Quiero que se me olviden los miedos

Érase una vez, una persona que no descansaba ni cedía hasta ver la punta de la cima. Érase alguna otra vez, una persona que bajaba la cabeza y retrocedía muerta de miedo de tan lejos que se miraba la punta de cima.

Érase en ambas veces, la misma persona, los mismos miedos y los mismos sueños.

Perverso dos en uno.

En más de una plática ordinaria y casual de nuestras vidas, una pregunta inocente se arroja: ¿quién te cae mal? Y justo ahí, se abren dos categorías de respuestas y personas: la cantaleta de algunos sobre su peor enemigo en stop, en la escuela y el trabajo… O bien, un simple y llano “nadie”.

Yo siempre respondo que nadie.

No hay mal que desee ni ser que no pueda ver de tanto disgusto u odio que le guarde. No me nace por el sencillo hecho de que hay personas como diversos colores, quienes deseo siempre cerca y busco su compañía. Uno siempre sabe con quién y qué es compatible, lo cual no le da derecho a menospreciar a aquellos con los que no.

Ayer cambié esa respuesta.

¿Y si les confesara que me caigo mal?

No hay peor enemigo que uno mismo. Uno no puede esconderse, decirle adiós al aire o cortar nexos y lazos como comúnmente se hace. Uno inicia y termina consigo mismo todos los días, y si tenemos alma, después de la muerte… ¡¿Qué tan mala suerte?!

Las opciones son pocas. Quiero que se me olviden los miedos… Y con ellos, todo lo que conozco.  Retomar las cosas, las personas y los lugares con los sentidos y los instintos, con el pleno sentimiento de que quiero, voy y puedo: que lo estoy haciendo.

Debemos ser nuestros propios aliados y despertar tranquilos, seguros de tener un mecanismo de defensa contra la propia autodestrucción, con la confianza de que no combatimos nada ni nadie dentro sino fuera, que las fortalezas vencen sobre las debilidades. Que creemos en esas fortalezas lo suficiente.

No creo que exista un mejor momento para despedirme de mi malvado álter-ego a días de los que serán muy probablemente los favoritos de mi vida. Me emociona y lo celebro conmigo, con ustedes. Lo deseo para mí y para todos, que recordar y contar nuestras propias batallas sea inequívocamente comenzando con…

Érase una vez, una persona que no descansaba ni cedía hasta ver la punta de la cima…

-Monse.

 

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