Una Pierre Menard cualquiera: desescrituras de Rulfo en la obra de Cristina Rivera Garza

[Una ponencia en proceso, cuyo formato está mejor porque es hipertextual]

Vine a la Gandhi de Miguel Ángel de Quevedo porque me dijeron que acá ya estaba el nuevo libro de Valeria Luiselli, Los niños perdidos. Y pues no, que ya estaba en el sistema, pero no lo tenían todavía. Y yo le prometí que vendría a buscarlo en cuanto estuviera. Entonces no pude hacer otra cosa sino pasear entre los estantes hasta que un ejemplar llamó mi atención: Había mucha neblina o humo o no sé qué, el nuevo de Cristina Rivera Garza. Me había pasado antes, con Verde Shanghai, con El mal de la taiga y con Los muertos indóciles. Apareció, así de pronto, el lomo entre los otros títulos. Y terminó acompañando mi café, esa misma noche.

Si estamos al tanto de la obra de CRG, sabemos que en mayor o menor medida en sus obras existe algo que hace dos años creí llamar “una poética de la intertextualidad y la fragmentación” (Loría, 2014: 30), cuyo objetivo es, entre otros, generar una comunicación horizontal entre su “obra” y la de otros autores. Como la súbita aparición de Amparo Dávila y lo siniestro-sexual en La cresta de Ilión, los ecos de una Alejandra Pizarnik a lo femme fatale en La muerte me da o todas las caperucitas rojas de El mal de la taiga. Es cierto, abundan en la obra de Cristina Rivera Garza, la prosa porosa y el verso converso. ¿Pero qué búsquedas hay tras estos encuentros?

9786073149471El “no sé qué” del nuevo libro, para mí apunta hacia algo distinto. En Había mucha neblina o humo o no sé qué, el concepto de intertextualidad y sus primos hermanos -paratextualidad, hipertextualidad, entre otros- no funcionan porque denotan una relación de jerarquía entre los textos que se imbrican. Es decir que un texto siempre es más canónico, más antiguo o más clásico que el texto-injerto. En este caso, hablar de una desescritura implicaría pensar la textualidad como lo que es necesario des-fijar, des-tejer, des-prender. Cuando Rivera Garza des-escribe, expone las costuras de esa jerarquía, basada en el anacronismo y en el gusto autorizado, y hace suyas las palabras. Porque escribir es lo que acontece, lo que sucede en el momento en que las palabras son manipuladas (en todo caso, utilizadas con las manos, tocadas).

En El jardín de los senderos que se bifurcan, Jorge Luis Borges publica el cuento “Pierre Menard: autor del Quijote”. El argumento es sencillo: un hombre ha escrito, palabra a palabra y coma por coma, algunos capítulos de El Quijote. Los párrafos se ven iguales a los de Cervantes pero, eso sí, no son los mismos, ni son una copia. Incluso el narrador, un crítico, considera la versión de Menard mejor que la del Manco de Lepanto. Había mucha niebla… es, siguiendo a la propia autora, una declaración pública de amor. La que declara, dice ser “Una Pierre Menard cualquiera. Una escribana” (CRG, 2016: 16). Si algo es Cristina Rivera Garza, es curiosa. Tras sus lentes profundos, encogiendo sus ojos, ha revisado expedientes, archivos de la vida de Rulfo, de su escritura y de sus diferentes chambas. Querer rastrear en la obra de CRG las referencias rulfianas** es como descubrir el hilo negro. Lo importante está en el cómo

Aquí algunas de las desescrituras:

  • Está el cuento “El día en que murió Juan Rulfo“, así como el blog Mi Rulfo mío de mí en donde Rivera Garza postea, desde hace ya algunos años, experimentos literarios con la gran novela de Rulfo, que van desde la escritura a lo Menard, como la intervención a los textos (dejar sólo los signos de puntuación, eliminar las vocales, crear poesía visual a partir de la prosa rulfiana).

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  • Allí te comerán las turicatas (Caja de cerillos, 2013) es un hermoso libro ilustrado (por llamarlo de alguna forma) en el que regresa el hilo narrativo de perderse en el bosque. Un acontecimiento escrito a seis manos: las de la tamaulipeca, las de un tal Juan Rulfo (que se entremezclan en la narración) y los dibujos, entre azules y sepia, de Richard Zela que, a decir de Antonio Calera (aquí el artículo) “figura […] como un dibujante de ficción del texto, […] que da otra vuelta a la ficción relatada” (s/p). Entre monociclos, turicatas y figuras parecidas a las de El jardín de las delicias, el libro-álbum es un viaje hacia adentro de la duermevela-sopor de Cristina Rulfo.
  • En 2014 Rivera Garza escribió, para estrenarse en la FIL, la ópera El viaje, traducida a la música por Javier Torres Maldonado. Esta obra comparte anécdota con Había mucha neblina…, pues relata el viaje de Juan Rulfo por la carretera Panamericana, esa escritura de asfalto que quiso construir nación durante el alemanismo. Dos encuentros a media carretera, con una fotógrafa polaca y con Tajeew, una mujer oaxaqueña que huye.
  •  En Los muertos indóciles (TusQuets, 2013) la autora retoma a Comala como la metáfora de la escritura en comunidad y rodeada de muertos. ¿No es eso lo que estamos viviendo en el país? Un Timeline de palabras que escribimos, retuiteamos y citamos todos y todas, en un contexto donde la violencia es lo cotidiano? “¿Qué es Comala si no una necrópolis que habla?” (CRG, 2013: 19). Así también, está el ensayo “¿Qué país es este, Agripina?” publicado en Dolerse, textos desde un país herido.

A través de la narración de un libro remix (¿novela? ¿crónica? ¿ensayo? qué más da), Rivera Garza nos propone habitar el cuerpo de Juan. De ese hombre (a mi parecer guapísimo) al que tildamos de Rulfo, el gran escritor. Somos Juan cuando Rivera Garza utiliza, como es su costumbre, ese artículo indefinido -tan único y tan múltiple- del “Uno”. Cuando dice “Uno nunca está solo en la montaña” (2016: 16) o “Uno coloca los ojos a medias en el horizonte y a medias en el camino, y luego arranca” (2016: 30) e incluso “Uno va por nada si va tan lejos” (2012: 21). Y le creo cuando dice que “los libros crean lazo de reciprocidad con el mundo que sólo pueden confirmarse en o a través del cuerpo” (2016: 18) Esas párrafos que tocan la piel, esos versos que se pueden palpar, esa comunidad entre los que leen y, más allá de todo, desean. 

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Si Cristina tiene un Rulfo, como decimos en yucateco, “suyo de ella”, puedo yo tener una Rivera Garza mía de mí mismo? ¿Qué es el lector sino un escritor? ¿Y qué es el escritor sino un DJ, un sampleador de los textos que ya conoce? ¿Cuando leemos, no todos somos un(a) Pierre Menard más, un(a) Pierre Menard cualquiera? ¿Qué no, en otras palabras, todo es otras palabras y las mismas?

Ciudad de México, 2 de diciembre 2016.

David Loría.

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