Gracias Colombia

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Zipaquirá, Cundinamarca

Pareciera que en este lugar se te olvidan las penas.

Quiero afirmarles que el encanto es propio de la selva abundante en Tayrona, del mar y la vista espectaculares en Cartagena, de la inmensidad que deja ver el cerro de Monserrate; pero estaría diciéndoles una verdad parcializada, para algunos una mentirita.

Viajar por Latinoamérica siendo latino es único ( ¡y obligatorio!). Todo podría ser tan ajeno cuando en vez, resulta familiar. Huele, sabe, es estar en casa y en familia.

Me viene a la mente el recuerdo de una voz que me aconsejaba no ser una persona “esponja” por sanidad mental y en verdad me parecía tan sabio que jamás me había permitido contradecirlo hasta el día de hoy.

Sí, antes de partir este jueves quería absorber todo de Colombia. Quería llevarme a Yulieth en mi maleta, salir en busca de las dos chicas más lindas de Bucaramanga para partir con ellas a cualquier rincón, de compartir comida típica colombiana y palabras mayas con los Javerianos, llamarle a Toto y decirle que volvía a alcanzarlo en Santa Marta o enviarles un mensaje al Club de los Cartaginenses para que no se fueran sin mí y Diego a la Isla de Tierra Bomba, mientras terminaba de tomarme un tinto con un par de abogados colombianos libres y de lo más inteligentes que conozco.

¿Cómo así no se puede, parce?

Llegar a Colombia ya era sentirme en la cima, la cual pintaba más oportunidades e increíblemente, más sueños. Nadie me había asegurado conocer un paraíso terrenal una y otra vez, y muchísimo menos sentir en verdad lo que es vivir con intensidad.

En esta montaña rusa de emociones que me tocó encabezar 14 días no cambio nada, ni siquiera los resultados que cerraron la puerta que consideraba la meta. Cada paso y día llevaron a los siguientes a ser mejores. Desde la emoción y la pasión saboreada a través de mis propias palabras en un discurso hasta las horas de sueño que dejé para después por no querer  que se me escape la esencia del lugar y las personas que hacían sentir que mi corazón iba a explotar, que uno no podía ser más feliz de ningún otro modo ni en un ningún otro sitio.

Vivir con intensidad es difícil, pues no es apto para quienes tengan miedo. No obstante, cuando transformas tus días en oportunidades perfectas para ser feliz, es imposible salir herido o decepcionado…Siempre algo resulta y te vincula a otros caminos.

Ojalá todos pudieran conocer Colombia como yo lo conocí. O es más, cualquier lugar… ¡O MEJOR!, encontrarse a ustedes mismos ahora y desde donde estén. Para bien o para mal, a mí me tomó viajar miles de kilómetros para darme cuenta de lo especial que es mi vida, de lo apasionada que soy y lo mal encaminada que estaba mi actitud, de entender que los actos no se piensan tanto y sólo se preparan lo mejor posible sin exigirles nada a cambio.

Jamás podré devolverle a las personas con las que me topé en este viaje lo suficiente. Hicieron de mí apreciar lo que soy y lo que puedo ser, donde estoy y donde quiero ir. Les robé su tiempo, sus risas, sus secretos y experiencias, su amor y sus sueños, su paciencia y sus cuidados … Nunca se opusieron.

No podría decirle a Colombia que su gente ha opacado sus maravillas naturales, pero me voy jurándole regresar por quienes me enseñaron, inconscientemente, que esta vida es de aquéllos que la viven con intensidad.

.-Monse.

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Tierra Bomba, Cartagena de Indias.

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