Tengo miedo de no tener tiempo

Tengo miedo de no tener más tiempo

Tengo miedo de no decir adiós

Tengo miedo de un día irme y jamás regresar

Y de eso me acuerdo cada vez que no aprovecho un día…

Creo que a diferencia de lo que le pasa a muchas personas yo soy demasiado consiente de la fragilidad humana, de lo frágil que es vivir… pero trato de olvidarlo, trato de poner esas ideas en lugares donde no pueda verlas para no pensarlo a diario porque ese tipo de pensamientos producen un miedo que paraliza y me trae como consecuencia directa eso que tanto quiero evitar, el no aprovechar mis días.

Las personas que me conocen saben que soy un poco intensa, hago muchas cosas y trato de hacerlas en el menor tiempo posible, quiero hacer todo, agendo todo y corro de un lado a otro todo el tiempo.

Hoy les voy a compartir una de las principales razones por las cuales vivo así y es que siento que nunca tendré suficiente tiempo.

A lo largo de mi vida ha habido tres hechos que han marcado la manera en la que veo la vida, de ellos les compartiré un pequeña parte para que entiendan un poco de mi locura.

El primero no fue un día en especial, fue una etapa… una en la que estaba tan inmersa en mis “problemas” que no voltee a ver a las personas a lado de mi, a una en especial, que sin importar cuantas veces me dijo “tengo que hablar contigo”, “necesito contarte algo”, no le di la importancia suficiente, los días, semanas y meses pasaron y jamás escuché, hasta que un día me llamaron a la oficina de mi directora para decirme que tenia una misa y velorio al que asistir porque un amigo me iba a necesitar ahí. Nunca lo escuché, nunca le di importancia a lo que él necesitaba decirme, porque jamás me había sentado a pensar en lo cercano que estamos todos de no tener otro día para escuchar. Después de eso decidí nunca negarle a nadie una platica, jamás decir que no a un café, a contestar mi celular sin importar la hora y entendí la importancia de ser buena amiga, porque nunca sabes que es lo que una persona necesite decirle a alguien y a veces ese alguien quiere que seas tu.

El segundo hecho fue lo contrario, fue un aviso de que tenía poco tiempo, que debía de aprovechar todo lo que pudiera con una persona cercana a mi. También pasaron días y semanas, tuve la oportunidad de ver como otras personas reaccionaban a la noticia, unos se alejaban, otros trataban de compensar el tiempo perdido y otros simplemente sabían que habían hecho lo que tenían que hacer cuando tuvieron que hacerlo. Ahí fue cuando decidí que no quería tener arrepentimientos, porque aún cuando te avisan y te dan tiempo para “prepararte”, no se puede tapar el sol con un dedo y las cosas que no hiciste y el tiempo que no invertiste no regresa.

El tercero no fue algo tan cercano a mi pero yo lo sentí cerca. Todos tenemos amigos de los que simplemente nos alejamos, a veces sin siquiera una razón pero lo cierto es que así pasa y aunque ya no veamos a las personas con la misma frecuencia en esta ciudad de una manera casi sin esfuerzo seguimos relativamente en contacto con nuestros conocidos. Lo cierto es que un día me entere que la persona favorita de una niña que había sido mi amiga, ya no estaba y lo sentí cerca porque siempre me había identificado con ella porque yo también tengo a esa persona favorita, sólo que a diferencia de ella, yo me he distanciado mucho de esa persona aunque siempre ha sido y será, mi favorita.

Algunos dirán que soy exagerada, pero pase varios días sin dormir bien, lo sentí realmente cerca y hasta el día de hoy lo siento cerca y lo recuerdo cada domingo en misa.

Ese día entendí de verdad que no debo dejar nada sin decir, que sentarse a esperar no tiene caso porque puede que la vida sea muy corta, que no quiero dejar cosas sin resolver porque no siempre vamos a tener “otro día para vernos”, que hay que aceptar los errores cuando nos damos cuenta que los tuvimos, que estar molesto con alguien no implica que al irse no puedas decir “avísame cuando llegues a tu casa”, que las peleas se olvidan pero las cosas hirientes que dices en ellas no pero sobretodo aprendí a no dejar ir a las personas sin que sepan cuanto las aprecio.

Talvez si soy exagerada, talvez si soy muy fatalista pero al final creo que prefiero vivir como si no tuviera tiempo a vivir como si tuviera de sobra.

Laura Bates Méndez

11 de Diciembre 2016

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