Cafés falsos

[Para HACC]

En algunas ciudades del mundo, decir “nos tomamos un café” puede resultar una completa falacia.

Mérida, como saben, puede incluirse en la lista de esos destinos en los que, las más de las veces, tal café no acontece. Y ello pasa, o por la inercia del “hay que vernos pronto” tan mexicano, que pocas veces se cumple; o porque el café se antoja poco para acompañar nuestra única estación climática.

Generalmente, ante las vísperas de un viaje a Mérida, sucede que agendo cafés virtuales con amigos. ¿Cuándo vienes?, ¿Cuánto tiempo estarás por aquí? y ¿Cuándo nos vemos? son preguntas que se repiten con frecuencia. La mayoría de sus respuestas va acompañada de la promesa de un falso café.  Me duele decir que a veces no se logran completar dichas reuniones y se van aplazando hasta el fin de los tiempos.

No así sucedió esta semana, en la que me pude dar cita con UN sujeto al que llamaré WX, a quien no veía hace muchísimo tiempo y con quien no convivía desde la preparatoria (pues compartimos escuela por seis años). Si bien nos encontramos en un restaurante hace unos meses, intercambiamos pocas palabras y no se dio la oportunidad de ponernos al corriente.

WX nunca fue particularmente mi amigo y le había perdido la pista completamente. Hace unas semanas me contactó por whatsapp y me preguntó si, cuando yo estuviera en Mérida, podíamos vernos para “tomar un café” (ajá): quería platicarme algo importante. Yo me sorprendí mucho, pero me pareció muy interesante reunirnos, me intrigaba qué pudiera decirme después de tanto tiempo de no vernos.

Desde que llegó al Starbucks de la Gran Plaza, noté diferente a WX de como lo recordaba. Escribí aquí, varias veces, una descripción de mis percepciones, pero las palabras no me convencían. Sólo diré que diferente. En vez de un café, nos tomamos dos botellas de agua helada. Él, para tomarse una pastilla (porque andaba saliendo de la chamba y le dolía mucho la cabeza), yo porque moría de sed y calor.

 

Entonces lo dijo: “Pues yo quería hablarte de que a mí me gustan los chavos”.

Así de simple, así de natural, como si dijera “Chinga, creo que va a llover” o “Me da dos tortas de cochinita con cebolla”. No sé si lo dijo o escapó de su boca, pero las palabras me sacaron una sonrisa. Es bonito escuchar cuando la gente habla desde su verdadero ser, y más cuando notas que, detrás de una expresión tan “fácil”, han pasado muchos años para que salga de forma tan espontánea. 

WX me puso en contexto: “siempre lo he sabido, pero tardé mucho en aceptarme”, “mi familia no sabe, pero les pienso decir pronto”, “tengo miedo porque mi papá es súper homofóbico”, “estoy saliendo con un chico”. En primer lugar, yo estaba profundamente agradecido de poder ser partícipe de su historia. Y en segundo lugar, estaba conmovido por las cosas que me contaba. Me relató sobre amores verdaderos, sobre su proceso de auto-aceptación y también sobre cómo llegó a salir con algunas mujeres, pero sentía que no iba por allí su felicidad. Me dijo: “Nunca consideré que yo pudiera sentir estas cosas tan bonitas”, “David, ¡nunca creí que alguien pudiera llegar a consentirme a mí!”, “Y además, ¡está muy bien pinche guapo!”

Yo moría de risa y de ternura. Estaba frente a una persona feliz. 

“Estamos en la edad de: si me equivoco, no me muero” dijo WX, quien está pensando en mejorar su situación laboral, es aficionado por su profesión y tiene muchas metas a corto y largo plazo, como todos y todas. Me entristeció saber que tiene miedo de que sus papás lo saquen de la casa, pero es una persona que sabe que, aunque el golpe será duro para su familia, a largo plazo será más beneficioso compartirles su felicidad. Y yo le dije, y le repito aquí, que él no era responsable (y mucho menos culpable) de las frustraciones y/o miedos de quien no lo aceptara.

Una de las cosas que más le preocupa a WX es hacer cosas para que sus papás sospechen. Porque si sospechan, siente que ellos solos se prepararán para recibir la noticia. Escuché a WX decir varias cosas locas que haría para que sus papás sospechen, como invitar de nuevo al chico con el que está saliendo a su casa a “ver una película”. Yo le dije que a veces los papás siempre van a ver sólo lo que quieran ver, y que era mejor ser directo con ellos.

En fin. Agradezco infinitamente por escrito, y como lo hice en persona, a este amigo que reapareció en mi vida y que me hizo parte de su lucha. No sé por qué eligió contarme a mí, ni tampoco si pude decirle algo bueno o aportarle algo productivo. Pero el falso café que compartimos fue una de las bendiciones más grandes que recibí esta semana en Mérida. 

Mérida, Yucatán a 16-17 de diciembre 2016

David.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s