemente extraordinario. De nuevo, la película es más real de lo que parece a pesar de ser ficción. Él le sonríe a ella, y esta deja el bar. Porque, a pesar de no estar juntos, saben que lo lograron, y están felices por el otro.

Te amé La La Land. Cada bendito segundo. Porque soy de esos que van al cine buscando vivir una experiencia distinta. Lo lograste. Me hiciste querer ser un apasionado de aquello que realmente me da vida: el arte, en todas sus presentaciones, incluso en su versión “romántica”.

¿Se puede tararear una película como si fuera una canción? La, la, la, la, la…

 

P. D. Te amo Emma Stone, pero lo nuestro no puede ser. 

P.D. 2: Nos leemos en Twitter: gallo_molina

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2 pensamientos en “TARAREANDO LA LA LAND

  1. Pingback: DE CÓMO CONCEBÍ AL CINE COMO CULTURA A LOS ÓSCARES 2017 – EL ELEFANTE EN LA SALA

  2. Pingback: CARTA A MI 2017 – EL ELEFANTE EN LA SALA

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